Este es el fin. Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio

Columna de Mariano Féliz / Foto: Nacho Yuchark (lavaca)
Pasaron las PASO. El gobierno de Mauricio Macri se convirtió en una sombra de lo que parecía. La crisis transicional se acelera bajo la presión del capital concentrado en su forma financiera mientras el pueblo enfrenta las consecuencias. ¿Podemos esperar así cuatro meses más de gobierno de Cambiemos y el FMI?

Este es el fin
Mi hermosa amiga
Este es el fin
Mi unico amigo, el fin
De nuestros elaborados planes, el fin
De todo en lo que permanece, el fin
Ni seguridad ni sorpresa, el fin
Nunca más miraré tus ojos otra vez
Puedes imaginarte lo que será...

The End (El fin), The Doors, 1967

 

Hace poco más de un año el capitalismo argentino entraba en un ciclo de depresión profunda enmarcado en su crisis transicional. A comienzos de 2019 todavía era incierto el devenir político, no tanto el económico. No era claro si la aceleración de la crisis permitiría a Cambiemos ratificar el programa de gobierno, o sí, por el contrario, se configuraría una fuerza de oposición -dentro de los partidos del orden- que condujera el descontento social creciente dentro de los marcos del capitalismo dependiente pero desplazara a Cambiemos del control del Estado. En mayo CFK bajó su potencial candidatura presidencial y desencadenó un efecto dominó que concluyó en la conformación del Frente de Todos, fuerza política que a la postre arrasó en las PASO (primarias abiertas, simultáneas y obligatorias).

Es la economía… pero también la política

El capitalismo dependiente argentino enfrenta un problema de fondo que no encuentra solución (ver acá). La crisis política de diciembre de 2017 y el freno a la reforma laboral terminó de sellar el fin de la alternativa Cambiemita. La llegada del FMI y su programa fue como cerrar con llave y tirarla al río. Las cartas estaban echadas. El capital financiero tomaba las riendas de la crisis transicional y aceleraba el ajuste.

El resultado para la economía argentina es evidente. Hay un deterioro generalizado de todos los indicadores de reproducción exitosa del ciclo del capital: cae la producción y el empleo, cae la demanda agregada, las importaciones, el consumo y, fundamentalmente, se desploma la inversión en capital constante fijo en tanto y, a la vez que, la tasa de ganancia no se recupera.

El golpe a las condiciones de vida de las mayorías populares es evidente y atroz (ver). Sin embargo, ese deterioro no se canalizó en la forma de un estallido o niveles de resistencia social masivos y sostenidos. La política en las calles no logró romper los límites de la gobernabilidad. No pudimos atravesar la bruma de los globos amarillos o el murmullo del resistiendo con aguante.
Ganó la neutralización institucional del conflicto. En el trimestre previo a las PASO la conflictividad laboral cayó 21% interanual (ver informe ODS) a pesar de una caída salarial de 15 puntos promedio, la destrucción de cientos de miles de empleos y la caída de más de 4 millones de personas en la pobreza por ingresos.

La estrategia kirchnerista de conducir el conflicto hacia la elección de 2019 se convirtió en dominante (ver). Las demandas inmediatas de una fracción importante del pueblo trabajador, encontraron allí su expresión manifiesta en las PASO del 11 de Agosto.

PASO a paso, golpe a golpe

Las PASO expresaron el descontento general con la política económica y sus resultados. Casi ⅔ de los votantes lo hicieron contra el gobierno. El espacio Cambiemos mantuvo, sin embargo, su núcleo duro: 35%-37% (entre votos directos a Juntos por el Cambio, votos a Espert, votos a Gómez Centurión). Las fuerzas de oposición dentro de los partidos del orden se expresaron en el Panperonismo (Frente de Todos y Consenso Federal) con un 55% de los votos, mientras que la izquierda sostuvo sólo su núcleo duro en torno al 3%. El golpe electoral debajo de la línea de flotación al gobierno fue tan fuerte como (in)esperable. La vuelta a la conciliación de clases, con el kirchnerismo a la cabeza (ver acá), pone en alerta a las fracciones más especulativas del capital financiero.

Lo que estamos viendo en los días inmediatos posteriores a la elección de agosto, es la corrida de esas fracciones para condicionar la transición política. Mal que le pese al gobierno cambiemita, el proceso ya comenzó. Se vienen, a priori, cuatro largos meses, intensos y convulsionados.

