¿Qué es maternar?

Redacción La Tinta* / Foto: Colectivo Manifiesto
Pasó una semana, el Senado de la Nación decidió no aprobar la Ley IVE. Los discursos y debates siguen presentes en escuelas, casas, calles, redes sociales y medios. Pensar en interrumpir embarazos también tiene que ver con pensar en maternidades. Algunas pistas para seguir pensándonos y construyendo, con los pañuelos verdes al cuello.

Desde el último 8 de marzo, me ronda en la cabeza escribir sobre la maternidad. Sobre una mirada de la maternidad. Sobre este tema que tanto mandato tiene sobre las mujeres y tanto debate genera para todas, sobre todo para las feministas. Es quizás uno de los temas más complejos de pensar para los feminismos a lo largo de la historia.

A muchas nos ha pasado, después de leer a Silvia Federici, dimensionar el tiempo y energías que implica el trabajo reproductivo. Desde una mirada de economía política feminista, hemos comprendido que el trabajo es el sostén del sistema capitalista; y que no puede funcionar si no es con trabajadores y trabajadoras que vendan su fuerza de trabajo. Sin embargo -he aquí la gran omisión marxista-, no hay personas disponibles a trabajar sin cuidados al nacer, sin comer, vestirse, descansar. Hacer compras, cocinar, limpiar la casa, lavar la ropa; son algunos de los trabajos reproductivos que producen trabajadoras y trabajadores. En síntesis, sin trabajo reproductivo no hay trabajo productivo.

No es ninguna novedad que, aunque estamos haciendo esfuerzos por que esas tareas no solo vistan cuerpos de mujeres, siguen cayendo mayoritariamente en nuestras espaldas. Entender eso y, a la vez, dimensionar que los embarazos y cuidados de los primeros meses de bebés demandan energía física y emocional materna, produce, muchas veces, ganas de huir a la gestación y maternidad.

En un contexto de largos y fértiles debates en relación a la Ley de Interrupción del Embarazo, que el pasado 8 de agosto fue negada en el Senado, las preguntas se multiplican y crecen. ¿Qué otras discusiones están implicadas en los debates en torno a esta ley? De alguna manera, pensar en interrumpir embarazos está ligado a maternar, a elegir no maternar, a acompañar. ¿Cuántas formas de maternar existen?

Creemos que es necesario pensar, promover, invitar, reinventar otras maternidades. Después de todo, ¿qué es maternar?

¿Es pasar por el cuerpo?

En estos días, en los cuales un puñado de Senadoras y Senadores de la Nación impidieron avanzar hacia una ley que permita mejorar la salud y calidad de vida de las mujeres y cuerpos gestantes, me contaron algunas historias. Siempre en voces de mujer, una me dijo: “Supe que mi mamá se enteró que estaba embarazada de mí a los cuatro o cinco meses, no deseaba tenerme y me quiso abortar. Yo siento que ella nunca me quiso. Nunca me abrazó como una madre. A mí me criaron mi abuela y mis tías. Maternar no es parir, cualquier perra o chancha pare; si no eligen tenerte, eso se nota después, a lo largo de la vida. Yo estoy trabajando para que mi hija adolescente sepa que ella tiene opción de elegir: que tenga todas las herramientas anticonceptivas, pero que, si no funcionan, va a encontrar en mí el apoyo que necesite según su elección”.

Otra, me contó una historia tan distinta y tan similar a la vez: “Hace 20 meses, empecé a trabajar acompañando a mujeres que deciden abortar. Hace nueve meses que parí una hija hermosa. Hace unos meses, me angustió la idea del aborto, me angustió pensar que casi decido no tenerla. Pensaba: qué mal hubiese estado privarme de esta enanita tan linda. Durante muchos días, me dio vueltas la idea en la cabeza. Hasta que lo pude resolver y contestarme: esa enanita es tan linda porque hay otro millón de cosas que la construyen. Esa bebita es tan linda porque es recontra elegida, porque tiene un universo de tías brujas que le enseñan de la vida, que le regalan abrigos y la invitan a jugar. Esa enanita es tan linda porque fue buscada, desada y elegida. Porque cuando nos preguntamos si continuar el embarazo o interrumpirlo, decidimos continuar, fuimos conscientes que nuestra vida se ponía de patas para arriba, pero que teníamos ganas de dibujarnos en esta maternidad/paternidad”.

¿Es elegir?

Con pañuelos verdes colgados en el cuello o la cartera, pasaban los días. Siguiendo los largos discursos de Diputadas y Diputados en relación a la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, mi hijastra me preguntaba qué se debatía, qué implicaba que dijeran que sí y, después de algunas charlas, terminó por indagar: “Pero, entonces, si ganamos, ¿las mujeres van a poder abortar gratis en cualquier hospital?”. Respondí que sí y ella festejó. Convivimos desde hace tres años, desde que ella tiene seis. Vive la mitad de la semana con su papá y conmigo, la otra mitad con su mamá. Estuve en el acto de su primer día de clases, elegí estar presente en ese halo de himnos y guardapolvos. No me seducen las canciones patrias, sé que era un día importante para ella. Pensé muchas veces cómo proponer opciones alimentarias en su vida, le saqué piojos, la he llevado y retirado de la escuela. Hace algunos meses, la contuve, estaba angustiada porque estábamos cambiando los muebles. Lloró una hora por un sillón y yo supe que el sillón, en verdad, no tenía nada que ver”.

¿Es nombrar?

