El regreso de Sitting Bull: las luchas de los pueblos originarios de Norteamérica

Martín Delgado Cultelli / Foto: mapuexpress
En un ambiente de creciente racismo y criminalización, así como de impulso de las industrias extractivas de hidrocarburos, los pueblos originarios de Norteamérica se levantan para exigir su libre determinación. Una crónica de las mayores movilizaciones indígenas en Estados Unidos desde 1876.

Desde agosto pasado los pueblos originarios de Norteamérica y en especial el pueblo Lakota (sioux) se movilizan, despliegan acciones legales y ocupan terrenos contra un proyecto petrolero en las fronteras entre Dakota del Norte y Dakota del Sur. El proyecto petrolero se llama Dakota Access Piperline (DAPL) y pertenece a la empresa Energy Transfer Partnes. Dicho proyecto propone construir un oleoducto desde los yacimientos petroleros de Dakota del Norte, cerca de la frontera con Canadá, hacia los centros de almacenamiento petroleros de Illinois. Tendrá una extensión de más de 1.100 millas y transportará 470.000 barriles de crudo diarios.

Sin embargo, el oleoducto pasa sobre el Río Missouri y sobre el Lago Oahe, en donde sacan agua para consumo los Lakotas de la reserva de Standing Rock. El oleoducto también pasará sobre tierras de la reserva y, en especial, sobre un cementerio antiguo. El oleoducto los afectaría tanto ambiental como espiritualmente. Temen a los derrames en el lago y el río.

En un primer momento los representantes tribales de la reserva iniciaron juicios contra la empresa para frenar o desviar el oleoducto. Lograron alterar el trazado que afectaba el cementerio sagrado. Sin embargo, perdieron el juicio en el que exigían que no pasara por el Río Missouri y el Lago Oahe. Es aquí donde entra una nueva generación de militantes indígenas que al constatar los límites de la lucha legal optan por la ocupación de los terrenos en construcción. Se crea entonces el Campamento de la Roca Sagrada.

Principalmente desde finales de setiembre de 2016, miles de militantes de distintos pueblos indígenas acuden al Campamento de la Roca Sagrada y ocupan los terrenos de la empresa, se encadenan a las maquinas constructoras y cortan las rutas con ceremonias de miles de participantes. Utilizan tácticas de desobediencia civil y no violencia, retomando la tradición de Martín Luther King, pero son reprimidos ferozmente por agentes de seguridad de la empresa y luego por la policía del condado y la Guardia Nacional. Incluso, la empresa Energy Transfer Partnes contrató al terriblemente famoso grupo de mercenarios Black Waters para investigar a los principales líderes y detener a los activistas que desde distintas reservas y ciudades se dirigían al Campamento de la Roca Sagrada. La mayor represión se produce en la noche del 20 de noviembre en donde se utilizaron camiones hidrantes para desalojar a la gente. Ser empapado cuando la temperatura del ambiente es de –10ºC significa poner en riesgo la vida.

Posteriormente, más de 500 pueblos indígenas de Norteamérica se juntaron en Satanding Rock, e incluso se entablaron alianzas con pueblos indígenas del sur que afrontan problemas similares. Los ejemplos más claros son el de los Yakis, del Norte de México, que luchan contra un gasoducto que conducirá las reservas gasíferas de México hacia Illinois, en Estados Unidos, y que pasa por los territorios tribales. Y el otro es el de los amazónicos del Ecuador, quienes desde hace décadas luchan contra la instalación de petroleras y por el resarcimiento a las comunidades que ya fueron afectadas por la industria petrolera. También acudieron al campamento cientos de ambientalistas de todo Estados Unidos y Canadá, quienes luchan en contra de las industrias de hidrocarburos por sus terribles efectos nocivos para el calentamiento global. Incluso el famoso grupo antiracista afrodescendiente Black Lives Matters se unió a las protestas de los pueblos originarios.

Se calcula que en el momento de mayor concentración el Campamento de la Roca Sagrada contó con más de 5.000 personas, toda una pequeña ciudad. Con tipís (las clásicas tolderías cónicas de los pueblos del Norte), tipís comunales, carpas comunes y motorhomes. Mantener el campamento era todo un esfuerzo logístico. Había que dar de comer a todos, tener leña para los fogones y la calefacción (en la noche las temperaturas son bajo cero), tabaco para las ceremonias y servicio de paramédicos para los heridos en los enfrentamientos policiales y los bombardeos con gas lacrimógeno. Se estima que fue la mayor concentración de indígenas en Estados Unidos desde el Campamento de Sitting Bull y Crazy Hors en Little Big Horn en 1876, cuando los pueblos Lakota y Cheyenne derrotan al 7º Regimiento de Caballería liderado por el temible Custer. Las movilizaciones actuales han superado a las históricas movilizaciones de los años 60 y 70, cuando se reactivó el movimiento indígena.

