¿Cómo grito este gol?

Nota: Paty Pujol/ Imagen: AFP
"El fútbol femenino mundial se sirve de las estructuras del masculino y parece ponerle un contenido distinto. En los estadios aparecen banderas con mensajes políticos, con consignas que promueven organizaciones sociales. Muchas jugadoras han tomado los micrófonos para hablar de fútbol y de negocio en el deporte. El fútbol femenino, en tanto, tiene la oportunidad de no repetir aquellas lógicas que son reprobables en el fútbol jugado por hombres."

 Ahí está ella, con su pelo corto violeta, con una sonrisa blanca que le revienta en la cara, parada en la cancha verde. Entre sus brazos los tres premios que le acaba de dar la FIFA por haber sido la mejor jugadora de la final, del Mundial de Fútbol y la futbolista que marcó más goles. 

Megan Rapinoe, tiene 34 años, es la delantera de Estados Unidos que el domingo 7 de julio, en Lyon, se llevó su cuarta copa del Mundo. No lo hizo sola. Pertenece a una de las selecciones más potentes en desarrollo del fútbol jugado por mujeres, legado que abrieron como un camino posible otras tantas mujeres en su país. 

Estados Unidos es la selección número uno en los rankings de la FIFA. Sin embargo, para aquellas personas ajenas al fútbol femenino, este torneo pareció irrumpir en sus vidas. Hubo récords por todos lados. Más cantidad de pantallas televisando los partidos, más señales transmitiendo y más espectadores detrás de ellas. Hubo récord de entradas vendidas en los estadios, por ende, récord en las recaudaciones. 

Los espectadores le ponen el cuerpo al espectáculo y van a ver buen fútbol. Hubo casi 60 mil personas en la final del Mundo. Y como si eso fuera poco, desde las tribunas, corearon consignas que hablan de derechos. “Equal pay”, gritaron los parciales de las norteamericanas cuando el partido culminó y las autoridades de la FIFA se preparaban para entrar al campo a premiarlas, tal como indica el protocolo. Mientras esto sucedía, las jugadoras bailaron, saltaron, se abrazaron, gritaron, se arrimaron a la tribuna a saludar a sus madres, hijas, amigos. Gianni Infantino y Emmanuel Macron, presidente de la FIFA  y presidente de Francia respectivamente, las vieron pasar por delante de sus ojos, felices, sonrientes, con las frentes brillosas de sudor y desgaste, con el sabor dulce de la victoria dentro de la cancha. “Afuera todavía estamos lejos de ganar”, habría dicho Rapinoe, seguramente. 

Hubiera pagado por escuchar qué le dijo la delantera a Infantino cuando extendió su brazo ajustado por el saco oscuro del traje y le colocó en su cuello la medalla de oro de campeona. Megan se habría perdido el partido de semi contra Inglaterra, el que le dio el pasaje a su selección a la final, por una leve lesión. Pude y quise imaginar ese momento: Megan aprovechó para decirle algunas de sus verdades a Infantino. Y levantamos esa copa con ella. No sólo porque de acuerdo a ese organismo hay 13 millones de mujeres más que juegan al fútbol en todo el mundo, lo que hace pensar que detrás de Rapinoe hay tantas, sino porque el instante se hizo carne de muchas luchas, esas que se batallan en silencio o a gritos en distintos ámbitos, en diversos países. 

En la conferencia previa a la final del mundo que jugó Estados Unidos con Holanda, le preguntaron sobre la equidad en el fútbol femenino, contestó coreando, agregando una chispa de humor al ambiente: “Money, money, money”. Megan dejó al descubierto, una vez más, la brecha desigual que no une al fútbol masculino con el femenino en el mundo del fútbol negocio. 

En algunas de sus declaraciones de cara al Mundial las jugadoras norteamericanas ya lo habían anunciado: “Cuando en 1990 clasificó Estados Unidos al Mundial masculino, los jugadores recibieron una suma de 10.000 dólares por concepto de premio de parte de la Federación de Fútbol. Cuando nosotras clasificamos al Mundial de Francia nos dieron una camiseta”. 

Antes de esto, Rapinoe había dejado claro que rechazaba la política de Donald Trump. Fuera de la cancha, se había encargado de dejar claro que en caso de ganar la copa no acudiría a los festejos orquestados por la Casa Blanca. Dentro de la cancha, aunque el mandato de la FIFA es entonar el himno de los países en momentos previos a disputar partidos, Megan no lo canta. Ese es otro modo de protesta. Fuera del campo participa activamente en distintas causas para dar visibilidad a la lucha de la comunidad LGBTI. En 2017, junto a otras jugadoras de trayectoria de la selección de fútbol, realizaron una queja formal contra la Federación de su país por discriminación de género en el pago de los salarios.  

