CNI – EZLN: crecer la organización, desmoronar el poder # 2

Paulino Alvarado / Foto: Eric Lazo
Una realidad innegable en este dolido y rabioso país es el inmenso descrédito en el que la arena política y sus actores están sumergidos sin visos de redención cercana. ¿Apáticos, apolíticos, escépticos, resignados? Suelen ser los epítetos que desde arriba se reparten, por no seguirles, a quienes hacemos cotidianamente estas tierras. Y sobre los señores del capital pesa la misma desconfianza e incredulidad; podrá haber quien les acepte sus dádivas y limosnas, pero eso no quiere decir que les creen, les quieren, les respetan, les confían. El centenario gesto silencioso del indio que las clases altas siempre han visto con temor, hoy se repite en los rostros que -ilusamente- mestizos se llaman porque no miran las prácticas que les dan sustento.

Yo sí recuerdo.
Akil Ammar – YO NO VOTÉ POR TI

la muerte se ha regado por toda la pradera,
a aquel que la ha sembrado, qué le espera.

Silvio Rodríguez – QUIERO CANTARTE UN BESO

 

La Crisis del poder en México. Mirando el arriba que nos oprime

Pueden mencionarse un conjunto de elementos, que den un panorama de la situación contemporánea del poder, en el que CNI y EZLN se plantean irrumpir como fuerza convocante a la organización.

La rendición de la clase dominante (empresarios y políticos en conjunto) a construir una vía soberana para el crecimiento de su capital, que afianzase un Estado – nación es uno de esos elementos. En otras palabras, la ficción del capital nacional y por lo tanto la ficción del desarrollo y todas las promesas que se nos ofrecen como bien para la nación. Las consecuencias abajo, son un país en donde una persona que es pagada con el salario mínimo debiera trabajar casi 52 horas para poder adquirir la Canasta Obrera Indispensable1; donde el tiempo de trabajo necesario de  los trabajadores para obtener su salario no supera la media hora inicial de la jornada, dejando todo el resto del tiempo laboral como ganancia para el patrón o empresa; donde al campesino le sale más paga de sembrar para el narco que de cultivar alimentos para el pueblo.

El desprecio de quienes arriba son, por las personas, por el suelo, las aguas y los cielos que los sustentan cada día, marcha de la mano de esta humillación militante hacia la lógica transnacional del capital. Los proyectos de destrucción, despojo y muerte que el CNI resiste y denunció en el comunicado conjunto, son resultado de esta vocación inmediatista de la clase dominante mexicana y su vergonzante conformismo con ser los flamantes gerentes del negocio. Siendo el desprecio por el medio biótico que nos sustenta; por las culturas que nos alimentan y por la vida en general, el signo de los tiempos, no parece mera casualidad la creciente violencia machista y feminicida que asuela al país. El ataque a la naturaleza, la cultura y el cuidado de la vida, se extienden también hacia quienes históricamente han sido asociadas con estos elementos: las mujeres; a quienes de igual forma se les cosifica y trata de prescindibles, disminuyéndolas al burdo papel de meros satisfactores pasajeros. Sólo entre 2013 y 2015, la cifra de feminicidios llegó a aproximadamente 6,500 mujeres; 7 mujeres asesinadas cada día2.

El territorio nacional y quienes en él viven no somos para ellos sino mercancías dispuestas a ofrecerse ya no al mejor postor, sino al más inmediato comprador a precios de ganga. La andanada de reformas constitucionales que ponen a disposición de cualquier afán privatizador todo, absolutamente todo, es la muestra más palpable de ello: bioprospección, manipulación genética, privatización de tierras y aguas, energía, minerales, salud, trabajo, educación, alimentación, la ya mencionada contrarreforma indígena... todo. La decidida connivencia con el capital ilegal que les garantiza la paz de los negocios y les brinda expansión transnacional, es otra muestra más. Y esto lo sabemos porque lo sentimos en la piel, lo vivimos cada día en la vida y en la muerte.

