Colombia: vivir en riesgo extraordinario

Julián Berenguel / Foto: Geraldine A. Ruíz
Desde la firma del acuerdo de Paz, en noviembre de 2016, 777 líderes y lideresas sociales fueron asesinados en Colombia. Adriana Porras, enfermera de profesión, lideró un proceso que permitió que mujeres víctimas de violaciones se animaran a denunciar a exparamilitares y que varios de ellos sean condenados. Hoy vive en “riesgo extraordinario”: se mueve a todos lados en un carro blindado custodiada por la policía. Asegura que los paramilitares siguen activos en la región de Sincelejo, en el noroeste del país, donde ella vive, y que son responsables de la mayoría de los crímenes.

 

Desde la firma del acuerdo de Paz, en noviembre de 2016, 777 líderes y lideresas sociales fueron asesinados en Colombia. Adriana Porras, enfermera de profesión, lideró un proceso que permitió que mujeres víctimas de violaciones se animaran a denunciar a exparamilitares y que varios de ellos sean condenados. Hoy vive en “riesgo extraordinario”: se mueve a todos lados en un carro blindado custodiada por la policía. Asegura que los paramilitares siguen activos en la región de Sincelejo, en el noroeste del país, donde ella vive, y que son responsables de la mayoría de los crímenes.

En su casa, Adriana explica los riesgos que enfrentan actualmente los líderes sociales en Colombia para llevar adelante su trabajo.

¿Cómo explican los crímenes de líderes sociales, le atribuyen alguna causa o autoría?

Atreverse a hablar acá en Colombia ya es un delito. Aunque salga el gobierno diciendo que defienden a los líderes sociales y se han implementado muchas políticas a favor. El solo hecho de decir que acá existen grupos paramilitares o que hay abusos de poder de la fuerza pública ya es un motivo para sentirse amenazado. Hay una cosa fregada aquí en Colombia y es que mucha gente corrupta está dentro de nuestras élites.

¿Cuáles son los peligros que enfrentan?

Yo tengo riesgo extraordinario: tengo medidas de seguridad, carro blindado, dos hombres de seguridad de la policía. Y eso es contradictorio, porque me están brindando la seguridad, pero también podría decir que me están limitando mi actuar. Hace dos años no puedo ejercer mis labores como lo hacía antes. Tengo un esquema de seguridad por todos los procesos de violencia sexual. Pero a los amigos míos que ejercen el derecho y piden seguridad, el grupo encargado de estudiar sus riesgos les puede decir “usted tiene un riesgo ordinario, usted no amerita porque aquí ya no tenemos paramilitares”. Sin embargo, nosotros sabemos que existen y que nos conocen. Además de eso, nosotros tenemos unos conflictos internos muy fuertes en el país por la lucha de nuestra tierra. Los campesinos que son restituidos tienen a los paramilitares ahí mismo. O al que los despojó, que no es lo mismo. Si usted es defensor de los desplazados y está luchando por unas tierras, usted está expuesto completamente. El problema del conflicto armado es lo que el gobierno quiere mostrar afuera. Otra cosa diferente es lo que se vive en el territorio. Nosotros vamos a seguir peleando por nuestras tierras. Es lo único que nos queda. Las poblaciones vulnerables donde están los grupos armados son poblaciones de gente pobre. De gente campesina, gente indígena o gente negra. Las grandes élites están en la ciudad.

¿Hay alguna evidencia de que paramilitares hayan sido responsables de asesinatos de líderes sociales?

Hay evidencias de que hay grupos paramilitares en nuestra región, que nunca se desmovilizaron completamente. Y que siguen delinquiendo desde las cárceles, siguen mandando, siguen teniendo alcaldías, siguen teniendo gobernaciones, siguen siendo los que están en los senados tomando decisiones. Y hasta presidentes.

No cambió la estructura de poder.


No va a cambiar. Entonces para uno es difícil creer en un cambio verdadero de paz, de transformación. Porque nosotros a la larga lo que queremos es la paz, la transformación. Y sabemos que la paz no la hace ni la FARC ni la hizo el presidente Santos. La paz es algo más íntimo de la conducta de cada colombiano. Pero esas conductas corruptas que tenemos dentro de la gente que sí puede lograr cambios excepcionales en nuestro país nos deja mucho que desear.

