Críticas y alternativas al desarrollismo

Martín Delgado Cultelli
Diálogo entre tres corrientes teóricas y filosóficas distintas. Dentro de las críticas y propuestas utópicas de superación al desarrollismo vemos tres corrientes claras que provienen de tres tradiciones teóricas y filosóficas distintas y a la vez provienen de tres sujetos distintos. Estas propuestas de superación al Desarrollismo son: el Postdesarrollismo, el Antidesarrollismo Libertario y el Buen Vivir. Entablaré un diálogo entre estas tres corrientes.

El postdesarrollismo proviene de la influencia del postestructuralismo y del postcolonialismo. El antidesarrollismo libertario proviene de la tradición anarquista. Y el Buen Vivir esta basado en las distintas tradiciones filosóficas de los pueblos originarios de América. A su vez se puede ver como el postdesarrollismo proviene de los sujetos catalogados como “criollos” y/o “mestizos” en América Latina (tiene una reivindicación del mestizaje, la heterogeneidad y la mezcla tecnológica y cultural). El antidesarrollismo libertario proviene de la tradición crítica pura y dura de Occidente. Y el Buen Vivir es la respuesta de los pueblos indígenas frente a la deriva del modelo del desarrollismo occidental.

Es importante el diálogo entre estas tres corrientes por representar sujetos y tradiciones teóricas y filosóficas distintas. Es interesante ver como desde distintos sujetos y desde distintas tradiciones se llega a postulados en común y a críticas generales. Es así como uno puede ver que la crítica al desarrollo no es solo una “cuestión de indios”, ni tampoco desde sujetos y regiones donde las fuerzas productivas capitalistas no están plenamente desarrolladas, sino incluso desde la misma Europa hay cuestionamientos y propuestas alternativas a este modelo hegemónico.

Un rasgo en común es que las tres corrientes ponen como eje central a la naturaleza y al territorio. En ellos es donde se visualiza más evidentemente los efectos destructivos del capitalismo y es justamente en ese espacio donde se debe disputar poder al desarrollo. El postestructuralismo habla de cómo la división “Modernidad-Tradición” y de “Hombre-Naturaleza” propios del pensamiento cartesiano y del ideal del progreso (una de las bases del discurso desarrollista) han tenido efectos nocivos en los países y regiones del tercer mundo. La quimera del desarrollo termina provocando etnocidios y ecocidios en los países del sur. Por su parte el Buen Vivir plantea que el desarrollo occidental ha provocado el desequilibrio entre los seres humanos y la naturaleza y entre los propios seres humanos. Es por ello que se vive en sociedades desiguales, donde prima la violencia y se depreda terriblemente a la naturaleza. El antidesarrollismo libertario en sus planteamientos habla de cómo la expansión del capital genera la apropiación y destrucción constante de territorios. Estos pueden ser rurales o urbanos (la expansión del capital sobre el territorio puede ser desde la expansión del monocultivo en regiones rurales hasta la destrucción de barrios históricos en las urbes para construir shoppings y/o condominios modernos).

En sus concepciones culturales/étnicas estas corrientes hacen en general una reivindicación de la pluralidad y de las subjetividades alternativas a las hegemónicas del capitalismo occidental. El antidesarrollismo libertario plantea el tema de las “subjetividades autónomas”, la búsqueda de las rupturas subjetivas con la cultura de masas (consideran que ese fue el fracaso del potencial revolucionario de la clase obrera en la era postfordista) e incluso con el discurso hegemónico de la participación social en el Estado de Bienestar (hay un rechazo a la “ciudadanización”). El Buen Vivir hace una reivindicación de la diversidad cultural y de las tradiciones ancestrales. El Postdesarrollismo hace una reivindicación de la “hibridación cultural”, justamente en el sentido de que la división “Modernidad-Tradición” no sirve para entender a Latinoamérica, se plantea el hecho de que los grupos subalternos (en especial indígenas y campesinos) pueden incorporar elementos tecnológicos de la modernidad sin dejar de lado su identidad y usar eso para luchar por su auto-determinación (pone el ejemplo de cómo los kayapó de Brasil utilizan cámaras de video para defender sus territorios y en este mismo sentido se puede entender el movimiento zapatista). Sin embargo siempre plantea que deben ser los propios pueblos y grupos los que determinen que elementos aceptar y que elementos no aceptar.