Arriba no hay proyecto nacional, ni siquiera hay capital verdaderamente nacional pues sus proyecciones y conexiones están puestas en otro lado. La matriz colonial que siempre ha habitado en quienes buscan dominar este país sigue tan viva como siempre; sin importar si vienen de familias de abolengo extranjero -tan cuidadas en sus lazos endogámicos por generaciones- o si son gente que, de abajo, suspira por dominar al dominador para sustituirlo arriba. Desgraciadamente para sí, a ojos de los verdaderos mandones del mundo, quienes forman parte de la clase dominante, llevan tatuada la marca de la tierra que desprecian: lo notan en sus ademanes ficticios, en su pretendida modernidad, en sus torpes pantomimas que emulan las maneras del blanco occidental hasta el exceso, en sus balbuceos de lenguas que no terminan por conocer, en su voluntad de ser otros sin aceptar lo que históricamente son. Y ante esa mirada, como simples gerentes ante el consejo de accionistas, se agachan y maldicen su suerte por ser mexicanos, al tiempo que extiende las manos para -en gesto a un tiempo paradójico y folclorizante- ofrendar alguna de las artesanías de los pueblos que desprecian.

En cuanto a la clase política en específico, ésta se halla desfondada producto de sus propias bajezas y contradicciones. 1994 fue un año bisagra para el camino que la política institucional ha seguido; ahora, con la distancia, es posible afirmarlo. La borrachera neoliberal que campeaba en suelos mexicanos, hastiada de su propia sensación de triunfo indetenible, se vio súbitamente frenada a partir del alzamiento zapatista. Y no por el accionar único del EZLN sino por la renovada decisión de lucha y resistencia que se esparció en múltiples grupos y territorios, impulsada por la esperanza que el alzamiento irradió. Este hecho aceleró las propias contradicciones en el grupo en el poder -particularmente en el Partido Revolucionario Institucional (PRI)- y precipitó su decadencia.

Ajustes de cuentas, desconfianza, asesinatos, traiciones entre los capataces de la finca nacional, dieron como resultado la necesidad de ceder el timón a la derecha confesional y empresarial del Partido Acción Nacional (PAN), otorgándole el mando por 12 años (2000 – 2012) en que no hizo sino confirmar y acrecentar el descrédito ante una sociedad del poder cada vez más impermeable a los anhelos de dignidad de los pueblos de abajo. Permanentes pugnas partidistas; la fragmentación del país en feudos de poder gubernamental; desgobierno; corrupción creciente; incapacidad en la gestión de la cosa pública, demostraron que tampoco era en el partido clérico – empresarial donde habría solución a la injusticia cotidiana. El resultado fue una pérdida mayor de la credibilidad que acrecentó la decisión de luchar y rebelarse desde abajo y que dificultaba el logro de los objetivos de los capitales en suelos mexicanos. Arriba, la respuesta a partir de 2006 fue la guerra genocida contra el pueblo en general; guerra que hasta la fecha ronda los 200,000 muertos, decenas de miles de desaparecidos, masacres, mercantilización de los migrantes, trata de mujeres,  una cantidad indefinida de personas torturadas y una zozobra permanente en quienes viven con miedo o con el recuerdo de quienes les faltan.

Mientras tanto, la izquierda electoral fue desdibujando las características que le habían llevado a representar a grandes sectores del pueblo mexicano. En los años que corren de 1994 a la fecha, la forma de gobernar de sus representantes se ha radicalizado... por la derecha: privatizaciones, despojos y expropiaciones a los pueblos en las regiones en las que tienen el mando político; condicionamiento de programas sociales a apoyar las campañas del partido o al gobernante en turno; represión, muerte y cárcel a quienes luchan abajo sin plegarse a sus designios; desdén a la prole; colaboración o franca integración con los circuitos del capital ilegal y asesino -como dejó claro el caso del alcalde de Iguala en el caso Ayotzinapa-; integración en sus candidaturas de quienes en el pasado fueron represores y asesinos de sus propios militantes. La autodenominada izquierda arriba es como la derecha, mas disfrazada de bellas palabras, diseño de imagen y dádivas sociales.

