“Guerra contra el Indio”, Fronteras y Gestación Estatal

Martín Delgado Cultelli
Mucho se ha hablado sobre rol de la “guerra contra el indio” en la gestación y consolidación de la propiedad privada rural. Sin embargo un factor pocas veces vislumbrado es que dicho proceso de acumulación originaria está implícitamente relacionado con la gestación de la institucionalidad, burocratización y gestación de un orden social jerárquico y autoritario; en definitiva de la gestación del Estado. El caso de la gestación del Estado-Colonial y su evolución en Estado-Moderno en el Uruguay pueden dar algunas luces sobre la interrelación entre Capital y Estado.

A diferencia del área Andina y del área Mesoamericana, la colonización en el Río de la Plata fue mucho más lenta y costosa para los imperios. Mientras que para 1580 la mayor parte de de los Andes y Mesoamérica estaban dominados por los españoles, e incluso ya se habían creado las instituciones de la administración colonial hispana. En el Río de la Plata nada más existían 4 ciudades: Asunción (1537), Santa Fe (1573), Córdoba (1573) y Buenos Aires (refundada en 1580 ya que su primer fundación en 1536 fue destruida por la coalición indígena de querandíes, charrúas, chanás y guaraníes). Estas a su vez se conectaban por medio de Córdoba con Tucumán (1565) y de ahí al resto del complejo entramado de ciudades e instituciones andino-hispanas. El camino que conectaba a Buenos Aires con Santa Fe, Córdoba, Tucumán y de ahí al Alto Perú (actual Bolivia) era denominado Argentina (de “argento” que es “plata” en latín, ósea camino de la plata) y de ahí el nombre actual de país vecino. En este primer momento a los españoles les interesaba más la seguridad de la ruta de mulas que transportaban la plata de Potosí a Buenos Aires y de ahí a España que un real control y explotación de la llanura pampeana. De ahí que la “Banda de los Charrúas” (primer nombre dado a la región del actual Uruguay por los colonizadores) era considerada “las tierras sin ningún provecho”.

Los documentos de la época abordan muy poco sobre la realidad de la “Banda de los Charrúas”. Prácticamente no se sabe absolutamente nada de la realidad del interior del territorio hasta finales del siglo XVII, cuando la mayor parte de Hispanoamérica tenia instituciones coloniales súper consolidadas. La primera crónica sobre el interior del territorio será la del gobernador de Paraguay (en aquella época Santa Fe y Buenos Aires dependían de Asunción y todo el territorio era parte de la Gobernación del Paraguay) Hernando Arias de Saavedra, conocido como Hernandarias. Dicho regente colonial encabezó una expedición militar, sin mucho éxito, contra los charrúas en 1607. De ahí saldrá su proyecto de incentivar la reproducción de ganado vacuno y caballar en la región que se concretara en 1611. Mientras que en algunas regiones de América hacía más de un siglo de colonización, aquí recién comenzaba. Sin embargo el territorio seguirá “vacío” de presencia europea a excepción de los misioneros jesuitas y franciscanos y de algunos grupos de bandeirantes portugueses. Justamente el primer emplazamiento colonial exitoso en nuestra región es la Misión de Santo Domingo del Soriano (actual Villa Soriano) en 1624 con chanás y algunos charrúas y guaraníes. Sin embargo el proyecto misionero lo tenemos que separar del resto ya que tiene características muy particulares. Incluso características que serán un freno a la expansión del capitalismo agrario.

Lo que determinara la empresa colonialista con fuerza será la fundación de la colonia portuguesa de la Santísima Colonia del Sacramento (actual Colonia) en 1680. El expansionismo portugués desencadenara una competencia inter-imperialista por nuestro territorio que recién se solucionara con la fundación del Estado Nacional en 1830.

La presencia cada vez más fuerte de los colonizadores (militares, colonos agrícolas y misioneros) determinará una serie de guerras cruentas contra los pueblos originarios. Dichas guerras han sido denominadas de variadas formas: “guerra contra el indio”, “guerra contra los infieles” y “guerra de los charrúas” (este último término fue acuñado por el historiador Acosta y Lara). Como bien señalan los estudiosos de este periodo, la “guerra de los charrúas” es una guerra para consolidar un sistema colonial y un modo de producción que no está instaurado en la región. Al mismo tiempo debemos señalar el carácter sumamente rebelde de las naciones indígenas, que no aceptaban la dominación colonial con facilidad. No nos olvidemos que hubieron varias experiencias de coaliciones indígenas contra los intereses imperialistas. Las más grandes son la de los “Infieles Pampas Confederados” de 1701-1702 que agrupara a charrúas, bohanes, yaros y a guenoas (aunque estos luego se alían con los hispano-guaraníes y determinarán el fracaso de la confederación) y la de la Guerra Guaranítica de 1750-1756 en donde charrúas y guenoas se alían con los guaraníes-misioneros en contra de los españoles y portugueses.

