Algo más que una chicana

Hugo Drufrechou / Foto: http://www.juntamvd.gub.uy
En pasadas sesiones de la Junta Departamental de Montevideo, ediles blancos y colorados cuestionaron y dejaron trunca la solicitud de préstamo al Banco Interamericano de Desarrollo, que la Intendencia de Montevideo pretendía realizar para continuar obras del criticado Plan de Movilidad Urbana.

El jueves 11 de mayo, la oposición logró ganarle una batalla política al Frente Amplio en la junta departamental, impidiendo que la Intendencia de Montevideo (IM) pida un préstamo al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) por un valor de 70 millones de dólares para realizar obras de infraestructura en las avenidas Belloni e Italia.

Las reacciones ante esta chicana, se han centrado en el aspecto superficial del asunto (la jugada política en sí), a diferencia de otras épocas, han descartado análisis más estructurales del problema del endeudamiento externo. Este asunto es bastante paradójico, dado que este fenómeno es uno de los centrales para explicar la dinámica de la lucha de clases en los países de Latinoamérica. Es por eso que creemos pertinente echar un vistazo más profundo a la cuestión, atendiendo su dinámica a lo largo de los años dado que “hay que aplicar el análisis concreto de la situación concreta” como bien dice una de las máximas sobre el pensamiento que se propone el cambio social.

¿Qué es la deuda soberana de un país?


Los estados (1) -así como las personas-, tienen determinados gastos que sólo pueden financiar si tienen ingresos. Estos gastos pueden estar vinculados a diversas causas (desde pagar salarios para trabajadores públicos, inversión en infraestructura, subsidios a empresas cuya actividad se considere clave para el país, etc). Por otra parte sus ingresos pueden provenir de impuestos que establezca para la población, las ganancias de empresas públicas o la explotación económica de algún activo económico de su pertenencia. Cuando los estados reciben menos ingresos económicos de lo que han gastado en alguna parte del tiempo, hay un problema de financiación (2).

Ante estos problemas de financiación momentáneos, se debe evaluar qué medida tomar para sanear las cuentas. Por ejemplo, si un año se dio que hubo un déficit pequeño pero es algo atípico en la trayectoria reciente del país, no hay ningún  problema, el mismo se financiará en los años siguientes con la propia dinámica de la economía. En cambio si los registros año tras año marcan déficits fiscales es necesario ver cuáles son las causas del mismo y evaluar políticamente cómo solucionarlo (por ejemplo la derecha siempre habla de recortar el gasto o "achicar el estado", mientras que los sectores más de izquierda plantearían disputar el excedente de la producción a los empresarios haciendo que el gobierno grave más las ganancias del capital nacional y transnacional).

Estas medidas necesariamente provocan movimientos en la dinámica de la correlación de fuerzas entre las clases, es por ello que muchas veces los gobiernos prefieren postergar esos conflictos entre  clases (o a veces entre diferentes fracciones de las mismas), endeudándose.

Otra causa bastante común de endeudamiento, se da cuando un país quiere expandir su economía haciendo inversiones por ejemplo en infraestructura, o atendiendo diferentes proyectos económicos. Si no tiene los fondos suficientes para concretarla, toma un préstamo de una agencia internacional o algún agente privado, y va pagando el préstamo a medida que la inversión va generando retornos. Esto es justamente a lo que apunta el préstamo solicitado por la Intendencia de Montevideo (IM).

Han pasado los años... ¿qué ha cambiado?


La lucha de clases en Latinoamérica estuvo marcada por la problemática de la deuda sobre todo a partir de la década de 1980 en adelante (específicamente a partir de la crisis del año 1982). Durante todo ese tiempo,  los países latinoamericanos vivimos y sufrimos las acciones de un agente bastante singular y conocido, el Fondo Monetario Internacional (FMI). Esta institución creada en la posguerra, tiene como objetivo dar auxilio y asesoramiento a aquellos países que tenían déficits en la balanza de pagos (3) (BP). En este sentido, los países latinoamericanos presos de sus economías primario-exportadoras y víctimas del deterioro de los términos de intercambio continuamente debían recurrir a esta institución solicitándole préstamos. Esto originaba las dos problemáticas principales del endeudamiento externo, las transferencias de recursos económicos al exterior por los servicios de deuda, y los condicionantes que establecía esta organización y que el gobierno se comprometía a cumplir.

Durante los años 90' y luego de la refinanciación de la deuda a través del plan Brady, se modificó la estructura del endeudamiento uruguayo, primando la deuda asociada a instrumentos monetarios del gobierno (4). Este tipo de estructura de la deuda estaba asociado a financiar el déficit fiscal a través del ingreso de inversión de capital de cartera por parte de privados. En el año 1999 la deuda externa  bruta uruguaya llegaba a ser de 13.559 millones de dólares, representando un 64% del PIB. En ese mismo año el servicio de deuda (amortización más intereses) llegaba a ser 954 millones de dólares, representando un 4.5% del PIB (5).

Con la crisis del neoliberalismo en Uruguay en el año 2002, el gobierno vio como solución ante  el déficit en el que había incurrido por el salvataje de los Bancos Montevideo, Comercial y Caja Obrera, acudir a préstamos multilaterales. Esto marca que los préstamos internacionales pasaran de explicar casi un 16% de la deuda externa en 2001, a pasar de explicar cerca del 34% en 2002.

