A algunos varones no les gusta el feminismo

Rossana Blanco / Foto: rebelarte.info
A algunos varones no les gusta el feminismo ni mucho menos las mujeres que nos llamamos feministas. Tanto les disgusta que se sienten en el derecho y la obligación de señalarnos con el dedo y cuestionar nuestras medidas.

Su desagrado profundo se les sale por los post, por los comentarios expresados en nicknames y también por las notas periodísticas.

Estos varones se llaman a sí mismos defensores de la igualdad. Para ellos ni feminismo ni machismo. Y si se habla de feminicidio, entonces que también se diga masculinicidio. Cuidado que una cosa son las feministas y otra cosa las hembristas. Porque al final más que feministas lo que son estas mujeres es feminazis.

Están muy preocupados por nosotras, que se nos ha dado en salir a las calles, a las plazas, gritando, cantando y con las tetas al aire. Eso no es de mujeres que se respetan, dicen. Y quieren enseñarnos como debemos comportarnos en la acción política, que para eso han sido protagonistas y saben. Nos acusan con el dedo y también con el tono, que va del desdén a la admonición.

Se enojan, porque no puede ser, mujeres teníamos que ser. Mujeres que en nuestro atrevimiento se nos da por decir basta. Basta varones, de sus insultos que llaman piropos, de sus acosos que hacen que tengamos temor de andar en las calles y que pensemos qué ropa nos vamos a poner, no vaya a ser que todavía nos liguemos un manotazo. ¿Cómo que decimos basta? Se enojan estos varones que nos quieren comprensivas con sus desplantes, y si no nos sale comprensivas entonces por lo menos calladas.

Y, el colmo de los colmos, ahora también nos atrevemos a señalarlos a ellos y a acusarlos de violencias solo por el hecho de ser lo que somos: mujeres. Los acusamos de golpearnos, de violarnos, de matarnos a puertas cerradas o en la vía pública, a solas o delante de nuestros hijos.  Qué osadía la nuestra que salimos a la calle cada vez que matan a una de nosotras. Eso sí que no. Parece que ni contar sabemos y no nos damos cuenta que matan a más hombres en total que a mujeres. ¿Cómo vamos a tener el tupé de decir que el feminicidio es un crimen que no tiene que ver con nuestras acciones sino con nuestro ser mujeres? ¿Cómo vamos a plantear que las mujeres somos blanco de la violencia machista?

No, no puede ser, a esta altura la cuestión pasa de castaño oscuro. ¿Cómo nos da el coraje a nosotras para decir que la mayoría, casi la totalidad de los crímenes de sangre que colorean la crónica roja son perpetrados por hombres? Es increíble. Ladean la cabeza estos varones y añaden que ni siquiera salimos a la calle por otras violencias y que vamos gritando ni una menos en vez de decir nadie menos. ¿Cómo es posible que estemos indignadas y que reivindiquemos nuestro deseo de vivir una vida sin violencia patriarcal?

Así no puede ser, dicen los varones en su enojo y en su herida. No puede ser que a las mujeres se les dé por juntarse para expresar a la sociedad, a los poderes públicos y a ellas mismas que no va más. Juntarse para exigir el derecho de disponer de su tiempo, su cuerpo y su vida, ¡habrase visto tanto corporativismo mujeril! Más les valdría a estas feministas, antes de salir a reclamar, mirar lo que hacen mal con sus familias, mirar su responsabilidad en el hecho de que las terminen matando.

Porque estos varones nos quieren puras. Si vamos a denunciar violencias, que estemos libres de pecado. Si salimos a la calle porque nos matan, mejor haríamos en salir por todas las violencias. Si queremos transformar el orden que nos oprime, nada de organizarnos colectivamente. No vayamos a tener algún poder de incidir en la cancha grande que eso es terreno de ellos.

Varones de los post, de los comentarios y de las notas, los estamos molestando, parece. Quisiéramos decir que lo sentimos, pero sería mentira. Sigan nomás inventando sus neologismos, acariciando sus barbas y rasgando sus corbatas. Sigan también con sus consejos y admoniciones si creen que saben de lo que hablan. Suerte en pila.

Nosotras nos encontramos, estamos juntas y nos interesa escucharnos. No les tenemos por qué gustar.