En pie

Roger Rodríguez* / Foto: Martha Passeggi
Un pueblo en pie. Una marcha más grande. Un silencio más atronador. Con los dientes apretados lo gritaron los veteranos que sufrieron aquel tiempo, con la respiración contenida los adultos que luchan por la verdad, con la mirada firme los jóvenes que atestiguan la memoria y con la inocencia de la esperanza los niños que ya no lo olvidarán

Por vigésimo tercera vez el reclamo de verdad, justicia y nunca más. Una vez más responsabilizando al Estado, al de ayer y al de hoy. No es casualidad que se repita la consigna. Los desaparecidos siguen desapareciendo cada día. Son crímenes permanentes, por eso no prescriben. No hay cuerpo del delito, porque los escondieron para ocultar el secuestro, el chantaje, la tortura, el robo, la violación, el homicidio, y la ejecución…

Y ahora esconden las tumbas, no solo para negar el crimen, sino por la vergüenza de tener que exhibir las fosas comunes en las que desecharon los cuerpos vejados. Que esa es la razón del silencio. El miedo a la verdad de lo hecho. Admitir que no hubo accidentes, que no hubo excesos, que sencillamente se resolvió la muerte. Y cuando se decide matar a un grupo, ya sea para eliminar a los testigos de otros delitos que se cometían o para exterminar a quien se debía justificar como el enemigo, se trata de genocidio. Ya no podían devolver los cuerpos machucados, ya no podían entregar los ataúdes cerrados, ya no podían admitir que los habían secuestrado en el exterior y los habían trasladado clandestinamente, con un destino final a la muerte. Entonces los escondieron.

Y, para sentirse a salvo, buscaron el lugar que creyeron más seguro: los fondos de las unidades militares, los campos de maniobras, los polígonos de tiro, los blancos de artillería. Los lugares a los que ningún civil podría entrar, los terrenos que podían resguardar con minas y explosivos, los rincones que podían destruir poco a poco con el disparo de sus armas. Y aunque intentaron juntar los huesos para reocultar lo ocultado, ellos siguen allí, dispuestos a aparecer voluntariamente de su desaparición forzada.

El Estado es responsable, ayer y hoy. Y quienes dirigen el Estado, los gobernantes, los representantes y los jueces, son responsables durante su hoy y lo seguirán siendo en el mañana. Es un tema de voluntad política y es un tema de mando. La decisión de dar una orden y exigir su cumplimiento aún a riesgo del desacato. La decisión de generar las normas de convivencia que permitan encontrar la verdad. La decisión de cumplir las leyes sin excusas ni chicanas, aunque haya que revelar los propios pecados.

Este 20 de mayo de 2018, un domingo, previo a un feriado, mientras se realizaban actividades deportivas y estrenos artísticos, marchó un pueblo en pie, erguido y digno, en silencio, en reclamo de verdad, justicia y nunca más. Nadie quiere poner de rodillas a nadie. Sólo deben inclinar la cabeza en muestra de arrepentimiento, sólo deben bajar la mirada cuando actúe la justicia, sólo deben arquear el cuerpo para ponerse a escarbar y mostrarnos dónde están.

*Publicado en el Facebook del autor