“Si mañana se hiciese aquí una experiencia socialdemócrata, fracasaría”

Jorge Zabalza (selección de textos) / Imagen: Zur
En abril de 1986, apenas a un año de haber salido de la cárcel Raúl Sendic le concede una entrevista a Victor Lavagno para revista Crisis de Buenos Aires. El extracto que compartimos es la primer entrega del especial “Construir millones de columnas donde se pueda asentar una sociedad socialista”

“ […] yo creo que el ejemplo cubano fue trascendente ya que a partir de él nos dimos cuenta que el camino en Uruguay lo teníamos que construir nosotros mismos. Si bien cada país tiene sus características propias, lo que es universal en el ejemplo cubano es haber sacado la revolución de la literatura para llevarla a la práctica."


   Y actualmente ¿la revolución ha vuelto a la literatura?

-    Visto en perspectiva histórica, estamos en un momento de acumulación de
fuerzas, tanto en Uruguay como en otros lados, pero de ninguna manera hemos perdido las esperanzas en un cambio total que transforme el hombre y la sociedad. Nosotros pensamos en una vía socialista que cuente con la mayoría del pueblo. Cuando nos iniciamos no teníamos ese apoyo popular. Pero lo fuimos obteniendo en el transcurso del movimiento. Por otra parte, a nivel mundial, no podemos decir que la revolución esté en receso, ya que vemos lo que pasa en Centroamérica y en los países andinos. […]

-    ¿Cuál sería la principal tarea de un movimiento liberador en Uruguay o en Argentina para lograr a corto plazo un vasto apoyo popular?

-    Históricamente se ha demostrado que el pueblo es estratega, o sea, que no basta hacer un movimiento con una plataforma muy pulida y muy hermosa, sino que hay que mostrar un aparato capaz de llevar esa plataforma a su meta. Por eso, un ciudadano común de estos países, si ve nacer un movimiento, aunque le parezca que tiene buenas ideas, como está urgido por sus necesidades va a votar al partido menos malo pero que tenga posibilidades concretas. El pueblo ve en los frentes una alternativa válida para llegar al poder, de allí el éxito en Centroamérica de los frentes formados por movimientos que a veces tienen ideologías muy diferentes entre sí. Nosotros debemos aprender de esa historia, pulir acuerdos y desacuerdos y construir grandes frentes como aparatos idóneos para llegar al poder. Aquí estamos viviendo una interesante experiencia que es la constitución de un gran frente para luchar contra el “punto final”, en donde estamos receptando las adhesiones que tiempo atrás hubiera resultado impensable ver junto a las fuerzas de izquierda en cualquier movilización.

-    ¿Entonces la idea actual del MLN es construir un instrumento para llegar al poder?

-    Exactamente, mediante la constitución de un frente. Ya está comprobado que un frente concita la atención y la adhesión de un pueblo muy rápidamente.

-    Usted afirma que un frente con posibilidades de llegar al poder es lo que concita la adhesión. Sin embargo, cuando los cañeros marchaban sobre Montevideo con el lema “Por la tierra y con Sendic” usted sólo era un dirigente que había evidenciado una gran comprensión de los problemas del sector y alguien en quien se podía confiar, pero de ninguna manera contaba con ese aparato político que ahora menciona ¿Aquellos cañeros eran más ingenuos, o la sociedad actúa hoy en forma más cauta y, tal vez, más realista?

-    Creo que su visión está muy influenciada por lo que sucede en Argentina, donde ni aparece la posibilidad de un frente popular de vastos alcances ni la gente ha logrado cicatrizar sus tremendas heridas. Yo desde aquí no veo que la gente haya perdida la capacidad de soñar con un mundo mejor ni de organizarse por sus ideales. En Uruguay se han hecho enormes manifestaciones por el tema de los derechos humanos. Es muy valioso que un pueblo disminuido en su poder de lucha, por el hecho de que la clase obrera tiene mermadas sus filas por la gran desocupación, con un nivel de vida 50 por ciento menor que en la década del 60, se lance a una cruzada idealista como es la de exigir que sean juzgados los militares responsables de violaciones a los derechos humanos. Lo que sí se ha perdido es la capacidad de los dirigentes de mostrarle a ese pueblo organismos y plataformas capaces de llevar a cabo la revolución. A eso se unen los errores de algunas experiencias de la izquierda que actualmente se están autocriticando. Esto aumenta un poco el desconcierto, que es en general muy bien aprovechado por la derecha. […]

   ¿Ya no ve el socialismo como la panacea?

-    Lo que no se ve es que sea tan fácil la creación de una sociedad socialista perfecta. Es claro que en los países subdesarrollados el socialismo significa un salto tremendo cuantitativo en el nivel de vida y en la justicia social, pero ya no hay esa mística de que venía el socialismo e inmediatamente surgía un hombre nuevo, que traía consigo un cambio radical de la mentalidad humana. Hoy tenemos una visión más realista pero no menos deseable de una sociedad socialista

-    ¿Y esa visión realista como se traduce en materia de métodos?

-    En el hecho que jugamos con la legalidad cuando es necesario, con los frentes cuando son necesarios, y con la lucha violenta cuando es necesaria, siempre siguiendo lo que el pueblo está pidiendo en cada etapa. Los pueblos de estas latitudes ya han tenido demasiada violencia y ahora están pidiendo legalidad, entonces se hace así. De todos modos eso es positivo para la acumulación de fuerzas y para orientar la lucha y adecuarla a los nuevos esquemas sociales […]

-    ¿Cree que tanto la derecha como la izquierda tradicional de nuestros países se siguen rigiendo por lo que pasa en Europa?


-    Sí, y lo que nosotros tenemos que hacer es ubicarnos de una buena vez como tercermundistas. Para los europeos puede ser más o menos posible una socialdemocracia, pero aquí no basta con eso. Si mañana se hiciese aquí una experiencia socialdemócrata, fracasaría. Nosotros necesitamos soluciones drásticas sobre la propiedad y explotación de la tierra y de la industria, como demostró la experiencia cubana. También el factor nacional debe ser predominante, tanto en lo político como en lo cultural, aunque siempre con una visión regional de unión con los países que padecemos los mismos problemas.


Tomado de “Raúl Sendic el tupamaro, su pensamiento revolucionario” de Jorge Zabalza (2010, Letraeñe Ediciones)