Después de la derrota militar por parte del ejército norteamericano, los pueblos quedaron condenados a la marginación y la degradación cultural. Fue a partir de 1968 y por influencia del Black Panter Party que se vuelven a movilizar bajo el American Indian Movement (Movimiento del Indio Americano) y a exigir el cumplimiento de los Tratados de 1868. En este proceso pueden identificarse grandes hitos como la toma de la Cárcel de Alcatraz en San Francisco, la ocupación de la Oficina de Asuntos Indios y la ocupación y batalla de Wounded Knee, ya en 1973. El AIM estaba en la lista de organizaciones terroristas de Nixon y fue despedazada por el FBI. Las tácticas para ello incluían, por un lado, represión policial y de los servicios federales y, por el otro, la creación de grupos paramilitares dentro de las propias reservas. Gracias a algunos líderes tribales corruptos, los enfrentamientos entre los propios miembros de las reservas se volvió algo constante. En 1975 los asesinatos en Satanding Rock duplicaban al de todo el Estado de Dakota del Sur. El movimiento decae tras el incidente de Oglalá en 1976, un tiroteo entre miembros del AIM y el FBI termina con la detención del líder Leonard Peltier, quien sigue prisionero hasta ahora y se considera el preso político más antiguo del mundo. Sin embargo, el AIM nunca pudo convocar y movilizar a más de 2.000 personas. Por eso sorprenden las movilizaciones actuales contra el oleoducto.

Desde la época del AIM muchos personajes de Hollywood han apoyado las protestas indígenas. Es recordado el que hizo Marlon Brandon a la lucha del AIM y a la reformulación de cómo se representaban a los indígenas en el cine norteamericano. En las actuales luchas, la actriz de la serie Divergente, Shailene Woodley, se hizo detener por la policía en una ocupación para denunciar la criminalización que estaban sufriendo los pueblos originarios. Los actores de la película “La Liga de la Justicia” (que recreara el clásico cómic de DC) hicieron un comunicado apoyando la lucha de los pueblos originarios y en contra de las industrias de hidrocarburo que aceleran el cambio climático.

Debido a las manifestaciones en distintas ciudades de Estados Unidos y Canadá y la resistencia inquebrantable del Campamento de la Roca Sagrada es que el entonces presidente Obama, creó un decreto el 5 de diciembre cancelando la construcción del Oleoducto. El hecho fue festejado como una gran victoria. Sin embargo, vientos oscuros campeaban sobre Standing Rock.

Los pueblos originarios y Trump

Durante la campaña presidencial, el único candidato que se manifestó a favor de la lucha de los pueblos originarios fue el socialista Bernie Sanders, ni Hilary Clinton ni Donald Trump mencionaron nada sobre el conflicto con DAPL. Sin embargo la empresa Energy Transfer Partnes fue una de las empresas donantes para la campaña presidencial de Donald Trump. Es por eso que muchos activistas indígenas temían que con la victoria de Trump se impulsara el proyecto DAPL. Al tercer día de asumir la Presidencia, Trump expresó su interés de retomar el proyecto DAPL.

Los Lakota volvieron a instaurar el Campamento de la Roca Sagrada y una vigilia permanente sobre los terrenos en disputa. Los Cheyenne iniciaron una nueva querella legal por violación a la libertad religiosa, que está estipulada en la Constitución. Estos consideran al Lago Oahe un lugar sagrado y allí es donde van a realizar sus ceremonias. Por lo cual contaminar dicho lago es una agresión a su religiosidad. Por otro lado, los Tohono O´odham, pueblo indígena que se ubica sobre la frontera con México en Arizona, manifestaron públicamente que no dejarán construir el muro en las tierras de su reserva. Dicen que emprenderán medidas legales y de facto contra el muro.

A pesar del ambiente de creciente racismo y criminalización, el despliegue de las luchas indígenas en Norteamérica parece ser inevitable. Estas cambiarán la dinámica de movilización de estos pueblos.