El fútbol femenino mundial se sirve de las estructuras del masculino y parece ponerle un contenido distinto. En los estadios aparecen banderas con mensajes políticos, con consignas que promueven organizaciones sociales. Muchas jugadoras han tomado los micrófonos para hablar de fútbol y de negocio en el deporte. El fútbol femenino, en tanto, tiene la oportunidad de no repetir aquellas lógicas que son reprobables en el fútbol jugado por hombres. Tiene la obligación de cuestionar la desigualdad, fruto de la restricción en muchos países de su juego libre -en varios países el fútbol estuvo prohibido para las mujeres-, la presión social de hacer “una cosa de hombres”. ONU Mujeres lo denunció en una de sus campañas públicas: A una figura del fútbol masculino se le paga 84 millones de dólares por año (incluyendo sueldos y primas), con 42.6 millones se le paga el salario anual combinado a 1700 mujeres jugadoras de las siete mejores ligas del mundo. 

El puente que une el fútbol femenino del norte con el del sur es aún arduo de establecer. Marta, es la histórica goleadora de Brasil, que se convirtió en Francia en la deportista que más goles ha convertido en un Mundial, superando al jugador alemán, Miroslav Klose, con 17 pelotas pasando por la línea del arco. Marta Vieira da Silva, que juega con sus labios pintados de rojo, es grande y desde chiquita soñó su vida de pelota. Sufrió discriminación en su Brasil natal, emigró a Estados Unidos a profesionalizarse. Hoy es la compañera del Orlando Pride de Alexandra Morgan, la delantera centro que corre a toda velocidad con Megan en la selección campeona del Mundo. Cada vez que Marta tomó el micrófono, en la cancha post partido o en las conferencias de prensa previas a los encuentros, habló de mujeres. Dijo que la falta de equidad está planteada, que rompe los ojos y debería ser desterrada, que la vuelta de tuerca es apoyar el desarrollo del fútbol de niñas, profesionalizar las estructuras y difundir. La jugadora que seis veces consecutivas fue premiada por la FIFA como la mejor jugadora del mundo, metió al gobierno, empresarios, dirigentes, medios de comunicación, sponsors, hombres y mujeres dentro de la bolsa, y repartió. Brasil fue el único equipo sudamericano que pasó la fase de grupos (estuvieron Argentina y Chile, que debutó en mundiales). Fue el que llegó más alto en la disputa de los mundiales y aún así se le hizo compleja la competencia. Europa está tomando la delantera a pasos agigantados. Invierte en el desarrollo del deporte, mejora la infraestructura y condiciones, apuesta al fútbol negocio y al fútbol espectáculo, y así lo indicó este Mundial. También en la formación de mujeres dirigiendo equipos deportivos. El domingo 7 en Lyon, las dos directoras técnicas de las mejores selecciones del mundo fueron mujeres, algo que no sucedía desde la final de 2003. Jill Ellis de Estados Unidos se convirtió en la primera Dt en obtener dos copas del mundo seguidas. 

Pensé durante los partidos de la Copa del Mundo, varias veces, en Ada Herzberg, la primera mujer en ganar un Balón de Oro de la FIFA en 2018, nacida en Noruega, jugadora del Olympique de Lyon de Francia, quien no viajó al Mundial con su selección a modo de protesta. La forma de lucha que Ada le imprimió a su posición fue la ausencia a la cita convocada por la institución que promueve el juego-deporte-espectáculo-negocio. Ada jugadora, Ada mujer, no fue al Mundial ni se manifestó en redes sociales durante los partidos en Francia. ¿Qué pensará hoy Ada viendo a Megan amplificando su mensaje de lucha, utilizando minuciosamente todos los espacios posibles de reproducción de su discurso? Megan fue a protestar y utilizó, fuera de la cancha, los medios que pone a disposición el propio mundo que critica. Dentro del campo jugó un fútbol intenso y audaz, nos deleitó con su astucia y eficacia. Esa tensión entre luchar por la equidad y no continuar reproduciendo las mismas lógicas reduccionistas y violentas, no querer ser parte de ese otro mundo de hombres poderosos y millonarios con una pelota bajo el brazo, aparece como una piedra más en el zapato. Lo que sí queda de manifiesto y en forma obscena es que algo está muy mal, que faltan lugares por recorrer y que estas mujeres entendieron que jugar al fútbol no exonera de sentir y expresar compromiso con ciertas ideas y causas. Desde dónde, hacia dónde, son algunas de las tantas charlas de vestuario que seguramente hayan sucedido en los corredores parisinos. Pago equitativo, desarrollo del fútbol femenino en las estructuras institucionales, posibilidad de acceso a mejores condiciones, infraestructura, derecho a la difusión de sus actividades, en definitiva, buscar el horizonte para un cambio. Todo parece indicar que el mensaje de Rapinoe y de Ada rasca, y rasca donde pica.