A esto hay que sumar su propia incapacidad para defender sus triunfos presidenciales, claudicando en la defensa de la decisión popular 4 veces (1988, 1994, 2006 y 2012) y agachando la cabeza ante los fraudes consumados; a veces incluso pactando con quienes orquestaron el robo electoral. La izquierda arriba ha sustituido la formación de cuadros -si es que luchan por la toma del poder- por los egresados de mercadotecnia; el trabajo de base por los estudios de percepción pública; la creación de una vida pública digna por la privatización de los espacios públicos para su entrega a la sociedad del mercado y el espectáculo.

Como consecuencia primera, la ruptura definitiva de alianzas entre grupos de interés, la disminución del mercado electoral y la pulsión por evitar los daños de imagen llevó al desgajamiento del Partido de la Revolución Democrática (PRD), la desaparición de los minipartidos y la formación del Movimiento Regeneración Nacional (MORENA). Como consecuencia segunda, los partidos que arriba se reivindican de izquierda sufren la crónica inexistencia de candidatos reconocidos y creíbles. Su descrédito no es gratuito ni es producto de la propaganda negra en su contra. Ellos lo han sembrado, ellos lo cosechan.

Hoy día aún se empecinan en buscar culpables por sus propios fracasos, como es el caso de culpar “al zapatismo y sus seguidores” de las derrotas en 2006 y 2012. Es un esfuerzo estéril, aunque la mentira les sea útil, simple y llanamente porque no perdieron: ganaron dos veces en la disputa electoral presidencial y no quisieron defender a cabalidad el triunfo. Primero por miedo a la indignación y decidida voluntad insurgente del México plebeyo que podía desbordar el control partidario, cómo aclaró el propio candidato años después. La segunda ocasión, porque querían preparar las condiciones para el monopolio de los simpatizantes en la creación de un nuevo partido, con esperanzas de ser aceptados por el gran capital 6 años después.

Desde luego, este conveniente olvido les sirve para no hacerse responsables de sus decisiones. Mas en esa elección de editar su propia historia terminan por traicionarse a sí mismos, por escamotearse el lugar que por derecho les corresponde en la historia: el de haber representado exitosamente una alternativa para quienes confían aún en la democracia representativa, al grado de haberles llevado al triunfo dos veces consecutivas. Al decir que fueron derrotados y no que ganaron pero les hicieron fraude, hay una negación explícita de la vocación de libertad y lucha que cada uno de esos triunfos han significado para el pueblo mexicano que confió en ellos como catalizadores de sus esperanzas. En el olvido elegido, deciden claudicar a la lucha que dicen representar; se venden a sus propios intereses de grupo; se traicionan al mentirse.

Arriba todos dudan de todos, la desconfianza cunde pues son tantas las complicidades que al primero que caiga, la cadena puede ser indetenible. Cada vez son más frecuentes las acusaciones y juicios a los gobernadores de los estados por malversación, por corrupción con empresas legales o por ligas criminales; gobernadores pertenecientes a todos los partidos. Y así, buscan legitimidad.

Ayotzinapa como síntesis y síntoma

“Vivos se los llevaron, así los queremos: VIVOS.”
 

El terrible caso que hoy mantiene ausentes a los 47 estudiantes de Ayotzinapa, víctimas de la violencia estatal, es un símbolo -entre otras cosas- porque condensa la lógica de la guerra antes mencionada. En ella, las desconfianzas entre los integrantes de la clase en el poder desaparecen: complicidad entre fuerzas policiales y paramilitares en coordinación, con conocimiento por parte del resto de las fuerzas armadas de lo ocurrido; omisión cómplice por parte de empresarios de la región; rastros de colaboración entre empresas legales e ilegales en el móvil de la violencia; participación en el hecho y en las decisiones subsecuentes de políticos de todo el espectro -especialmente, en este caso, de la izquierda- en todos sus niveles; cierre de filas en torno a versiones falsas; paulatina desaparición del tema en medios; criminalización, desdén y desprecio a quienes luchan por las víctimas; tortura, muerte, desaparición.