Como bien señalan Sala de Touron, De la Torre y Rodriguez (1967) el proceso de consolidación de la propiedad privada rural y en especial del latifundio en la Banda Oriental se da en un proceso largo que abarca desde la fundación y consolidación de Montevideo en 1730 hasta las invasiones británicas en 1805. Y mientras más avanzan estas “suertes de estancias” más se corre y expulsa a los charrúas y guenoa-minuanes. Lo que estos autores nunca mencionaron es que ese corrimiento evidencia lo que Marx denominó “acumulación originaria”, o sea el proceso sangriento por el cual se separa a los trabajadores de su medio de subsistencia y se los obliga a vender su fuerza de trabajo para sobrevivir. O sea el proceso de consolidación y expansión del latifundio en la Banda Oriental es un proceso de despojo sostenido y sistemático hacia los indígenas. Por otro lado la historiadora Inés Moraes ha mostrado como la consolidación de los gremios de latifundistas criollos ejercieron un lobby político ante los virreyes y las audiencias reales para expulsar a los misioneros y lograr así apropiarse de las tierras comunitarias indígenas que garantizaban las órdenes religiosas. La Guerra Guaranítica y la expulsión de los jesuitas en 1767 representan la victoria de las gremiales ruralistas. El despojo de tierras indígenas no fue solo a los “indios bravos” o “indios infieles” sino también a los “indios mansos” o “indios amigos”.

Pero debemos recordar que cuando se da la guerra por la apropiación de las tierras indígenas ya hay toda una institucionalidad que crea imágenes sobre lo indígena desde hace 200 años. Aquí me refiero a la construcción de las crónicas sobre los grupos indígenas que habla Arce Asenjo (2015). La crónica y la identificación de los etnónimos indígenas desde la llegada de Solís en 1516 hasta el siglo XIX es producida por funcionarios para las autoridades de la institucionalidad colonial. Estos van identificando distintos aspectos de la forma de vida indígena dependiendo de los distintos intereses imperiales. Por ejemplo, mientras en el siglo XVI se trata de identificar el grado de “salvajismo” (y por lo tanto de humanidad) de los grupos indígenas (están pensando en si dichos indígenas van a hacer la guerra o no y si se los puede explotar como mano de obra o no), en el siglo XVIII se trata de identificar si dichos indígenas están por fuera de la ley o no (o sea si son rebeldes o serviles). Esto habla de la evolución de los intereses coloniales. Mientras en la época de contacto el interés era saber si dichos individuos podían ser o no ser explotados. La cuestión es saber si se puede realizar la empresa colonial o si esta fracasara. En el siglo XVIII ya tenemos un sistema institucional establecido, por lo cual el interés es saber si los individuos aceptan las leyes y normas institucionales con pasividad o si los individuos se rebelan o resisten. De ahí que se crea la imagen del “indio malonero” y de la “Frontera”, lugar imaginario que separa a la civilización de la barbarie.

Pero si para el siglo XVIII y principalmente el XIX ya está la imagen de la Frontera. Del límite entre la ley y el orden y la violencia constante y primitiva. Del límite entre lo civilizado y lo bárbaro y salvaje. Significa que ya hay toda una serie de actores que pueden imponer autoridad (o tratan de imponerla). Y si hay imágenes producidas por documentos destinados a autoridades administrativas, significa que hay toda una burocracia funcionando para clasificar y ordenar el mundo. Una burocracia que ayuda a administrar a determinadas poblaciones. Si hay burocracia, autoridad y posibilidad de imponer una violencia legitimada (aunque en esta época no existe el monopolio de la violencia) significa que tenemos las bases mínimas para hablar de un Estado, un Estado-Colonial.

Una de las claves para entender lo lento y dificultoso que fue para los españoles la colonización del Río de la Plata es que a diferencia de la región Andina y la región Mesoamericana, en el Río de la Plata no existían Estados Indígenas. Uno de los éxitos de la colonización española en otras regiones fue utilizar las propias instituciones indígenas para la dominación de estos. Por eso es que el Sistema Indiano (sistema colonial hispano) era diferente al de la Monarquía Española, porque además de las instituciones clásicas de la monarquía española, tenía la combinación de estas con las instituciones indígenas que más servían para la explotación de los recursos y de las poblaciones. Sin embargo en los lugares donde no existían sociedades indígenas estatales, la colonización fue mucho más costosa. Como señala Gomeza Corte (2017) los pueblos pre-estatales como los mapuches, los guaycurúes y los charrúas fueron de los pueblos que más resistencia hicieron a la colonización. Es que la sola idea de vivir en sociedades estatales supone un choque cultural tan tremendo, que es visto por estos pueblos como un esclavitud absoluta. Como también señala dicho autor, en el caso de la Banda Oriental, fue necesario construir un Estado para desarrollar el proyecto colonialista. El Estado precedió al Capital.

No es casualidad que en el acuerdo político entre Rondeau y Lucas Obes sobre las necesidades de la República naciente, en enero de 1830. Se establecen las seguridades a las propiedades, el castigo y persecución a quienes las violen y la información sobre las tierras que ocupaban los charrúas y si era necesario combatirlos. El Estado no solo es el garante de las propiedades sino que es quien posibilita la creación de las mismas mediante procesos de despojo. En el caso concreto del Uruguay, se ve claramente como para generar las condiciones básicas del desarrollo capitalista fue necesario la creación de una institucionalidad, de una imagen y de una política punitiva y de despojo territorial. El Uruguay muestra como un Mercado Capitalista no se crea de la nada, sino que hay procesos imperialistas y estatistas que lo forjan.

Bibliografía:
Arce Asenjo, D. 2015. Etnónimos Indígenas en la historiografía uruguaya: Desensamblando piezas de diferentes puzzles. Anuario de Antropología Social y Cultural del Uruguay. Montevideo
Gomeza Corte, J. I. 2017. Em busca da Memória e da Identidade: A resistencia do Povo Charrúa no Uruguai. Universidad Federal de Río de Janeiro
Sala de Touron et al. 1967. Estructuras Económico-Sociales de la Colonia. Pueblos Unidos. Montevideo