Chile: Desbordando dignidad

Mariana García y Camila Napiloti / Foto: latinta.com.ar
Hace ya casi un mes, al otro lado de la cordillera, las calles chilenas se empapan de rebeldía al calor de una lucha que estalló para quedarse. La más férrea expresión del neoliberalismo, el país modelo, acabó por prenderse fuego. En medio de la revuelta, afloran por montones las consignas feministas. La vida misma se ha puesto en el centro, es el motor de todos los reclamos, de todos los deseos. Para sentir más de cerca esta lucha y contagiarnos de su potencia entrevistamos a la cooperativa de economía feminista Desbordadas. Ellas nos cuentan de los 30 pesos (años) y de cómo tanta rebeldía hace estallar el corazón.

Chile está viviendo un estallido social con una tonalidad novedosa: las reivindicaciones tienen como centro la reproducción de la vida. ¿Qué aporta la economía feminista para comprender esto?

Nos parece que la economía feminista es fundamental para entender el estallido social chileno. Este se produce por una crisis que se arrastra desde la instauración a sangre y fuego del modelo neoliberal durante la dictadura, modelo que pone en el centro la acumulación de riquezas para unos pocos y la explotación para el resto de las grandes mayorías. La economía feminista nos permite desentrañar qué es lo que realmente se está priorizando hoy en día en la esfera de los mercados y “lo productivo”.

En este sentido, no es casual que el estallido se haya producido por una alza en el pasaje del metro de Santiago. Las condiciones de vida de la población que usa ese sistema de transporte representan bien gráficamente la precarización de la vida de la población: largos tiempos de viaje en vagones hacinados para desplazarse desde la periferia a lugares de trabajo, madres que luego de largas jornadas de trabajo llegan cansadas a sus hogares a cuidar a sus familias, mujeres que se desplazan a barrios acomodados a cuidar lxs hijxs de otrxs. Evidentemente, lo que se prioriza acá no es una vida que merezca ser vivida.

La explicación de todos estos fenómenos y la desigualdad en general en Chile se ha dado desde la ortodoxia económica, desde lo que mayoritariamente se enseña en las escuelas de economía, y que es herencia de un grupo de economistas (hombres en su mayoría) llamados “Chicago Boys”. En este contexto, la economía feminista representa una ruptura con este tipo de análisis, relevando aspectos “ocultos” del mercado como los trabajos domésticos no remunerados y ampliando el espectro de lo que consideramos economía, para así poder comprender mejor ese tipo de crisis donde finalmente lo que está en juego no es nada menos que la reproducción de la vida.

¿Cuáles han sido las formas de avance sobre la vida que instauró el neoliberalismo en Chile? Dicho en la clave de la revuelta, ¿cuáles son los 30 pesos?

En las calles se ha señalado fuerte y claro que no queremos que el mercado siga modelando y precarizando nuestras vidas. El modelo económico neoliberal chileno se ha sostenido en nuestros cuerpos, bajo el alero de una constitución que establece la idea del estado subsidiario, es decir que el estado solo asume aquello que los privados no quieren o pueden hacer. A través de esta constitución impuesta en dictadura, tanto durante el régimen militar como en democracia, los gobiernos han direccionado su actuar a la mercantilización de todos los derechos sociales, entregándole al sector privado y a la banca la posibilidad de lucrar con nuestra salud, educación, pensiones, transporte, entre tantas otros.

En ese sentido, hay una serie de reformas que se instauraron durante la dictadura que hoy se materializan atacando la vida de las personas, haciéndoles ver que la promesa de crecimiento económico y el oasis de la región que suponían algunxs se sustenta en la desigualdad y la explotación de nuestrxs cuerpxs, nuestros trabajos y nuestra tierra. Dentro de estas reformas se encuentra la instauración del sistema de Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), basado en la capitalización individual con administradoras privadas de los fondos que a setiembre de este año sumaban más de 500 millones de dólares en utilidades, mientras las pensiones de gran parte de la población jubilada se mantienen en niveles de miseria.

A esta reforma se suma la privatización y precarización de la educación, problemática que se ha denunciado hace ya más de una década en Chile y que continúa endeudando y segregando el acceso a educación de calidad. Se suma también la privatización del agua, convirtiéndonos en el único país del mundo donde está privatizada. Y la lista sigue con el plan laboral, el sistema tributario, el sistema de salud, la desnacionalización del cobre, el fomento forestal, el sistema bancario y la subcontratación, conformándose así los pilares que sostienen el modelo económico chileno y que son, en resumen, lo que hoy indigna a la población y motiva a salir a las calles por el cambio de la constitución y de las reglas del juego.

A su vez, la respuesta del gobierno a través de su Agenda social no hace más que seguir subvencionado o generando alianzas con los privados para encontrarle una salida a este conflicto. No se redistribuyen recursos realmente, todo es gasto estatal. El capital no retrocede. Tampoco se han pronunciado sobre la desprivatización del agua, porque saben todo lo que les va a enriquecer en un contexto de crisis climática. El saqueo del agua, la explotación de la tierra y la contaminación de los territorios, no retroceden en la agenda social que propone Piñera.

En definitiva, hasta hoy el modelo se mantiene intacto y recién se empiezan a ver luces de cambios a la constitución, mas no a través de los canales que se han demandado. Ante esto, la respuesta ha sido enfática, la apuesta del pueblo sigue en la movilización.

“Nos deben una vida”, decía un graffiti en la sucursal de un banco. ¿Cómo opera la deuda en Chile, donde el sostén de la vida está tan mercantilizado?