Ayotzinapa nos muestra de cuerpo entero una realidad más general: una violencia organizada en la que participan por igual todas las instituciones armadas del estado que representan el “monopolio de la fuerza” (ejército, marina, policía federal, policías estatales, gendarmería), más los grupos armados del narco y las organizaciones paramilitares. La complicidad que desnuda es la corroboración de la ausencia alguna de límites entre capital legal, capital criminal y clase política. El grado de brutalidad e inhumanidad en el hecho y el trato hasta a la fecha, es una imagen clara del destino de menosprecio y muerte que para el abajo se oferta en realidad.

Frente al ataque, el asesinato y la desaparición, primero la desatención y la confusión. Después, PRI y PAN se apresuraron a condenar las manifestaciones; los gobiernos federal, estatal y municipal corrieron a fabricar la mentira y el infundio; el PRD procuró esconder su complicidad y deslindar a sus participantes en el terror; MORENA guardó un vergonzante silencio mientras calculaba los efectos de hablar o callar; no hubo capitalista de peso en lo individual, cámara comercial o consejo empresarial que saliera a condenar los hechos; tampoco hubo medio comercial que buscara generar una información confiable e independiente. Fue la fuerza de los familiares y estudiantes primero, y después la de millones en las calles, lo que logró afirmar la verdad y desnudar la brutalidad.

Ayotzinapa sintetiza los miles de muertos y desaparecidos, la injusticia cotidiana, el racismo colonial, la repulsión de clase, la vocación de muerte. Pero es también un síntoma en la difusión de su lucha por justicia y verdad en el país y el mundo entero. Es el indicio de una sociedad que no está dispuesta a ser asesinada y humillada impunemente; que no acepta dádivas y limosnas a cambio de sus hombres y mujeres mancillados; es un rostro en alto, una mirada húmeda, un puño cerrado, un silencio que condena; una rabia compartida, la dignidad que se levanta, la voluntad de vivir.
 

Emergencia de la lucha social

¿Dónde está mi generación?¿En la sangre?...
¡¡Fuera de tus venas!¡Este ya no es tu país!!

Real de Catorce- PATIOS DE CRISTAL

 

Frente a este panorama, en estas últimas décadas en México se ha asistido al crecimiento constante de las movilizaciones sociales independientes, no dirigidas, “espontáneas”, plebeyas y -sobretodo- no capitalizables. Los estrechos y frágiles senderos de la democracia representativa son continuamente desbordados e incluso desconocidos por los peatones que deciden dejar los senderos prefabricados y andar, correr, manifestar la plena decisión de crear democracia, justicia y libertad colectivas.

Tomando algunas de las movilizaciones más significativas de esta última época, puede trazarse una ruta temporal preliminar, a partir de las manifestaciones en apoyo al EZLN que comienzan en los albores de 1994 y se extenderán de manera constante hasta 2001. En realidad, podríamos extender esta forma de la lucha social hasta 1988, momento en que surge un multitudinario movimiento social frente al gigantesco fraude electoral del que se consolidará el neoliberalismo en México y contra el que surgirá el PRD. Mas es 1994 el momento en que se desatará este flujo de participación social por fuera de las vías clásicas de convocatoria y organización. Con el paso de los años cada uno de estos movimientos ha ido cultivando la herencia de los precedentes y creciendo en participantes. Herencia difusa en la conciencia política de la sociedad mexicana que ha ido socavando la credibilidad en un poder que ya no se representa ni a sí mismo. Tenemos así, una ruta donde encontramos al movimiento estudiantil y la huelga de la UNAM (1999 – 2000); la insurrección de los pueblos oaxaqueños (2006); las manifestaciones de apoyo al Sindicato Mexicano de Electricistas (2009). Momentos en los que un hilo común es la participación masiva de la población sin una filiación orgánica clara, mas una disposición a la afirmación de la dignidad. A partir de este año, veremos una inflexión en la que las manifestaciones tienden a ser cada vez más masivas, dispersas y simultáneas en el territorio nacional, permitiendo incluso la expresión de sectores que por la violencia y acoso en sus regiones no habían podido siquiera alzar la voz. Vinieron en esta ruta, el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (2011); el movimiento #yosoy132 y las manifestaciones contra la imposición de Peña Nieto(2012); las manifestaciones por la justicia de Ayotzinapa (2014 – 2016); el movimiento magisterial independiente contra la reforma educativa(2016). Todos, movimientos multitudinarios, capaces por su propia inercia, de convocar solidaridad y manifestaciones públicas en ciudades y pueblos del país donde prácticamente no se observaba respuesta ante el constante ataque contra las condiciones de vida de la población.