La suerte de los países latinoamericanos con respecto al FMI en esa etapa fue diferente pero en un corto ancho de banda. En el contexto de alza de los precios de los principales productos exportables, pudieron sanearse las cuentas externas y fiscales. Esto provocó que pudiesen saldarse las deudas principalmente con el FMI, intentando reducir de esa manera las transferencias económicas al exterior, como las condicionalidades políticas impuestas a los países deudores por el Fondo (6). Nuestro país no fue ajeno a esa tendencia regional y en 2006 canceló con el Fondo la deuda que vencía en 2007.

A partir de ahí, el gobierno ha vuelto a financiarse mediante deuda con privados dada la alta rentabilidad de sus instrumentos monetarios (mientras que un título de deuda en Estados Unidos pagaba un 0% de interés, en Uruguay pagaba un 9%) debido a que la alta tasa de interés fue usada como instrumento para el combate de la inflación intentando bajar el nivel de liquidez monetaria.



¿Cómo andamos hoy?

Según los últimos datos del Banco Central del Uruguay para 2013, la deuda externa bruta de ese año fue de 22.882 millones de dólares siendo las principales agencias deudoras: el Gobierno Central (representando un 62% del total de la deuda) y el sector privado (7) con un 21% del total de la deuda. Los principales acreedores de la deuda externa son entidades privadas (85,67% de la deuda), dentro de los cuales casi el 75% son entidades financieras, y el restante son otros agentes privados que no están vinculados por lo menos directamente a la orbita financiera. Es particularmente importante ver que los préstamos multilaterales tan sólo representan un 13,98% del total de la deuda y los bilaterales un 0,81% de la misma, cuando por ejemplo en el año 2003 los préstamos multilaterales eran casi un 41% del total de la deuda externa, y los bilaterales un casi un 2%.

La composición de acreedores del Uruguay en cuanto al instrumento específico de Préstamos Multilaterales marca una clara mayoría del Banco Interamericano de Desarrollo y del Banco Mundial a través de uno de los bancos que pertenecen a su grupo, el Banco Interamericano de Reconstrucción y Fomento (BIRF). Esto marca que la estrategia de recurrir a este tipo de instrumento está dada por la necesidad de financiamiento en proyectos de infraestructura de largo plazo como el caso en cuestión de la IM.
 

Más allá de evitar que el Frente Amplio pudiese sumarse unos puntitos electoralmente a través de las obras que iba a hacer con el financiamiento del BID, la oposición (sin querer) desnudó un pilar sobre el que descansa la correlación de fuerzas actual sobre la disputa del excedente económico, el endeudamiento. Este hecho lo que genera es que puedan satisfacerse necesidades sociales momentáneas postergando conflictos referentes a la puja distributiva, lo que repercute en mantener momentáneamente la calma social

A pesar de no tener como acreedor al FMI, no se ha cortado el vínculo de dependencia política y económica con el organismo. El mismo ha pasado de ser de acreedor a asesor a nuestros otros acreedores, por lo tanto sus condicionamientos ya no vienen bajo cartas de intención, sino como calificaciones de países en sus evaluaciones periódicas. Para crear un buen “clima de inversiones” y que los capitalistas se sigan sintiendo atraídos por las condiciones para invertir en Uruguay, es necesario en parte mantener la actual situación de la correlación de fuerzas en la puja distributiva, lo cuál genera que para poder realizar medianos y grandes proyectos que favorezcan el bienestar público, sea necesario volverse a endeudar y mantener esa espiral de endeudamiento. La dinámica que ha tenido la estructura de la deuda externa por lo tanto, no ha reducido la dependencia externa sino que ha hecho indescifrable quién realmente es quien se apropia del excedente transferido al exterior.  

Por último, vale decir que estas tensiones postergadas, tarde o temprano terminan explicitándose en la sociedad. El estado en que se encuentren las fuerzas populares para poder aguantar el malón o tener un avance va a depender en parte en mirar estos fenómenos de la realidad, con una mirada que atraviese la cortina que vela las causas fundamentales de las cosas.

 

(1) Entendidos como Gobierno central, Gobiernos Municipales, Banco Central, Entes Públicos y Servicios Descentralizados.

(2) Esto es el famoso Déficit Fiscal.

(3) La Balanza de Pagos (BP) es un registro de todas las transacciones internacionales que tiene una economía, por ejemplo exportaciones e importaciones, y a su vez transacciones y transferencias de capital, entrada de inversiones de diferente tipo, y salida de las mismas.

(4) Además de endeudarse a través de la recepción de préstamos de instituciones bilaterales y multilaterales, el gobierno puede endeudarse emitiendo Bonos Globales en dólares o en Unidades Indexadas (UI), Notas de Tesorería en pesos, Notas de Tesorería en UI.

(5) Olesker, Daniel (2001) Crecimiento y exclusión. Editorial Trilce. Montevideo.

(6) Raffo Tomás y Bernat, Gonzalo. (2012) La nueva Arquitectura financiera regional en el contexto latinoamericano.

(7) Esta deuda representa depósitos de extranjeros en bancos privados de nuestra plaza.

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