Ecuador: Un octubre que alumbra un marzo

Gladys Tzul Tzul* / Foto: Alejandro Rodríguez Anderson
Entrevista a Luisa Lozano (CONAIE) sobre el trabajo de las mujeres en el levantamiento indígena del Ecuador.

Luisa Lozano es dirigenta de mujeres de la Confederación de Nacionalidades Indígenas en el Ecuador -CONAIE- organización que aglutina las tres regiones Costa, Amazonía y Sierra. Abarcan 18 pueblos y 14 nacionalidades. Fue nombrada como dirigenta de la mujer y fue una de las mujeres centrales en la organización y sostenimiento del Levantamiento Indígena y popular que ocurrió en octubre de 2019 en Ecuador por la derogatoria del decreto 883 .

En agosto 2015 Lozano fue encarcelada por los delitos de paralización de servicios públicos y por instigación, la apresaron cuando se manifestaban contra medidas neoliberales que atentan contra el modo de vida de las comunidades, como las formas de pequeños productores rurales, entre varias más. Un tribunal la sentenció a 4 años de cárcel. Junto con sus abogados apeló y recurrió a todas las instancias hasta que fue declarada en libertad1. Actualmente, Lozano junto con un equipo jurídico es responsable del seguimiento y demanda contra el Estado ecuatoriano para esclarecer las causas de 9 asesinados en el levantamiento indígena; para que no queden en la impunidad los responsables de las personas que fueron heridas por perdigones y más heridas de gravedad.

En esta entrevista analiza los efectos y las respuestas al ataque que la policía y el ejército lanzó contra las comunidades en el levantamiento del pasado octubre. Explica que las mujeres fueron las protagonistas para crear un llamado a calmar la violencia, al mismo tiempo que se encargaron de alimentar a la multitudinaria movilización de más de 50,000 (cincuenta mil) personas que estaban en las calles con sus hijas e hijos levantados contra las medidas económicas y ajustes que dictaba el decreto 8830.  Habla también sobre lo sucedido cuando Moreno abandona el Candorelet  -Palacio de Gobierno-  y traslada la sede de gobierno a Guayaquil, entre otras cosas mas. 

Gladys Tzul Tzul:
Esta entrevista se titula un octubre que alumbra marzo porque como mujeres indígenas  llegamos a un marzo que tiene como  antecedente importante el levantamiento indígena y popular del Ecuador. Donde las mujeres fueron columna vertebral, cuidado, discurso y dirigencia.  ¿Cómo vivió usted  esos días de octubre?

Luisa Lozano:
En este levantamiento, como mujeres fuimos las que hicimos una llamado para frenar la violencia. Nos pusimos frente a frente a la policía para decirles:  No nos maten. Nuestros hijos nos  esperan en la casa. Ustedes también son nuestros hijos.  ¿Por  qué nos matan, solo estamos en protesta? Las mujeres calmamos la violencia.

Pero el Estado no midió las consecuencias, ni las secuelas que quedarían en las comunidades.  El Estado declaró toque de queda. Mandó a reprimir mandó camiones, caballos, motos, balas, bombas, militares, policías. El estado nunca respetó las zonas de paz. Nosotros como CONAIE creamos 4 zonas de paz: Las Universidades, el Parque El Arbolito y El ágora de la Casa de la Cultura. Se metieron a reprimir a mujeres, niños, niñas.  Sin embargo, las mujeres seguimos, nos unimos las mujeres del campo y la ciudad hicimos una gran marcha fuimos más de 15 mil mujeres.

El estado vio nuestra fuerza, vio que ya todos se estaban levantando y abandonó el Calonderelt, se fue a Guayaquil.  Se fueron los asambleístas.  Nosotros nunca nos armamos, estábamos con las manos vacías, pero fuimos reprimidas duramente. La policía traicionó su palabra.

 

Explíquenos un poco más que significa que la policía traiciono su palabra.

En las comunidades indígenas es importante el valor de la palabra. Si tu das tu palabra tienes que cumplir.  Así es en las comunidades indígenas.  El valor de la palabra es fundamental.  Si uno promete, tiene que cumplir.  Nosotras hablamos con la comandancia de la policía, hablamos con el jefe de los militares, también hablamos con una mujer policía, que tenía cargo en  esos turnos. Les dijimos que nosotras no estábamos armadas, que estábamos pacíficamente que nuestra exigencia era que se derogue el decreto 883, que regresen los asambleístas   y que paren la violencia porque hay un baño de sangre. Ellos se comprometieron a no reprimir, pero no fue así.

