Chicha Mariani, seguiremos buscando.

Juan Aiub * / Imagen: Nico Ilustraciones
Algún día su nombre será usado en lugar de búsqueda, búsqueda dejará de existir en las enciclopedias y sólo usaremos Chicha como verbo que defina eso de revolver mundos incansablemente. Nadie más debería usar ese apodo salvo que demuestre poderes suficientes para enfrentar a todos los dragones.

Fue mi abuela muchos años y dejó de serlo porque yo solía irme de lugares y de personas sin despedirme, sólo me diluía sin ruido detrás de nuevas travesías. Cuando la falsa Clara golpeó su puerta, me recriminé mucho no haber estado a su lado, me dolió en las vísceras aquel fallido tanto como mi falta.

Chicha fue en extremo generosa legándome el oficio de detective salvaje, su parsimonia y mi ansiedad, yo buscaba a mi primo por aquellos años, ella como los últimos 42, sólo vivía para encontrar a su nieta. La imprenta de la casa de los conejos y el pequeño mimeógrafo de la casa de mis tíos estaban separados por varias cuadras y unidos por una ráfaga continua de la misma metralla, ambos operativos cargados de muerte nos habían unido del otro lado de la ausencia.

Hace un tiempo hicimos una asado en su honor en la casa de Herenia, el anfitrión era Carloncho, yo el asador y Elsa Pavón completaba el equipo, siempre cuidando sus espaldas. Ese día parecía haber dejado al menos por un rato su mirada melancólica, al menos por un rato sus ojos de bruma descansaron de esa búsqueda que todo lo cubría, tomó un poco de vino, rió con los chistes de Carloncho y contó miles de anécdotas. Eran los días donde los análisis de los jóvenes apropiados por Noble habían dado negativos, una vez más ella no se rendía, insistía en la posibilidad de que hubieran plantado una doble y que la verdadera joven apropiada, quizá la verdadera Clara Anahí, estuviera en Europa escondida y buscaba la forma de demostrarlo. Siempre se aferró a hipótesis difíciles, algunas imposibles, siempre estaba a punto de encontrar a una nueva Clara y siempre siguiendo una nueva pista que no podía fallar. Muchas veces descreí de muchas de sus casi certezas, pero quién carajo era yo para oponerme la fuerza poderosa de su esperanza?

Aquellas navidades del 2015, cuando creímos por algunas horas que Clara Anahí había regresado, fueron la más extrema amplitud entre triunfo y vuelta al vacío jamás conocida, por un rato habitamos su piel y fue insoportable, por aquellos días escribí:

Hoy termino de entender que ella no es como nosotros los ciegos, nunca lo fue, siempre supo que encontraría la claridad, más tarde que temprano, pero lo haría, mientras nosotros, pobres bajadores de brazos, pensábamos en la derrota sin nombrarla.

Aún más solos y con las manos vacías, sólo nos queda llorarla y continuar la búsqueda de Clara Anahí.

 

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