CyberPunk 2020

Martín Delgado Cultelli / Foto: Zur
¿Cómo explicarle a alguien de mediados de los 80 del siglo XX (o sea, hace más de 30 años) el 2020? ¿Y a alguien del 2005? ¿Cómo explicar a un militante de la época en que todavía existía la Unión Soviética el mundo contemporáneo? ¿Y a alguien de cuando el progresismo latinoamericano recién triunfaba? ¿Cómo nos explicamos a nosotros mismos el 2020, si nuestras mitologías históricas sobre la “realidad” no nos sirven para explicarla? La única forma que se me ocurre para explicarle (y explicarme) el 2020 a alguien de épocas pasadas es a través de la ficción. Del cine, de las series y de literatura. Y es que, desde hace tiempo, nuestras mentes han soñado con el 2020.

A una persona de finales de los 80 le recomendaría que vea Robocop, Akira, Blade Runner, Alien y que lea 1984, Un Mundo Feliz, Dune y Neuromancer. Que entienda que la Unión Soviética no existe más. Que el capitalismo elimino el rol social de los Estados y que las corporaciones tienen tanto poder como los Estados. Que hay un hiper-control y  vigilancia constante por cámaras. Que nos bombardean con propaganda para generarnos lealtad a los Estados (semi privatizados) y a las marcas de las corporaciones. Que la seguridad privada tiene cada vez más peso, así como la existencia del internet y de la Red Global Digital (WWW). Que no han desaparecido las religiones ni las etnicidades sino todo lo contrario, estas se han fortalecido y se expanden. Que existen patentes hasta de formas de vida. Que la mayor parte de la humanidad ahora vive en ciudades y no en el campo. Que la gente se droga por montones (soma) para sobrellevar la vida y que existe una crisis existencial del ser generalizada.

A una persona del 2005 le recomendaría que vea Ghost in the Shell (la primera de 1995 y la segunda de 2004), Matrix, Johnny Mnemonic, Metropolis (el anime), Strange Days, Batman Beyond, Sherlock Holmes del siglo 22 y Serial Experiment Lain. Para que entienda que el progresismo latinoamericano y la social-democracia europa están en absoluta crisis frente a gobiernos abiertamente autoritarios. Que la globalización esta tomando como eje a Asia y no a Europa y Norteamérica. Que el cyber-terrorismo y el cyber-espionaje se han vuelto las armas más poderosas para desestabilizar gobiernos y en la guerra geopolítica contemporánea. Que hay estallidos populares en gran parte del mundo y que los antagonismos sociales están más candentes que nunca. Que la Amazonía se ha incinerado y que hay un colapso ecosistémico generalizado. Que hay movimientos sociales de gente que habla en nombre de los animales y que se identifica más con estos que con la especie humana. Que hay personas que construyen su identidad de género más allá del binomio hombre y mujer. Que ya se están cambiando partes del cuerpo humano por partes robóticas. Y que existe la tecnología (y tal vez los experimentos) de la manipulación genética humana.

Y a mi mismo (y a nosotres) nos recomendaría ver Ergo Proxy, Psycho-Pass, Blade Runner 2049, Inferno, Children of Men, Virus, 3%, Black Mirror, Robots, Deaths and Love, Altered Carbono, Jocker y Parasyte. Para entender los debates morales sobre la seguridad y el hiper-contro; la corrupción política y sus vínculos con el crimen organizado; sobre los problemas de la tecnodependencia y las transformaciones de la subjetividad; la enorme desigualdad social que hemos construido; los ricos buscando convertirse en dioses; la pandemia masiva que estamos viviendo; la imposibilidad de parar con la destrucción ambiental a menos que un virus golpee duramente a la humanidad.; las estrategias desesperadas de la gente para escalar socialmente; la vuelta de algunas utopías revolucionarias después de décadas de no creer en nada, es necesaria una reflexión profunda de quiénes somos como individuos, como grupo cultural y como humanidad. La reflexión de hacía dónde vamos como humanidad. ¿Y qué humanidad queremos (si es que queremos seguir siendo humanos)?.

Todos los elementos que he narrado propios del 2020, así como las series, películas y libros son propios de un género literario llamado CyberPunk. Algunas de estas series, películas y libros tienen  elementos de este género y otros son absolutamente representativos del mismo. El termino CyberPunk viene de “Cyber” por la constante del problema de la digitalización de la vida y la identidad, así como la cibernética y la robótica, en fin, el problema de la tecnodependencia y la técnica como gestión de la sociedad. Por otro lado, viene el termino “Punk” que hace alusión a la subcultura juvenil de dicho nombre y que se lo usa por los valores encarnados por la filosofía anarco-punk. O sea, la rebeldía contra el sistema, el rechazo al autoritarismo, la reafirmación de la búsqueda de la identidad propia y autentica del sujeto en contrapoción de las identidades moldeadas por la cultura de masas, el rechazo a la perfección, la destrucción como camino hacía la liberación y la reafirmación de los antihéroes.