En su visión de accionar político y social el Buen Vivir esta basado en la simplicidad del tiempo y el espacio, en articulación con la pluralidad. Una de las bases del desarrollo occidental es la creciente aceleración de los tiempos y espacios (por eso la vorágine de las vías de comunicación) y la visión del aumento y la masificación En este sentido se plantea volver a los tiempos de antes, los de los seres humanos y los de la naturaleza, y romper con la lógica de la masificación de los individuos y de la producción. Se plantea una producción basada en los tiempos y recursos del propio territorio de uno (rompiendo con la lógica de la globalización de consumir productos hechos con recursos de todo el mundo) y a la ves la articulación con otros sujetos y territorios (no se plantea el aislacionismo) plurales. El antidesarrollismo Libertario plantea la formación de comunas (rompiendo con la lógica de la propiedad privada, base del capital) territoriales (rurales o urbanas, aunque se privilegian las rurales) y una articulación entre ellas. El postdesarrollismo plantea la defensa de lo local (el territorio de cada uno) y la articulación con lo global (hay un planteamiento de movimientos globales altermundistas).

Las tres corrientes plantean romper con la concepción de que el crecimiento económico va a solucionar los problemas sociales y ambientales. En ese sentido hay una propuesta de sociedades de “Crecimiento cero” o de “No crecimiento”. Para el Buen Vivir, el crecimiento guarda en sí la concepción lineal del tiempo, la acumulación y la desigualdad entre los propios individuos de la sociedad y la consiguiente depredación de la naturaleza. Para el antidesarrollismo Libertario, el “crecimiento económico” significa acumulación y por lo tanto, jerarquización de la sociedad que deviene en autoritarismo.
 

¿Hay alternativas al desarrollismo en Uruguay?


Plantear alternativas al desarrollo en el Uruguay es sumamente complejo y difícil. Esto se debe en gran medida a que el gran proyecto político, social y económico que influye en la mayoría de las relaciones sociales y políticas en el Uruguay, el batllismo, es un proyecto desarrollista. Nos acostumbramos a pensar que el desarrollo debe ser la meta social y política del país. Sin embargo entender al batllismo como un proyecto temprano de desarrollismo nos hace interpelarnos como construcción social. A la ves que puede servir para entender ciertos procesos de resistencia en la historia (¿la guerra de 1904 es un movimiento antidesarrollista?).
En este sentido ciertos procesos sociales de reivindicaciones de raíces indígenas, campesinas y locatarias se pueden ver ya no solo como un cuestionamiento a los meta-relatos construidos por el batllismo sino como cuestionamiento a los proyectos desarrollistas actuales. También es importante volver a decir que la crítica al desarrollismo no es solo una “cuestión de indios” sino que en el propio ceno de la civilización occidental surgen críticas. La alternativas al desarrollo no serán ni calco ni copia de la de otras regiones, a la ves que son procesos en plena construcción.

Los movimientos sociales y populares que resisten, se rebelan y plantean alternativas al desarrollo y a la “colonialidad global del poder” se caracterizan por “la igualdad social de individuos heterogéneos y diversos, contra la homogeneizante y desigualante clasificación e identificación racial/sexual/social de la población mundial” (Quijano, 2014).

Esto nos hace pensar. ¿Cuáles son los movimientos sociales actuales del Uruguay que cuestionan al desarrollismo? Cuestionar al desarrollismo y/o buscar el Buen Vivir en nuestro territorio va a suponer subvertir todas las instituciones y sistemas de pensamiento que han hegemonizado el país.

 

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