El gordo Claudio

Nota y foto: Juan Riet Correa (desde Brasil)
En todo barrio de pueblo del interior hay un gordo Claudio, Marcos, Jorge o como se llame el gordito mimoso de los padres que en general es el propietario de las pelotas más lindas que pican en la canchita de fútbol del barrio.

A partir de algunas cosas de este mundial de Brasil me he acordado de mí gordo de la infancia (llamémosle Claudio, pa no herir sentimientos de personas queridas).
 
El gordo Claudio era el hijo único de un sargento de los milicos azules y un ama de casa muy sacrificada cuya labor diaria era desvivirse para que su hijo fuera feliz, una persona de bien y que tuviera muchos amigos. El gordo sacó cosas de ambos padres, era un loco bueno, cariñoso por momentos, y un reverendo hijo de puta, egoísta de ratos.
 
Entre la gurisada del barrio el gordo era apreciado por dos cosas: las meriendas en su casa, ofrecidas a algunos elegidos que cambiaban con el humor del gordo, y las pelotas último modelo que siempre tenía. Desde la parabiago infantil negra con círculos blancos hasta la Adidas Tango del mundial Italia 90, siempre las mejores guindas las tenía el gordo.

El gordo se creía nueve de área y era más malo que rodweiller apedreao!

Como todo gurí de barrio sabe, el dueño de la pelota pisa y elige, cobra los faus y, si se calienta, termina el partido con el simple acto de agarrar el esférico, colocarlo abajo del brazo e irse de la cancha seguido de las puteadas de algunos y las alcahueteadas de otros.

El gordo Claudio tenía eso, él definía quién era digno de patear su pelota o que canchita del barrio era más conveniente para el picado de las cinco y cuarto de la tarde. No dudaba en usar la fuerza -propia o de algún alcahuetón más grande- para defender sus intereses, ya fuera un gol robado o algún rebelde que, imposibilitado de jugar, se negaba a salir de la canchita para que el resto ejerciera su libre derecho de corretear atrás de la pelotita. Eso sí, si aparecían los malandras del barrio, se mandaba el único pique de la tarde para agarrar la Adidas Tango y meterla en su casa!

Los malandras y los rebeldes impedidos de participar en el picado, cambiaban el pique por la punta por algún otro juego sin pelota. Pero principalmente por el pique hasta la esquina del ring-raje, estableciendo como objetivo exclusivo en señal de venganza la casa del gordo Claudio. Ahí la vieja del gordo se enojaba, lo llamaba para adentro y le decía “otra vez esos malandras molestando, no quiero que te juntes con ellos mijito”.

Si esa no es la infancia de muchos, no saben lo que se perdieron.
   
Como decía, el mundial me hizo rememorar la infancia. Gracias por eso FIFA.

El suceso de Suárez, su expulsión de todo ámbito vinculado a la FIFA (al extremo de tener que irse del país organizador) y la reacción de la gente. La indignación de los uruguayos y un cierto despertar respondón hacia la injusticia. No voy a negar que me sentí más uruguayo acá y que las “piadas” de los brasileros al respecto me hicieron sentir cierto orgullo de enchastrarles el “padrão FIFA”.

Por otra parte, me generó cierta indignación que seamos tan sensibles a los problemas generados a una estrella del fútbol. Todos nos preocupamos por el futuro de Suárez, si sale su pase al Barça, si se cayó o si aceptará el contrato de Kosovo para jugar mientras está suspendido. Una sensibilidad inexistente por los problemas de miles de personas afectadas por el “padrão FIFA” que este mundial ocasionó.

Inexistente por el futuro de las más de 260.000 personas desalojadas para la construcción de obras para la Copa FIFA, por el futuro de las familias de los diez trabajadores muertos en la construcción de estadios “padrão FIFA”, por los niños y niñas víctimas del turismo sexual que genera el evento “padrão FIFA”, por los miles de trabajadores ambulantes imposibilitados de trabajar en las ciudades sede de la Copa FIFA (138.000 solo en San Pablo), o por el futuro de los manifestantes presos por expresarse contra estos abusos.

Hace menos de una semana fueron detenidos en San Pablo dos manifestantes que aún continúan presos: Favio Hideki y Rafael Márques están siendo acusados de ser  responsables de los destrozos ocasionados por los black-block a varios locales comerciales de empresas vinculadas a la FIFA, durante la última manifestación del movimiento Passe Livre.

Para hacer un paralelismo simple: dos Luís Suárez y un castigo ejemplarizante por parte del poder que defiende al poder.
 
Hay quien dirá que romper un vidrio de un Mercedes Benz no es lo mismo que morder a Chiellini. Respondo que morder en un partido de fútbol no es lo mismo que manifestarse contra el despojo de las viviendas, del trabajo y hasta de la vida que ha ocasionado el mundial de la FIFA.
 
Que no se malinterprete, no defiendo a ultranza lo que hizo Suárez (no me importa demasiado), sí creo que hubo injusticia en su penalización. Me parece muy sana y muy digna la respuesta popular de protesta.

Que vivan quienes se indignaron con esta injusticia, que vivan más quienes se manifestaron contra ella. Que vivan más aún quienes se indignan con las injusticias generales y no solo contra los ricos y famosos. Pero que existan siempre quienes ponen en riesgo su propia libertad para manifestar su disconformidad ante las injusticias del poder y el dinero.

Y gracias a la FIFA por recordarnos que el mundial de fútbol no es la copa del mundo, es la copa de la FIFA... y que los viejos hijos de puta son como algunos niños malcriados.