Después de vivir un siglo

Nota y Foto: La tinta
A 100 años de su nacimiento y 50 años de su muerte, celebramos la vida de Violeta Parra, esa que se fue sin irse, esa que voló volviendo siempre con diecisiete años.

Ella va caminando, sin saber muchas cosas que se han dicho acerca de sus pasos. Empapada por las luchas de su pueblo, va sacando de su arpillera canciones que se humedecen, máscaras que van cayendo en la tierra mojada, pinceladas que colorean el camino.

Nombrada miles de veces, maldecida por los hombres, por la iglesia, por los militares. Los oye, sabiendo que no la pueden alcanzar. Que en sus viajes por el mundo ya se desparramaron sus palabras fuertes. Sus pasiones rojas. Sus dolores negros. Sus amores torbellino violetas.

Transgredió al Chile machista que la vio crecer. Erizó la piel de una Europa avejentada. Rompió los moldes de la Unión Soviética. Le cantó a la diferencia. Sacudió toda forma de autoridad. Cuestionó al Santo Padre que vive en Roma. Quemó las injusticias junto al sol. En tiempos donde lo político era cuestión de guerras frías, Violeta denunció las violencias, alentó las revoluciones, encarnó nuevos mundos. Esos posibles, esos infinitos, esos que son horizonte, sueño, utopía.

Decidió casarse, ser hija, ser madre, ser amante sin dejar de cuestionar al matrimonio y a la reproducción como el destino absoluto de las mujeres. Con un cuerpo marcado por la viruela, supo enfrentar esos complejos impuestos por los ideales de belleza física dominante. Rompió con el molde tradicional de la familia patriarcal. Salió del espacio doméstico. En lugares donde la música era parte del dominio masculino, Violeta expresó sus verdades, las de su pueblo y las nuestras en el grito vivo de su canto y su palabra. 

Las palabras incontables de mujeres espejos. Mujeres herejes. Mujeres rebeldes. Mujeres libres.

Las manos de Violeta sostienen incansablemente un arma. Las cuerdas de su guitarra son fusiles que disparan el canto, el canto de todas: ese que se vuelve tierra y lluvia. Ese que con ironía se burla de las instituciones podridas. Ese que se vuelve risas en la Carpa de La Reina.


Muchas cosas se han dicho sobre ella. De todo eso, en escasas ocasiones se ha relacionado su vida con las luchas del feminismo. Sin embargo, su historia nos abraza. Su canto nos hace fuertes. Sus pasos nos abren caminos.

Nosotras, decidimos llamarla compañera. Ella, nos invita a bailar y a llenarnos la vida de violeta.
 

Publicado originalmente en la tinta.com.ar