Cuando Viglietti estuvo en mi celda. Por Roberto Caballero

Un día pasó una revista con noticias del mundo. En papel satinado y una fotos maravillosa, con un artículo muy bueno sobre Méjico. Una de las fotos era de un quiosco en alguna ciudad mejicana, parecido a los que todavía quedan en las plazas de 18 de Julio, repleto de diarios y revistas. Como los presos tenemos mucho tiempo y para todo, me puse a mirar (tenía muy buena vista todavía) cada diario y cada revista y para mi asombro en la tapa a todo color de una revista la foto chiquitita del entrevistado, Daniel Viglietti con su clásica postura, la guitarra en bandolera.

Inmediatamente marqué la página porque la revista iba a dar la vuelta en todo el piso, otros 99 compañeros iban a leer el artículo y manosear la página, la marqué para que ningún otro compañero la tocara. Al cabo de un tiempo, luego de dar toda la vuelta a la planchada la revista cayó en mis manos nuevamente.

Recorté la foto del quiosco, la quiosquera estaba muy linda, además. Hice un sencillo cuadrito y la pegué en la cartulina que teníamos en la pared. Pasamos, a lo largo de años, cientos de requisas, los milicos miraban la cartulina y nunca prestaron atención a la foto del quiosco.

Al entrar a la celda lo miraba a Viglietti y pensaba, gracias Flaco. Resistimos muchos años juntos. Esta anécdota la conté ya liberado, trabajando en el banco Pan de Azúcar a un compañero. Viglietti tenía Plazo Fijo. Una tarde veo que este compañero se me acerca con el Flaco, me presenta y me dice... contále lo de la foto.

Cuando terminé este relato, veo que Viglietti estaba emocionado, me abrazó en silencio y quedamos en encontrarnos con su guitarra en alguna comida. Cosa que se concretó poco después en la cantina Vasca Pacharán y conversamos toda la noche. ¡Gracias por la fuerza que me diste en todo ese tiempo, gracias Flaco!!