Porque en el CyberPunk, a diferencia de otros géneros literarios, no existen sujetos que cumplen el rol del héroe clásico de Joseph Campbell. La mayoría son antihéroes o incluso cuando hay un héroe, este no es perfecto y comete errores. Son sujetos que tienen crisis depresivas, se drogan, consumen prostitución, son violentos y dan palizas, algunas de sus acciones “heróicas” desencadenan efectos muy nocivos y por supuesto están en una búsqueda existencial de su identidad y su lugar en el mundo muy compleja. Lo que significa es que los sujetos del CyberPunk son como la humanidad actual. Y es que si algo podemos ver de las rebeliones actuales es que estas no están dirigidas por un Che Guevara, un Fidel, un Lenin, un Ho Chi Min, un Mandela, un Martin Luther King, un Lennon o un Chávez. Estas son rebeliones de los Anonymous, sin un líder claro y visible. De los jokers de la sociedad.

Pero aquel que crea que la “realidad” (está cada vez es más dudosa) solo se aplica a los sujetos urbanos y no a los rurales, está muy equivocado. Hoy en día hay pueblos indígenas en la Amazonía que monitorean su territorio con drones. Movimientos guerrilleros de pueblos tradicionales como los indígenas zapatistas o los kurdos utilizan las redes sociales y la midia de forma excelente para legitimar su proyecto revolucionario. Los pueblos indígenas reemergentes, como los charrúas y los selknam, reestablecemos nuestros tejidos comunitarios y nos legitimamos simbólicamente ante la sociedad dominante a través de redes sociales como facebook e instagram. Incluso sectores fundamentalistas religiosos tanto del islam como del cristianismo, desarrollan campañas mediáticas de alta gama para legitimarse y conseguir adeptos. No hay nada más CyberPunk que un indígena o un beduino utilizando tecnología digital para su desenvolvimiento.

El CyberPunk ha sabido combinar estéticas futuristas con estéticas étnicas y folclóricas. Supo identificar que el avance tecnológico no iba a desaparecer las etnicidades y la globalización no iba a desaparecer las particularidades culturales. Incluso estas se podrían fortalecer. Tan solo se incorporaría la tecnología a las formas tradicionales, ejerciendo un “acriollamiento” de la técnica y la tecnología. Este proceso no solo se da en Asia (donde se evidencia desde hace décadas y también lo ha hecho este genero literario) si no también en todo el mundo, incluyendo el Uruguay.

Si bien recursos literarios CyberPunk se pueden rastrear desde la década del 20 del siglo XX, no fue sino hasta la década del 80 que este género cobro las dimensiones que lo caracterizan. Y la década de los 80 no es casualidad. En primer lugar, podemos identificar la crisis en el ideal del “progreso” y de la ciencia como salvadora de la humanidad. En gran medida por los efectos devastadores de la segunda guerra mundial y el estado de alarma global por la guerra fría. Estos conflictos geopolíticos internacionales demostraron que la tecnología se usaba más para la destrucción y el sometimiento de la humanidad, que para su salvación. Por lo tanto, ya en los 80 vienen los debates sobre el uso de la tecnología. A esto se le suma las reflexiones fouculteanas y la crítica posmoderna. A esto le debemos agregar la hegemonía del modelo económico neoliberal y sus efectos políticos en las democracias liberales y subjetivos en las masas. La literatura CyberPunk fue la que mejor reflexionó sobre las transformaciones que iba a generar el neoliberalismo en el mediano y largo plazo. Una critica profunda al capitalismo globalizado, la razón instrumental y la técnica, pero sin reproducir modelos críticos que ya eran insuficientes para cuestionar al orden que se estaba instalando. El CyberPunk era una posmodernidad oscura, era una reflexión sobre la cara cruel del mundo posmoderno. Si bien en un principio se centraba solo en el individuo (asumiendo la influencia posmoderna), los films y series más contemporáneos incorporan cierta perspectiva de una revolución exitosa contra el sistema (aunque claramente sus revolucionarios no son seres perfectos, son capaces de hacer cosas de moral dudosa en pro de la revolución), y es que la desigualdad social y el autoritarismo son tan brutales que hasta un grupo de revolucionarios trasnochados y de moral dudosa son necesarios en un mundo tan sombrío. Estos revolucionarios oscuros son la representación del pulso libertario y humanizante de una humanidad que esta dejando de ser humana.

La pandemia masiva que estamos viviendo por el COVID 19; el colapso de los sistemas sanitarios por la peste; la recesión económica global que esta ha traído; el borramiento de los filtros sociales que el coronavirus produjo; el aislamiento social por la cuarentena; la transformación de la subjetividad producto de la digitalización de las relaciones sociales; el aprovechamiento de algunos gobiernos autoritarios para acaparar más poder político; los juegos geopolíticos de la OTAN, Rusia, Irán y China y la posible guerra mundial que estos actores provoquen, son claros escenarios de un mundo CyberPunk. Como amante de este género literario nunca me imagine que estaría viviendo en una distopía CyberPunk. Es que el 2020 no solo será recordado por el año de la peste, también será recordado por el año en que nos dimos cuenta que estamos atrapados en una película CyberPunk.

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