El cumpleaños

Noelia Correa / Foto: Mauro Tomasini
Este 3 de junio miles marcharon en Montevideo y en prácticamente todos los departamentos del Uruguay para decir “Ni una menos. Tocan a una, tocan a todas”. De alguna de las razones por las que marchamos trata este relato.

Son casi las dos de la madrugada. El cumpleaños tenía para un rato más, igual decidí irme porque mañana tengo que trabajar. Por suerte mañana es viernes. Odio estos comentarios que a veces se me escapan, que más allá de todo pienso igual. Como si los fines de semana fueran la salvación de toda una semana de mierda. El fin de semana también va a ser una mierda, tengo muchas cosas atrasadas.

El ómnibus a esta hora ya no pasa. Decido caminar. Es tarde, pienso en tomar un taxi. Me acuerdo que no traje mucha plata. No me queda otra que caminar. Igual son pocas cuadras y la nutricionista me dijo que tenía que caminar. Bueno ta, pero no a las dos de la madrugada.

Tengo que decidir por cuál calle ir. Por Uruguay es más cerca, pero a esta ahora no me parece buena idea, me da un poco de miedo. También puede ser por Colonia o Mercedes. Voy a ir por 18 de julio, esta más iluminada.
 
Siempre pensé que una ciudad que tiene un centro triste, es una ciudad triste. Montevideo es así, y más en el mes de junio. Es una ciudad gris y triste. No termino de entender por qué no se invierte más en levantar el centro. En realidad, no entiendo porqué no se invierte más en muchas cosas.

En la esquina hay un grupo de gente que de lejos no identifico bien. Ya no puedo cruzar la calle porque estoy en la mitad de la cuadra. Ojalá sea un grupo mixto de adolescentes, como a veces hay por el centro a esta hora. No. Son un grupo de hombres, mierda. A seguir caminando y no demostrar miedo. Uno de ellos se esta alejando del grupo y va rumbo a la mitad de la vereda por donde voy a pasar. Todo pasa en segundos. Me pregunta si tengo fuego. Digo que no con la cabeza y sigo caminado. De reojo veo que vuelve a su grupo. Me tranquilizo. Me odio por sentir miedo.

Pero, por qué carajo se acerca un tipo que esta en un grupo de hombres a una mujer sola que camina por la calle. ¿Es que no sabe que esas cosas no se tienen que hacer? ¿Es que no sabe que tenemos miedo de caminar por la calle, sea la hora que sea y más en la madrugada? ¿Es que no sabe? Otra vez me odio por pensar esto.

La plaza de los Treinta y Tres me gusta, aunque en la noche no tanto, y menos cuando estoy sola. Era obvio que iba a pasar, sale un tipo de atrás de un árbol y me dice algo, no termino de entender que dice. La puta que te parió, pienso. No lo digo en voz alta. En el día me animo a contestar, cuando algún tarado se mete o dice alguna estupidez, en la noche todavía no. Pero ya voy a poder.

Tengo que doblar por Fernández Crespo, no me gustan los techitos verdes en la noche. Siempre tengo la sensación de que puede salir alguien de entre los puestos. Ni loca me meto por el callejón, voy por la vereda cerca de la calle. Ya queda menos. Viene alguien de lejos, voy a cruzar ahora, así ya de paso evito alguna posible estupidez. Listo, ahora solo quedan dos cuadras y ya llego.

Llego a casa, por fin. Prendo la tele para tapar un poco el silencio. Están dado el informativo de trasnoche. Otra vez. Asesinaron a otra mujer. Otra más. Hoy encontraron el cuerpo. La última vez que se la había visto fue a la salida de un cumpleaños, en la madrugada del viernes. Se cree que se fue caminando por 18 de julio. Luego no se supo más nada de ella, hasta hoy.

Ni una menos. Tocan a una, tocan a todas.