De la mano de Silvia Federici, pudimos entender también, que el nacimiento del capitalismo se dio a partir de múltiples despojos. Quitar las tierras a las familias para empujarlas al trabajo asalariado fue un modo de despojar a trabajadores y trabajadoras de su trabajo. En los siglos en los cuales sigue sosteniéndose este sistema, se han ido complejizando y profundizando esas quitas, ancladas bajo tres separaciones: una de ellas es las de las mujeres entre sí y con sus creaciones (Gutiérrez, Sosa, Reyes: 2018).

Decir es una manera de construir el mundo. Poder decir no solo es una posibilidad física, tiene que ver con decirnos a nosotras, decir a otras/os y esperar que eso sea creído y considerado. Eso, que parece tan simple y elemental, es difícil para las mujeres y otras disidencias sexuales, quienes hemos sido desvalorizadas y descreídas a lo largo de la historia. Despojadas de nuestra confianza en nosotras mismas y en poder construir con otras, mandatadas a parir, también despojadas de la prole, que lleva el apellido paterno, que nombra de quiénes son las hijas e hijos. El apellido materno, hasta hace poco, era signo de indignidad. Eligiendo u obligadas a criar, hijas e hijos recuperan en sus nombres la genealogía masculina de las familias, las femeninas no son valorizadas.

¿Es decidir?

Esa consigna que hemos escuchado como mantra en los últimos meses, “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”, sintetiza los ejes del deseo de muchas. Elegir cómo vivir la sexualidad y la vida, como ejercicio de libertad, así como exigir que todas las elecciones estén amparadas y no impliquen el riesgo de vida de mujeres y cuerpos gestantes.

Es curioso, en Argentina hay más de 20.000 embriones obtenidos en tratamientos de fertilización asistida. Mediante intervención médica, se crean embriones que son mantenidos congelados a disposición de los donantes. Según declaraciones médicas, muchas veces no son solicitados por estos y, dado que la normativa actual le da carácter de persona, los laboratorios solo pueden mantenerlos a -198º para que sigan vivos.

Es curioso, decía, cómo a algunos sectores genera odio que mujeres y cuerpos gestantes decidan interrumpir un embarazo, al punto que prefieran seguir sosteniendo abortos clandestinos que, para muchas, implican muertes; pero mantener embriones en una heladera por tiempo indefinido no les genere ni siquiera algo de contradicción. ¿No es una manera de decidir cómo y cuándo ser madres/padres? Según Stella Lancuba, vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva y directora del Centro de Investigaciones en Medicina Reproductiva, en 2016 se realizó una investigación que estableció que un 27% de las parejas abandonaron embriones en los centros. Si recuperamos algunas de las líneas argumentales que circularon en el Senado y en otros discursos, ¿no es este un modo de atentar contra la vida? ¿No deberían obligar a los donantes a hacerse cargo de todos esos embriones?

¿Por qué mantener embriones congelados indefinidamente no genera el mismo odio que las mujeres y cuerpos gestantes que deciden terminar con un embarazo?

Es goce

Instalar el debate sobre la IVE en las escuelas, en las camas, en las mesas, en los medios, entraña un debate sobre la maternidad. Desnuda cuáles son las miradas y discursos que existen sobre ser o no ser madre. Nosotras decimos que la maternidad será una elección o no será. La maternidad, no como un corset familiar donde habitan mamá y papá con la prole, también las homoparentales, las que deciden adoptar, las que deciden parir, las que deciden no parir, pero acompañar en crianzas de hijas e hijos.

La decisión de no aprobar la Ley de IVE el 8A, creemos que cristaliza lo que algunos sectores de la sociedad piensan: que si ocurre un embarazo no deseado, este debe ser priorizado por sobre todos los proyectos que la persona tenga; que si no está dispuesta a cumplir con esos mandatos, su vida corre riesgo y que corre por su cuenta. En síntesis, que la función de las mujeres y los cuerpos gestantes es la de parir y criar por sobre todas las cosas. En el mismo sentido, el (no) debate en relación a los embriones congelados atraviesa las reflexiones con una mirada de clase: ¿quiénes congelan embriones? Las mujeres de clases más privilegiadas. ¿Quiénes mueren por abortos clandestinos? Las mujeres y cuerpos gestantes más pobres.

Las mujeres, desde siempre, en la cocina, en la cola del almacén o en aquelarre, nos encontramos, nos contamos y nos acompañamos. Nosotras nos sostenemos entre nosotras y hemos sido capaces de crear en silencio redes inmensas a lo largo y ancho del mundo, que nos permiten ir tejiendo espacios de libertad, que nos permiten decidir.

Decimos que maternar es nombrar, es elegir, es decidir, es pasar por el cuerpo. Que celebramos el goce de la sexualidad para todas y todos, con educación para permitir el placer sin riesgos y la posibilidad de decidir según los deseos de cada persona. Que las opciones para mujeres y cuerpos gestantes son más que ser o no ser madres, los deseos vitales son diversos, múltiples y complejos. Que descubrimos que podemos decir, nombrar y construir juntas. Que vamos a seguir trabajando y acompañándonos para que todas podamos elegir, y que no vamos a parar. Que queremos que sea ley.

Fuentes:
Clarín
Silvia Federici. El Calibán y la Bruja.
Gutiérrez, Sosa, Reyes. “El entre mujeres como negación de las formas de interdependencia impuestas por el patriarcado capitalista y colonial. Reflexiones en torno a la violencia y la mediación patriarcal” (2018).

*Publicado en La Tinta