Argentina: Qué está en juego con la reforma educativa

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30 escuelas de la Ciudad de Buenos Aires se encuentran tomadas por sus estudiantes, con apoyo de padres, madres y docentes. Exigen al Ministerio de Educación porteño, a cargo de Soledad Acuña, que no se aplique la reforma conocida como “Secundaria del futuro”: porque que nunca se les consultó, y porque no están de acuerdo. Y suman reclamos históricos. La discusión de fondo implica un cambio profundo en la matriz de la educación pública argentina: “Frenarlo depende de nosotros”.

Las escuelas tomadas en la Ciudad de Buenos Aires son la punta del iceberg de una reforma educativa planteada por el gobierno que avanzaba silenciosa, hasta que las y los jóvenes se pusieron en estado de alerta. Desde entonces, reclamaron reuniones con las autoridades para tener más información, pero ésta sólo fue dada de manera parcial e incompleta. Se sumaron dudas, se rechazaron las iniciativas más polémicas y se sumaron los colegios: al día de hoy, 30 están tomados en la Ciudad de Buenos Aires.

Los jóvenes también piden la aplicación de la ley de Educación Sexual Integral en todas las escuelas y que se escriba un protocolo para casos de violencia de género y discriminación; reformas edilicias integrales, viandas y comedores para los colegios; que se derogue el protocolo de intervención para los colegios tomados ante la repetida presencia de policías en las escuelas; y la aparición con vida de Santiago Maldonado, consigna eje de la marcha que realizaron el pasado viernes.

La reforma que dio origen al conflicto fue presentada informalmente por el Gobierno a través de un Power Point y notas en los diarios. Nada tan nuevo: es la “profundización de la Nueva Escuela Secundaria”, que ya es aplicada en los primeros tres años de cursada y que dejó a la vista sus problemas.

Los ejes: con el nuevo plan, el 70 por ciento de la carga horaria de quinto año pasaría a ser de prácticas profesionales en empresas u ONGs. Además, las materias serán incluidas en áreas como historia, cívica, geografía, que podrían ser tomadas por un solo profesor.

Es decir: más trabajo gratuito para los estudiantes, menos trabajo pago para los docentes.

Cómo y por qué se toma un colegio

Al día de hoy hay 30 colegios están tomados. Los alumnos cuentan que, en todos los casos, la decisión de tomar es el último escalón de una larga serie de imposiciones, ninguneos y violencias que deben soportar estos jóvenes hoy. Dentro y fuera del colegio.

Primer acto: asamblea del Centro de Estudiantes del Yrurtia. Todos las y los jóvenes, sentados. Alguien recuerda: “Ya pedimos formalmente una reunión con la ministra o con alguien que sepa responder, movilizamos y no nos atienden”.

Expone qué es la “Secundaria del Futuro”.

Luego, se vota: la mayoría levanta la mano. Se toma.

Una comisión hace un cartel para visibilizar la decisión al barrio y al Ministerio de Educación porteño. Otra: prensa. Otra: seguridad. Otras: limpieza, comida, actividades.

Entre los carteles, uno menciona: protocolo contra la violencia de género.

“En el Yrurtia hay un estudiante denunciado por violación. La chica que lo denunció comparte 8 horas por día con él. ‘El instituto no está preparado para llevar esta situación porque no hay un protocolo que lo ampare y lo oriente No quiero compartir espacio con él, y aunque la firma venga desde arriba, desde abajo lo podemos cambiar”.

Segundo acto: Normal 1, lunes 4 de septiembre. Federico, arito en la nariz y la oreja, presidente, propone tomar el colegio ante la falta de respuesta de las autoridades. La asamblea aprueba. Se forman las comisiones. Federico tiene ojos cansados, pero sonríe cuando habla: “Hay muchas cosas en juego y muchas responsabilidades. Estamos cuidando un patrimonio histórico”. Con voz grave: “Milito desde los 14 años. Siempre en el centro de estudiantes, para cambiar al menos una parte de mi realidad. Vengo de una familia pobre que no pudo estudiar. Si no puedo cambiar eso, por lo menos quiero cambiar la situación de mi segunda casa”.

Tercer acto: Instituto Fader, viernes 8. Dice Maite con convicción: “Lo único que salió en los medios es lo que después repite la gente: ‘temor por fiestas en colegios tomados durante el fin de semana largo’. A nosotros nos preocupa qué vamos a comer, cómo vamos a limpiar, pero nos organizamos. También estamos acompañados por nuestros padres, que es super importante, pero queremos que nos dejen ser protagonistas de esto. Si no nos movemos, nos pasan por arriba”.

Las amenazas


Tres centros de estudiantes distintos relatan las situaciones de amedrentamiento y vigilancia que sufren como una suerte de represalia por reclamar contra la reforma educativa.

Primer acto: Escuela de Bellas Artes Rogelio Yrurtia, Mataderos, CABA. Madrugada. Está tomada por los estudiantes, con apoyo de padres, madres y docentes. Tocan la puerta. Atiende un estudiante. No hay nadie del lado de afuera, pero hay algo: una caja. La abre: un caracol roto, un preservativo y una carta. “Los ataques van a seguir a menos que…”. Firma RCREW.

Otra noche suenan las alarmas. Los estudiantes y el casero revisan el establecimiento. Todo está bien. Salen. La caja de electricidad está destrozada. Dos chicas salen acompañadas porque la sirena les generó ataques de pánico. Una camioneta del Ceamse las sigue hasta la esquina.