¿Quién está interesado en matar a los líderes? ¿A quién le favorece matar líderes? Los líderes denunciamos, defendemos a la gente que no tiene cómo defenderse, somos las voces de los que no hablan. Somos como los pañitos de agua tibia para las víctimas que están en las zonas rurales, en las comunidades. Somos los que les metemos el hombro a toda esa población grande de nuestro país. Pero sin embargo siguen matando líderes. ¿Y a quién le interesa que los líderes se callen? ¿A las guerrillas? ¿A los paracos? ¿O a los que quieren la riqueza de nuestro país? Yo diría que la guerrilla no mata líderes. Porque a nosotros la fuerza pública nos tilda de guerrilleros, y hasta el mismo gobierno.

Es una confusión de concepto.

Yo no creo que sea tanta confusión, yo creo que es la estrategia perfecta para aniquilar a los líderes. Lo que más nos ha favorecido es el blindaje que tenemos todos los líderes, nos conocemos todos. Hasta hemos aprendido que ya ni siquiera denunciamos, sino que simplemente salimos a caminar, porque es la única forma de que no nos callen definitivamente. Salir a marchar, hacer denuncias y demandar algún artículo de la Ley de Víctimas. Cuando nos matan un compañero, salir a protestar. La cooperación internacional ha sido clave. También creo que ha sido clave tener aliados dentro del Congreso. Gente honesta, en la que uno puede confiar, que veinte años atrás no teníamos.

¿Qué otras medidas de seguridad toman para cuidarse entre los líderes?

Las medidas de protección son las medidas de autoprotección que se generan alrededor de las redes. No todo el mundo en este país tiene la posibilidad de tener un esquema de seguridad. Yo tengo esquema de seguridad porque tuve dos atentados, porque yo estaba en un proceso de litigio con fiscalía en diez casos de violencia sexual. Conozco líderes que no tienen ninguna clase de protección. ¿Entonces cómo hacemos? A veces cuando nos vamos a trasladar o hay una reunión, nos contactamos. No es permitido en mi esquema de seguridad, en mi vehículo, transportar gente, pero cuando yo sé que hay un líder en peligro, ahí va.

Los líderes que en este momento más peligran son los líderes de tierra. Son esos líderes a quienes restituyeron sus tierras o aún están en proceso de restitución, y los grandes empresarios lo que quieren es la tierra. Porque lo que pelean es la tierra, por las diferentes riquezas que pueda tener el territorio donde están. Han habido asesinatos, han habido casos donde ya les restituyeron la tierra y a los tres días mataron a la gente. Ellos no van a dar el brazo a torcer, porque para eso los desplazaron, para quedarse con las tierras.

¿Cómo analiza el proceso de Paz de 2016 de la presidencia de Santos?

Yo voté por Santos. Y yo decía “yo voto por Santos pero no es santo de mi devoción” (risas). No solamente por el hecho de haber sido ministro de Uribe. Todas las ejecuciones extrajudiciales que se dieron en nuestro país, todos los muchachos que murieron y los hicieron pasar por guerrilleros para ellos poder dar unos reportes excelentes para que les pudiera seguir llegando su platica pa’ la guerra. Y aunque nos duela a los muchos para los que Santos no es santo de nuestra devoción, sí tenemos que agradecerle ese proceso de paz.

Tenemos que agradecérselo porque la FARC no está tirando plomo, la FARC está en la arena política. Y ahí usted elige. Yo a Santos le doy las gracias como colombiana por haber hecho realidad ese proceso. Ese golpe del plebiscito, del “no”, fue un golpe duro. Las personas que anhelábamos tanto la paz jamás nos imaginamos ese “no” ganador, fue desastroso porque, ¿cómo la gente podía estar tan equivocada? Es que usted en su casa, ¿qué quiere? Paz. Si usted tiene un enfrentamiento en su casa, usted busca la paz. Cuando ganó el “no” el plebiscito fue un mensaje clarísimo: queremos seguir en la guerra.

 

Publicado en Cosecha Roja