En el marco de la desregulación general de los movimientos del capital financiero, los principales agentes actúan para construir un camino que les garantice de mínimo una salida ordenada. Hoy ya no alcanza con una tasa de interés del 74% anual en las LELIQ ( Letras de Liquidez del Banco Central -BCRA-) para retener a buena parte de esos capitales frente a una devaluación superior a 30% en pocas horas. El Banco Central se encuentra secuestrado (por decisión política del gobierno) por el conjunto de los grandes bancos: la montaña de esas colocaciones en el BCRA es tan grande que el valor del rescate que reclaman se acrecienta día a día. El 75% de los depósitos de los bancos se encuentra aplicados a LELIQ y otras colocaciones en el Banco Central (ver).

La corrida sobre el dólar tiene costos brutales sobre el conjunto de la población. Primero, acentúa el estrangulamiento monetario que impone el BCRA en el marco de su política de emisión cero y encarece el crédito en toda la economía. Segundo, con la desregulación y dolarización general de precios, la suba del dólar impacta directamente en los precios de todas las mercancías de consumo esencial. Por último, ese incremento alimenta la incertidumbre general y, por lo tanto, desarticula la cadena de pagos y producción; un capitalismo sin precios, colapsa. Con una inflación superior al 50% anual, el riesgo inminente del descontrol cambiario es la hiperinflación.

Tiempo de descuento

El gobierno de Mauricio Macri entró en tiempo de descuento. Frente a la disolución de su poder político, el presidente decidió -como siempre- no asumir sus responsabilidades y cargar las tintas sobre la población. Nada es azaroso. En esa acción no sólo acrecienta la crisis económica, sino que acelera el proceso de dolarización general de la economía. ¿Estarán buscando esa salida? Desde el gobierno estarían negociando un crédito extraordinario de 20 mil millones de dólares con la Reserva Federal de los EE.UU., algo que podría dar sustento a esta hipótesis.

Frente al descalabro y la deslegitimación creciente del gobierno nacional, las organizaciones populares estamos frente a una nueva disyuntiva. Podemos continuar en el camino actual que nos tiene como observadorxs privilegiadxs de una crisis que cotidianamente violenta nuestras condiciones materiales de vida. Si no logramos superar los estrechos límites impuestos por el sistema político y las formas institucionales vigentes, estamos condenándonos a atravesar esta transición bajo el desgaste creciente del golpe del capital.

La alternativa es recuperar el espacio privilegiado de nuestras luchas: la calle. Exigir la renuncia inmediata de Macri y el fin del programa de ajuste del FMI. Si algo aprendimos de las jornadas de Diciembre de 2001 y el QSVT es que no podemos delegar la defensa de nuestros derechos. Sólo el Pueblo salvará al Pueblo.

                                                                                                                                                                                                                       Nota concluída el martes 13 de Agosto de 2019.

Adenda del día después: poco, tarde y mal


A tres días de las PASO, Macri presentó una serie de medidas que se presentan como paliativas para compensar los efectos de la corrida. Las mismas implican una transferencia total de unos 55 mil millones de pesos, o menos de 0,2% del PBI. Esto es muy poco, insignificante, si lo comparamos -por ejemplo- con la pérdida en la participación de los salarios en el ingreso que entre 2019 y 2018 fue superior a los 5% del PBI. En segundo lugar, las medidas son muy tardías. Luego de una caída brutal en los salarios reales, en el valor de las jubilaciones y pensiones, en el poder de compra de las asignaciones por hije o los beneficios del programa Progresar (congeladas desde comienzos de 2018), el aumento anunciado de 5000 pesos para empleados estatales, de 2000 pesos “sin aportes a la seguridad social” para trajadorxs en el sector privado y un aumento de 40% en la Asignación Universal por Hije (AUH), representa poco y nada. Más aún, en vista del brutal incremento en el precio de los productos básicos, superior al 15% que ya se está produciendo. Con una inflación que se dispara al 60% anual o más, esas medidas son poco más que una limosna.

Finalmente, son medidas inconsistentes. El aumento sin aportes lo pagan los propios trabajadorxs con una reducción en sus pagos al sistema de seguridad social, ampliando su desfinanciamiento. Los votantes de cambiemos verán estas acciones como populismo electoral, y seguramente aporten sus votos a otras fuerzas de derecha discursivamente “más consecuentes”. El capital financiero ya dió su respuesta, y continúa su fuga. No hay nada peor para el capital que un populista converso. No hay medida alguna que esté orientada a cortar de cuajo la salida de capitales y poner un coto al derrumbe de la economía. El gobierno de Cambiemos parece dispuesto a seguir negando la realidad de que “ya no gobierna”.

 

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Mariano Féliz.
Economista. Profesor de la Universidad Nacional de La Plata. Investigador del CIG-IdIHCS/CONICET-UNLP. Integrante de la Sociedad de Economía Crítica.