Segundo acto: Normal 1. Recoleta. Escuela tomada. La escena es diferente al Yrurtia, pero similar. Suena el teléfono: amenaza de bomba. Se repite durante la semana, sistemáticamente. No es una situación nueva, pero con la ocupación se volvió regular. Se vacía la escuela,  entra la policía, revista todo. Todo, menos el aula donde los estudiantes guardan sus cosas: se lo habían impuesto.

Tercer acto: Escuela Técnica 6, Distrito Escolar 12. Fernando Fader. Pasaje La Porteña. Noche. Una camioneta blanca parada en la puerta apunta hacia los estudiantes del interior con un láser. Sigue a los y las jóvenes que salen. Se repite la escena en loop.

Maite, delegada de quinto año, orientación publicidad, mira a los ojos: “Nos dan mucho cagazo, pero tomamos las medidas de seguridad necesarias”.

Futuro por pasado


Un ventilador hace fuerza por arrancar. Cruje sobre el pizarrón en un aula del Mariano Acosta. En el Yrurtia, son las paredes las que crujen. En el Fader, las computadoras. En la Escuela de Danza Mastrazzi, lo ruidoso son las ratas.

Maia no entiende de qué futuro le hablan: “La reforma propone impresoras 3D en todas las aulas, wifi en todas las aulas… Nos encanta, es nuestro sueño, pero… ¡Se nos caen los techos, ministra!”

Maite: “En el Fader hay ocho computadoras. Tres tienen virus, dos no funcionan… Hay nueve cursos que las necesitan: tres terceros, tres cuartos, tres quintos tienen clases diseño. En el mío somos 15 estudiantes. ¿Cómo hacemos? Encima, el programa Conectar Igualdad ya cerró, asique los chicos de primer año no recibieron las netbook. Quien no tiene una computadora en su casa, ¿cómo hace?”.

Normal 2 Mariano Acosta. Un curso vaga por la escuela de Once buscando un aula. La escena se repite 16 veces con diferentes estudiantes. Cada año que pase, faltarán más aulas. Agustín, presidente: “Pedimos un anexo, encontramos un edificio donde podríamos hacerlo, pero el Ministerio perdió el documento en el cambio de gestión”. Mira al pasado y ve un futuro que no quiere: “Yo ya viví el conflicto por la Nueva Escuela Secundaria y veo reflejos de ese 2015 y también del 2013. Lo veo también con el protocolo para la denuncia de las tomas. No puedo dejar pasar de largo esa experiencia”.

Versiones para todos y cada uno


En las primeras noticias que publicaron Clarín y La Nación, el paquete parecía cerrado. Pero no. Horacio Rodríguez Larreta dijo que no había ni un papel firmado. La ministra, lo contrario. Los trípticos que reparte el Gobierno parecen espejitos de colores.

Maite saca un volante de la mochila: “¿Qué dice? No dice nada. Entre las preguntas más frecuentes del volante no incluyen ninguna de las que le planteamos al Ministerio los estudiantes”.

Federico: “Encima no podemos confiar en lo que dicen los trípticos porque cuando lo hablamos con la secretaria de Coordinación Pedagógica, Andrea Bruzos, nos dice una cosa. A los rectores les dicen otra. A los supervisores, otra”

Maite: “El problema es que quieren profundizar algo que no está cerrado: En el Fader algunos van a tener que hacer la pasantía, pero no nos dan ninguna respuesta de dónde vamos a trabajar: Mientras, no quieren dialogar con nosotros”.

Maia: “Hubo jornadas en las que se suspendían las clases, nos bajaban un documento sobre la NES. Después teníamos que subir al Distrito nuestro debate, pero nunca fue escuchado. Andrea Bruzos no nos supo responder ni dónde van a ser las pasantías, ni qué íbamos a hacer, ni qué haría con la repitencia. Sin terminar de pensarla ya la quieren aplicar. Si no funciona, la van a seguir aplicando”.

Maite: “Nunca pisaron una escuela pública y quieren decidir sin escucharnos”.

Federico ejemplifica: “Bruzos no nos supo responder si el facilitador de quinto año tendría alguna acreditación en pedagogía. Bajan al docente de su rol”.

Uno de los apartados del tríptico llena los blancos: “No se elimina la repitencia. La evaluación continua debe servir para detectar qué contenidos y habilidades los estudiantes no alcanzaron y son necesarios para seguir aprendiendo. Se propician espacios de recuperación y acompañamiento a lo largo del ciclo lectivo”.

Maite: “No dice nada”.

Federico: “Creo que dice lo que pasa actualmente”

Maite: “No aclara si se hace paralelamente o no. ¿Si me llevo tres materias, sigo cursándolas junto con el año siguiente? No se entiende”.

Agustín: “Se lo preguntamos. Simplemente no lo saben”.

Meritocracia


Último acto: Ciudad de Buenos Aires. Ministerio de Educación. Más de 20 colegios tomados. Miércoles 13 de septiembre. Primera reunión de estudiantes con Soledad Acuña.

-¿Nombre?

-Federico.

-No pasan los colegios tomados.

El Normal 1 ya está tachado en la hoja que tiene un policía en la mano.

-¿Nombre?

-Ignacio, de la Escuela Técnica 37.

-Ya está el cupo lleno -tacha el nombre de la escuela de una hoja.

Federico: “Parece una pedagogía de premio y castigo”.

Maia: “La estrategia fue dividirnos. Les salió mal”.