Espejitos de colores

Nota: Mariana Abreu / Foto: serie “Plataformas”
Se sabe que en el capitalismo ser el jefe de uno es lo peor que puede pasar. El concepto se traduce, para las grandes capas sociales, en menos descanso, la obligación de comprar las herramientas de trabajo, pagar los impuestos del patrón y prescindir del aguinaldo o el despido, entre otras expresiones de la precarización laboral. Contra este y más eufemismos se rebelan los trabajadores de las aplicaciones de reparto, que comienzan a organizarse.

No hace tanto tiempo las apps de reparto coparon las calles montevideanas con aires modernos y promesas de libertad y buena salud para sus trabajadores, pero el fenómeno tiene algunos años en las grandes ciudades del mundo “desarrollado”.

Gracias a las bondades de la tecnología, estas aplicaciones nos hacen más cómoda la existencia y nos satisfacen ya mismo, llevando a la puerta de nuestra casa lo que deseemos. Solo debemos deslizar el dedo en la pantalla del teléfono o hacer un par de cliks desde la computadora.

Eso sí, el teletransportador de pizzas no se inventará hasta que no sea rentable, por lo que, al momento, nuestros caprichos deben ser trasladados por terceros. La mozzarella llegará a pesar de la lluvia y los repechos, porque alguien la llevará con “una sonrisa de oreja a oreja” mientras “conoce la ciudad repartiendo al aire libre” (en palabras de la empresa Glovo).

Lo mismo en distintos rincones

En Argentina, un fallo judicial instó a suspender tres aplicaciones de delivery de bicicletas y motos por no garantizar la seguridad de los trabajadores. Muchas veces los repartidores transportan la caja que contiene el pedido sobre sus espaldas, en lugar de trasladarla en el montacargas de la bicicleta o de la moto. Tampoco les proporcionan elementos de seguridad, como cascos y bandas refractarias, herramientas que los trabajadores tienen que adquirir por sus propios medios, al igual que los vehículos y los teléfonos móviles con los que trabajan.

Las firmas también ahorran en publicidad en la vía pública, pues ésta es financiada por los propios trabajadores, que llevan los logos y colores de las aplicaciones estampados en las cajas y la vestimenta que deben comprar.

Precisamente, trabajando en su bici para una de las compañías que comprende la orden judicial (Rappi, Glovo y Pedidos Ya) un joven repartidor murió el domingo en Buenos Aires. El siniestro de tránsito, que también ocurrió al otro lado del charco, viene a cuento porque estas multinacionales tienen el mismo modus operandi en los distintos países en los que operan, incluido Uruguay.

La mayoría de las aplicaciones de reparto exigen a los trabajadores que se constituyan como “socios colaboradores” (en su jerga), es decir, empresas unipersonales. Esto implica que, además de realizar determinados aportes, prescinden de los derechos laborales que generarían siendo trabajadores dependientes, como seguro por enfermedad, despido o aguinaldo. También deben hacerse cargo de eventuales robos y multas de tránsito, además de quedar desamparados en caso de siniestro.

Bloqueados

Los repartidores (bautizados con derivaciones del nombre de las marcas, como si fueran extensiones de ellas) se enfrentan a otras modalidades del precario mundo laboral posmoderno. Como en un gran hermano, son observados continuamente y sometidos a la puntuación de clientes cada vez más exigentes, que ya no se conforman con que el repartidor toque  timbre, sino que pretenden que suba los cinco pisos que separan la calle de sus sillones.

Si el trabajador no tiene la puntuación que se espera o rechaza pedidos, puede quedar al margen de la competencia con sus colegas, pues es castigado por la compañía y bloqueado de la aplicación (no puede seguir trabajando).

Puede haber otros motivos de bloqueo. También en Argentina, la Justicia ordenó a una empresa de reparto reincorporar a un grupo de trabajadores que habían sido bloqueados por denunciar el trabajo precario al que eran sometidos, medida que no fue acatada por la firma1.

Por estos lares, hace unos meses nació en la órbita de Fuecys el Sindicato Único de Repartidores, Sinurep. Sus delegados asistieron al Ministerio de Trabajo y a la Cámara de Diputados con la aspiración de que, aún con viento en contra y riesgo de bloqueo, se regulen sus condiciones laborales.

 

1 https://www.pagina12.com.ar/186489-prohiben-rappi-glovo-y-pedidos-ya