El endeudamiento es la realidad de la gran mayoría de los hogares chilenos (más del 82% de las personas mayores de edad). Para la clase trabajadora el acceso y uso de la deuda se hace a través de las líneas de crédito que ofrecen los supermercados y el retail. De esta forma, las personas se endeudan para costear principalmente la comida y el pago de cuentas de luz, agua y gas, así como para pagar otras deudas, generando círculos viciosos de profundo sobreendeudamiento, pobreza y subordinación. Para las clases medias el endeudamiento se da principalmente a través de la banca formal, muchas veces con el estado como colateral, para costear educación, salud y vivienda. Dado que no existe ningún derecho social garantizado y los salarios no alcanzan para llegar a fin de mes, todas las actividades necesarias para sostener la vida están profundamente precarizadas y solo se puede acceder a servicios de calidad si, básicamente, perteneces al decil más rico de la población. Para todo el resto, lo que hay es humillación, explotación y expolio de nuestras vidas.

Todo el sistema económico chileno está estructurado para alimentar el sistema financiero, que a su vez está controlado por capitales extranjeros que deciden con mucha mayor soberanía que el propio pueblo chileno dónde, cuándo y qué inversiones realizar en nuestro territorio. Esto ha provocado que hoy en día tengamos una serie de conflictos sociales a lo largo de Chile como son las “zonas de sacrificio”, esto es, grandes territorios habitados, pueblos y ciudades que deben convivir desde hace décadas con industrias altamente tóxicas, generadoras de cáncer, destructoras del territorio y saqueadoras del agua.

Hoy, una de las demandas principales que tenemos es que el estado deje de ser un ente subsidiario de los derechos sociales, que deje de desviar recursos públicos a empresas privadas, que no se siga permitiendo que jueguen con nuestro dinero en el mercado bursátil como lo hacen las AFP y tantos más. Sabemos que esta demanda pone en jaque el modelo neoliberal y es algo que este gobierno no está dispuesto a ceder, por eso la crisis es grave, y por eso nos están torturando, violando, mutilando y matando en las calles.

Nos llegan imágenes durísimas de la violencia represiva pero también de los múltiples despliegues populares, canciones a mil voces, encuentros en las plazas, consignas pintadas por doquier. ¿Cómo se está tejiendo esta resistencia?

La contracara de la represión terrible y desmedida que se está llevando a cabo por parte del estado y sus fuerzas armadas la vemos en la organización de los territorios. Desde que estalló la protesta en nuestro país, hemos visto con esperanza cómo se han ido organizando los barrios, en un proceso de recuperación de ese tejido social que alguna vez existió, y que fue truncado violentamente durante la dictadura con la imposición sangrienta de este sistema neoliberal salvaje que nos necesita individualistas y autómatas.

En muchísimos territorios han ido surgiendo de manera espontánea asambleas y cabildos, en respuesta a la necesidad urgente de re-conocernos, contenernos y cuidarnos con nuestrxs vecinxs, así como también para hacer un diagnóstico común, discutir cómo es el país que soñamos para nosotrxs y nuestrx hijxs, y comenzar a idear estrategias que nos permitan acercarnos a esos objetivos. Se han levantado asambleas en torno a distintas temáticas, como el feminismo o la ecología, y gremios de audiovisuales, profesorxs, profesionales de la salud, cuidadoras, artistas, solo por mencionar algunos. Ha sido hermoso y sorpresivo el compromiso de tantos vecinos y vecinas con sus comunidades, organizándose en ollas populares, cacerolazos, manifestaciones artísticas, talleres, etc.

A nivel más interno, nos parece que, a pesar del horror que ha generado esta violencia institucionalizada y su impunidad, nuestras vidas están despertando de ese largo letargo en el que nos encontrábamos, algo en nosotrxs ha cambiado y ya no hay vuelta atrás. Ante la precarización de la vida, se ha hecho demasiado evidente lo importante que son las redes de afectos que nos sostienen, y son esos pequeños aprendizajes los que nos reconfortan y nos hacen confiar en que se están gestando grandes cambios. Sabemos que esta es una lucha de largo aliento, pero para resistir la apuesta no puede ser otra que la organización desde las bases en nuestros territorios, y de la mano de los movimientos rebeldes del sur, que luchan por un vivir digno.

En Minervas nos gusta decir que desde el feminismo estamos desordenando el mundo mientras vamos creando mundos nuevos. El desorden en Chile está a la vuelta de cada esquina. ¿Qué mundos nuevos se imaginan y qué es lo que ya están creando?

Nos cuesta verbalizar esta pregunta porque muchas veces parece que esta reflexión está tan lejos de poder decantar, pareciera que nos sentimos atascadas en ciertas demandas específicas. Y sin embargo, hay una fuerza tan potente de querer permanecer en las calles, una inquietud de desobediencia tan inmensa, que no resiste ningún intento de disciplinamiento.

En esta sentida anormalidad que vivimos nos cruza esta emocionalidad desbordada de vernos, de reconocernos. Y nuestros cuerpos se vuelven tan sensibles que vivimos como lo individual se desdibuja y transitamos desde la alegría regocijante de estar unidxs a la angustia de vernos violentadxs cada vez que algún compañerx es atacadx. Así que sí, la revuelta nos atravesó y nos cambió antes de poder decantar una reflexión sobre el mundo que imaginamos, probablemente porque nada de lo que sentimos podemos ponerlo en las palabras de esta matriz civilizatoria que intentó contenernos.

La revuelta parece ser nuestro más sensato horizonte en lo que va. Nuestro territorio fue tan brutalmente aterrorizado y recluido en los hogares, a resolver nuestras precariedades entre cuatro paredes, que la fuerza y el sentido recae en sentirnos unidxs en este panal de posibilidades. En ir desmantelando uno a uno nuestros mayores temores, viendo cada día más espacios articulandose, trabajando, no por dinero ni beneficio personal como nos decían, sino para construir este nuevo proyecto donde la vida merezca la pena ser vivida.