Realizamos una marcha con mujeres de las comunidades y la ciudad para pedir que ya no reprimieran y que derogaran el 883. Cuando las mujeres nos tomamos la asamblea nacional exigimos que retornaran a cumplir su trabajo.  Estuvimos cantando, bailando, comiendo y llamando a la no violencia. Pero ahí fue cuando nos reprimieron. Habíamos más de 15 mil mujeres.  Y la represión fue muy fuerte, muy dura contra las mujeres. Nosotras estábamos con las manos vacías y ellos nos atacaron con bombas, con perdigones.  Por eso nuestras conclusiones es que la violencia contras mujeres también viene del Estado. Sufrimos ataques de violencia y también ataques políticos porque creaban noticias  falsas de que nosotros ya nos habíamos vendido.

 

¿Cómo leyeron esos ataques y cómo reaccionaron?

La mejor estrategia para que no quede machado el movimiento indígena fue haber dialogado en público. Hicimos los diálogos públicos, donde la gente vio por la radio y la televisión  quien cede y quien no quiere  moverse de su posición.  Lamentablemente, mientras hacíamos ese dialogo público, el desgaste fue intenso. Sí, organizábamos el dialogo, pero  por nuestras narices pasaban los muertos, los heridos.  Los dirigentes quedamos agotados, pues las bases presionaban para que cuidáramos los intereses y el gobierno nos atacaba. Luego de 11 días estábamos cansadas sin comer, sin dormir,  sin bañar, incluso, pendientes de las heridos. Y al mismo tiempo que nos cuidábamos de la persecución directa de mucha gente inflitrada, que nos estaba persiguiendo, agentes secretos, policía, hasta nos escondimos  para cuidarnos.

Logramos derogar el decreto con la fuerza de todas y todos.  Quedó como reto que  tenemos que construir decretos  que no golpeen a las comunidades.  Nos acusaron de terroristas, saboteadores, delincuentes… Pero nosotros hasta una jornada de limpieza de la ciudad de Quito hemos planificado y realizado.

 

¿Cómo examina  esta etapa pos paro? ¿Cómo quedan las luchas de las mujeres de las comunidades?

Hay  9 asesinados, 1 persona en coma, nuestros registros cuentan aproximadamente más de 1,300 y criminalizados más de 1,160.  La CONAIE asume ese reto muy importante y valioso de buscar justicia.  No se garantizó el derecho a la salud a los heridos. Como dirigenta de mujer vamos a trabajar para  que ni la violencia del Estado ni el feminicidio queden en la impunidad.  El ejercito y la policía nos disparó directamente y nosotros solo teníamos mascarillas contra el gas.
El pos paro nos trajo a nosotras criminalización de las comunidades, a familias.  Pero quedó claro para todo el Ecuador  que el decreto 883 y las instancias del estado funcionan con sin consultar  y siempre  nos afectan no solo a las comunidades, sino que  a  todos.

Por otro lado, hemos sido atacadas porque dice que no permitimos.  Esta semana se dieron 3 feminicidios en Ecuador.  Hay que seguir trabajando en estrategias de prevención desde abajo, desde las comunidades y desde las familias.

Pero es responsabilidad de hombres cuidar la vida. Los hombres tienen responsabilidad. Es responsabilidad de toda la comunidad. Así como se trabaja en la chacra, así hay que trabajar contra la violencia contra las mujeres.  En la marcha de octubre, fueron las comunidades las que salieron, mujeres y hombres y bajar un decreto, creo que así también vamos a  luchar contra violencia.

Finalmente, saludamos las luchas de marzo porque son mujeres que han dejado su vida para mejorar las condiciones laborales.  En el caso de las luchas de las mujeres indígenas celebramos el día 5 de septiembre.  Ese día también es de lucha.

Ciudad de México.  2 de marzo de 2020.
 

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* Es Maya K’iche’, socióloga. Investiga sobre política comunal en los Andes y Mesoamérica.

1. Se desarrollaron tres años de un juicio de Estado. Donde apeló a todas las instancias. Luisa fue
encarcelada por 16 días y siguió el proceso de juicio desde su casa.