8M: ¿Quién escribe la historia?

Mariana Abreu, Mercedes Etcheverry, Victoria Furtado, Agustina Grenno, Siboney Moreira y María Noel Sosa / Foto: Zur
Las mujeres que somos parte de Zur estamos alegres y cansadas porque estamos preparando la Huelga Feminista. Pero quisimos darnos el tiempo de compartir algunas ideas, aunque tal vez a esta altura parezcan obvias. Somos feministas y desde ahí estamos en Zur. Este ha sido para nosotras un espacio de libertad desde donde dar nuestra lucha como mujeres, un lugar donde sacamos la voz propia y ayudamos a construir la voz colectiva.

Nuestro portal existe desde abril de 2014. Empezamos a andar algunos meses antes de que surgieran las alertas feministas y de que comenzara a gestarse este nuevo tiempo de lucha renovada. Además del tiempo dedicado a que el portal exista, para nosotras mujeres se sumaba el desafío de producir, escribir, fotografiar y publicar. Escribir sobre los feminicidios fue uno de nuestros primeros ensayos de sacar la voz. Escribimos en dupla, tardamos semanas, estábamos inseguras y dubitativas, pero nos animaba sabernos juntas en el camino. Veníamos de un reciente proceso de sabernos feministas y desde el inicio quisimos que eso estuviera presente. Pero era eso, un proceso que nos interpelaba y en el que todavía eran más las preguntas que las certezas. En estos años hemos ensayado todo eso juntas, ser feministas y hacer comunicación desde una comunidad de trabajo mixta donde nos sentimos protagonistas. Con el paso del tiempo más mujeres integramos Zur, todas somos feministas y a todas el feminismos nos conforma a la hora de escribir, fotografiar, comunicar.

Hemos elegido hacer nuestra tarea como comunicadoras desde un lugar situado, el de mujeres que nos sabemos parte de esta lucha y parte también de un colectivo de comunicación autogestivo, independiente y con una perspectiva crítica. Hemos querido escribir y fotografiar sabiendo que tenemos palabra propia y común, esa que organiza nuestra experiencia y teje memoria. Sabiendo también que tener imágenes que nos espejan a nosotras mismas y a otras compañeras de lucha es tan importante como tener textos. Nosotras no somos todas periodistas de oficio, pero queremos comunicar y estamos convencidas de la importancia de abrir el diálogo, y más aún, de dejar registro de esta lucha que es la nuestra. Por eso quitamos tiempo al sueño y sostenemos este espacio.

Mientras hacemos todo esto reflexionamos sobre el rol de los medios de comunicación y nos preguntamos una y mil veces qué lugar queremos ocupar desde Zur. Nos interpelan también los debates que se han abierto en el último tiempo sobre la relación entre la prensa y el feminismo. Estamos convencidas que el periodismo es omiso cuando no registra lo que está pasando; arrogante, cuando asume que la historia de la lucha la escribe la prensa; y pretencioso cuando se dice neutral y se miente a sí mismo mientras elige qué y cómo decir. Sabemos que nuestro lugar es al lado de las luchas y que nuestro aporte es contarlas para que se sigan multiplicando, pero que las protagonistas son quienes las sostienen y no el medio. Hacemos comunicación desde la cercanía, desde ahí registramos, pensamos, compartimos opinión, circulamos información. No escribimos la historia, porque la historia la escriben las que luchan y no necesitan traductoras. Sí nos esforzamos por sostener abierto un espacio en el que todas se sientan convidadas a decir.

Las movilizaciones feministas llaman a hablar en primera persona y desde lo colectivo, a partir de sí. Nosotras también nos sentimos parte de esa apuesta. Lo hemos hecho cubriendo alertas, las previas y las marchas del 8M. Lo hemos hecho con entrevistas, columnas de opinión, con notas sobre la lucha feminista en América Latina y en el mundo, con todo lo que aporte a entender y a imaginar los variados y creativos procesos de organización de las mujeres. Queremos reconocer las palabras propias de las feministas singular y colectivamente. Aunque somos un medio, hemos querido desde este lugar amplificar voces, no ser mediación. Creemos que las luchas en sí mismas tienen cosas que decir, en mil formas: gritando, llevando carteles, pintándose el cuerpo, tejiendo acuerdos en proclamas y comunicados. No se trata sólo de hablar con quienes hagan la vocería, de hacer entrevistas o de no esperar un estrado. Se trata de entender por qué un movimiento tiene voces diversas, por qué se insiste en rotar quienes hablan para no cristalizar en una sola persona lo que es de todas, por qué es mejor hablar juntas y no solas. Se trata también de escuchar decir -como expresa nuestra amiga maya quiche Gladys Tzul-, porque las mujeres rompimos los silencios y estamos diciendo muchas cosas. Escuchar decir es también mirar, ver qué y cómo se dice más allá de las palabras. Es, por ejemplo, registrar una lectura colectiva de proclama, pero interesarse también por el modo en que eso se fue gestando y germinando cotidianamente.

Por eso estamos alegres y cansadas, porque las mujeres estamos escribiendo la historia. Una historia que se escribe en las calles, en las movilizaciones, en los paros de mujeres, en las conversaciones en los trabajos, en las familias, en nuestras relaciones con otras y otres. Una historia que se inscribe en nuestros cuerpos. Una historia que también se escribe palabra a palabra en los textos que en este portal circulamos y en el esfuerzo de cada compañera -comunicadora o no- de lanzar la voz para encontrarse con otras, de ordenar ideas en medio de un tiempo vertiginoso. Una historia que es la nuestra, como mujeres en lucha y la de todas y todes quienes hemos abierto y seguimos sosteniendo este tiempo de rebelión.