Día del Niño: un día sin magia pero con historia

Vicky Coronel y Tania Alfonso (Colectivo Minervas)
Salir el lunes de mañana de camino al trabajo me permitió ser testigo de la resaca de cajas, bolsas y envoltorios sofisticados evidenciando el domingo Día del Niño. Muñecas, cochecitos, autitos, pistas de carreras, pistolas de juguetes y cocinitas, envases de todos aquellos juguetes que la publicidad se encargó de introducir por los ojos de las niñas y de los niños.

A diferencia de otras festividades en las que se le regala a les pequeñes de la familia, el Día del Niño carece de mística con respecto a los presentes: mientras que Papá Noel y los Reyes Magos regalan a aquelles que se “portan bien”, teniendo que esperarlos hasta la noche, con la mística de los regalos debajo del arbolito de navidad, o el dejarles agua y pasto a los camellos; en su día, les niñes son regalados sin magia y sin mayor aparente motivo que el imperativo de las publicidades de juguetes.

Por lo cual se hace difícil recordar que el Día del Niño (en su formulación oficial, reduciendo a los infantes bajo el genérico masculino y el singular) no es invento de los comerciantes sino de la Organización de la Naciones Unidas (ONU). Retroceder y encontrarse con su historia: en sus orígenes, el día fue creado como una instancia para la reivindicación de los derechos y bienestar de niñas y niños, dejando a criterio de cada país cuándo conmemorar.

La mayoría de las veces en Uruguay se celebra el segundo domingo de Agosto. Entonces pienso en mis festejos anteriores, en yo niña esperando ese domingo tan publicitado y reflexiono sobre mis pedidos y mis regalos ¿Cuál fue el regalo que más desee? De los que efectivamente recibí ¿qué derecho o bienestar lograron fortalecerme? Entre todas las muñecas que recibí, todos los bebotes con accesorios que me regalaron, en aquél vestido de princesa con su tiara que pedí no puedo evitar sentir un vacío al rememorarlos, yo mujer feminista.

En días como estos, las jugueterías en su afán de venta refuerzan la construcción de juguetes para niñas y para niños. Góndolas celestes repletas de autitos, de bloquecitos para armar, de autos y superhéroes para ellos; góndolas rosas con muñecas para nosotras, con pinturas y zapatitos, con bebotes para empezar a jugar a ser madres y todo lo que nos podamos imaginar para reforzar nuestra fascinación infantil por las princesas. Hasta en el color del papel de regalo se juega el binarismo sexual que se nos impone.  

Los lentes violetas me permiten pasar por las jugueterías de la calle y ver esa realidad ¿qué bienestar hay que en nuestros niños crezcan para ser superhéroes y nuestras niñas en doncellas listas para la maternidad?

Me detengo en el portón de una escuela. El daño que denuncio no parece ser visible a simple vista: veo felicidad en la mayoría de los rostros de les escolares. ¿Estaré exagerando?

La felicidad detrás de un regalo, superando su naturaleza consumista, esconde el deseo genuino de sentir un mimo, de tener las miradas del resto de la familia. ¿Habrá alguna receta para hacer mágico este día capturado por el mercado?¿Alguna forma de regalarles libertad a les peques que nos rodean?¿Qué se les puede compartir, entregar, obsequiar?

Tal vez, al igual que Papá Noel y los Reyes Magos, tengamos que ser les adultes les encargades de conquistar una fecha acaparada por el mercado y el sistema. En vez de jugar a ser un personaje imaginario, debiéramos jugar a ser niñas y niños nuevamente para acompañar a les más chiquites, liberándoles de los valores y actitudes sexistas de los jueguetes que una vez nos regalaron a nosotres. Porque no se trata de que las nenas jueguen con autos y los niños con muñecas, se trata de superar juntes la dualidad permitiendo que ambos sexos jueguen pudiendo desconstruir el “esto es de varones” y el “esto es de niñas” él “es normal” y antes que todo él “siempre ha sido así”.