Además, están los crecientes esfuerzos por construcción de autonomía que se despliegan a todo lo largo y ancho del país. Colectivos de economía social, cooperativas de producción, grupos de contra-cultura; iniciativas de agroecología, movimientos por vivienda urbana y vida digna, asociaciones de consumo responsable; autogobiernos comunitarios, defensa del territorio entre otros. Algunos de los más relevantes de estos procesos de autonomía forman parte del CNI y son un referente nacional e internacional en lo referente a cuidado del territorio, defensa frente a megaproyectos, regeneración del tejido social, memoria cultural y gobierno. Por eso los atacan.

El hoy

Aquí se respira lucha.
Calle 13 – LATINOAMÉRICA

Es verdad que la ofensiva que se vive en el territorio que se llama México, es inaudita. No se tiene memoria de un ataque así por su magnitud y simultaneidad. Hay una urgencia arriba por imponer todos los planes que, con el alzamiento e insurgencia surgidos en 1994, quedaron truncados en la destrucción / reorganización capitalista que el neoliberalismo tenía como destino para México. La resistencia abajo, ha sido tan tenaz como inhumano el incesante ataque a los pueblos. De esta confrontación, una de las consecuencias es el descrédito de la clase dominante. Así, la intensidad de la violencia estatal y paraestatal, puede entenderse como directamente proporcional al descreimiento y la crisis que sufre. Descreimiento en la política liberal, descreimiento en el estado mexicano, descreimiento en la relación laboral capitalista como forma de solución a la injusticia social.

Amnésicos nos quieren, carentes de memoria e historia; subordinados a las modas pasajeras que nos imponen; humillados ante su poder nos quieren, muertos en vida, indignos nos quieren. Muertos en muerte nos quieren; sin embargo, abajo no olvidamos.

Arriba cada vez están más sumidos en una vorágine de corrupción, criminalidad y vilezas que son el pan cotidiano de la prensa, evidenciando la absoluta fusión entre capitales legales, ilegales, clase política y grupos gobernantes. La búsqueda actual de la clase política y empresarial por construir un consenso mediático y medidas de control político electoral a la crisis de gobernabilidad, son simples pantomimas con las que quieren dar atole con el dedo a la sociedad que sufre sus desfiguros, decisiones, desatinos y ambiciones. Su margen de maniobra es ínfimo, están parados sobre la cabeza de un alfiler. para limpiarse la cara y lavarse el descrédito (aunque sin mucha convicción) buscan modificaciones que den idea de democratización, apertura, inclusión.

Como maquillaje al rostro desfigurado del poder y el circo electoral, proponen ahora segundas vueltas electorales; gobiernos de coalición; porcentajes de representación, como antes propusieron las candidaturas independientes. Y es tan pequeño su espacio de movilidad que no los desbarranque, es tan grande el repudio que han cosechado, que es posible que por ese resquicio se les cuele la indiada, la plebe, los nadie, para desarticularles el teatrito, para evidenciarlos, para ayudar a desmoronar el poder.

Colofón: un no final

Siendo que estamos, ante la propuesta de CNI y EZLN, en el momento de la escucha, considero conveniente mirar y escuchar a los propios delegados del Congreso Nacional Indígena contar sobre este paso en proceso XX Aniversario Congreso Nacional Indígena
 

 



1  Según datos del Centro de Análisis Multidisciplinario. UNAM. Noviembre 2015. Fuente: http://cam.economia.unam.mx/reporte-de-investigacion-122-mexico-se-agudi...

2Fuente: http://www.economiahoy.mx/nacional-eAm-mx/noticias/7406635/03/16/Siete-m...