Extremo duro: el avance de la extrema derecha en las urnas europeas

Victoria Furtado & Agustina Grenno / foto: sesgo.org
El pasado 25 de mayo Europa eligió los diputados que integrarán su Parlamento -única institución de la Unión Europea electa por votación directa-, arrojando datos relevantes: crecimiento y triunfo de sectores de extrema derecha en varios de los países de mayor peso político y económico de la UE y escasa participación electoral.

El resultado de las elecciones confirma la situación de crisis política que atraviesa Europa, una consecuencia más de la crisis económica que golpea al viejo continente desde hace cinco años, producto de las políticas neoliberales de los gobiernos europeos, se ubiquen estos más a la izquierda o más a la derecha.

La votación quedó configurada de la siguiente manera: el Partido Popular Europeo obtuvo 221 eurodiputados, la socialdemocracia 183 escaños, en tanto la extrema derecha tuvo un importante crecimiento. El tono diferente lo pusieron Grecia, Italia y Portugal, países donde la fuerza más votada fue la izquierda.

Europa del sur le da la espalda a las votaciones

Más de la mitad del electorado europeo se abstuvo de votar: un 57% de los ciudadanos habilitados. Las políticas de austeridad, la incidencia nula que el Parlamento Europeo ha tenido en la crisis económica, el descreimiento y cansancio de las clases populares, marcaron índices de participación históricamente bajos respecto a la elección anterior, sobre todo en los países del sur de Europa.

Para muestra basta un botón: Eslovaquia fue el país con más abstención de votos, sólo sufragó un 19,64%, siguiendo la línea de escasa participación que ya se había plasmado en las elecciones del 2009.

Para mirar de cerca: el caso francés


La crisis económica, el debilitamiento del movimiento obrero y el aumento de los conflictos y enfrentamientos que dan lugar a prácticas racistas y xenofóbicas, crean un espacio propicio para el rápido crecimiento de los partidos de extrema derecha en toda Europa. Pero quizás el caso más emblemático sea el primer lugar que obtuvo en Francia el ultraderechista Frente Nacional (FN), producto de un crecimiento significativo en las urnas: un 25,4 % de los votantes (frente al 6,3% obtenido en 2009) eligió el partido de Marine Le Pen. La UMP de Sarkozy se quedó con el 20% de los votos, mientras que el Partido Socialista, del actual presidente François Hollande, obtuvo el tercer lugar con el 15%.

El FN fue fundado por el padre de Marine, Jean- Marie, el mismo que declaró que la inmigración africana se puede controlar con una epidemia de ébola. Su postura respecto a la inmigración es compartida por su hija, quien recientemente declaró a la televisión española: ¿Por qué vienen? Porque saben que vivirán mejor en un país de la UE, aunque no encuentren trabajo. Le atraemos, porque lo que les ofrecemos es irresistible para ellos. En el momento en el que les ofrecemos, incluso a los clandestinos, la educación gratuita para sus hijos, ayudas sociales, una vivienda social y la sanidad, esa llamada es irresistible. Pero hay que explicarles que no podemos acogerles. Respecto a la inmigración entre países europeos agregó: a competencias iguales los empleos deben reservarse a los franceses. Si hay un francés que pueda cubrir ese empleo, creo que debe ser el francés el que consiga el trabajo y no el español.

Cabe agregar que a pesar de las posturas conservadoras respecto a temas como la legalización del aborto, el matrimonio igualitario y a las propuestas xenofóbicas respecto a la inmigración, un joven de cada tres eligió al FN.

La extrema Europa

Francia no fue el único país en donde la extrema derecha aumentó en adhesiones. En Dinamarca, el Partido del Pueblo logró el 27% de los votos, ubicándose también en primer lugar, mientras que el FPO austriaco superó el 20%. En Hungría, Polonia y Suecia obtuvieron escaños los partidos de derecha denominados anti-europeos o euroescépticos, aumentando en casi todos los casos sus marcas respecto a 2009. En Alemania, si bien no hubo preferencias por los extremos, el partido neonazi logró el 1% de los votos con lo cual tendrá un lugar en el Parlamento Europeo.

Por otra parte, en el Reino Unido, el United Kingdom Independance Party (UKIP) -partido de derecha, contrario a la UE y a la inmigración- obtuvo una victoria histórica desplazando a los laboristas con un 29% de los votos. Este avance del UKIP también se evidenció en la interna inglesa donde pasaron de tener 2 lugares en los consejos municipales a tener 163. Si bien este sector no controla ningún consejo municipal y no logró hacerse de ningún diputado en la Cámara de los comunes, su rápido crecimiento es observado con preocupación de cara a las elecciones de 2015.

En España, el gobernante Partido Popular fue quien obtuvo la mayor cantidad de votos (25%). Sin embargo, la pobre participación en las elecciones (45%) hizo que eso significara dos millones de votos menos que en 2009. Los socialistas del PSOE también vieron disminuida su cantidad de votantes y por tanto su representación en el Parlamento Europeo. Si bien el bipartidismo se mantiene en España, la izquierda aumentó su votación y pasará de dos a seis lugares en el Parlamento. Este crecimiento se explica en buena medida por los votos obtenidos por Podemos, un nuevo sector que capitalizó los planteos de los indignados. De todos modos la derecha también se rearma en España. Muestra de ello son la creación del VOX, partido formado por disidentes del PP y marcado por una fuerte tendencia franquista, y la coalición Marcha por España, formada por Democracia Nacional, La Falange, Alianza Nacional y el Nudo Patriota Español.

No todo está perdido

Casi todos los analistas coinciden en que el crecimiento de la extrema derecha en Europa se vio impulsado por la crisis económica y política, y por el rechazo de la población a las medidas de austeridad y recorte del gasto social que se han implementado en la mayoría de los países. Sin embargo, en aquellos donde la crisis tuvo quizás sus impactos mayores las alternativas de izquierda fueron refrendadas por los resultados de las elecciones.

Tal es el caso de Italia, donde el izquierdista Partido Demócrata de Matteor Renzi, recientemente llegado al poder, obtuvo el 40,8% de los votos. Esto significa más de 11 millones de electores, lo cual lo ubica como primer partido de Europa. El mensaje estuvo claro: los italianos ratificaron su apoyo al gobierno de izquierda y su programa de reformas que busca poner fin a las políticas de austeridad.

En Grecia el partido de izquierda radical Syriza obtuvo el primer lugar con un 26,5% de los votos, mientras que el partido de gobierno logró un 22,7%. De todos modos hay que destacar que el partido neonazi Amanecer Dorado consiguió el tercer puesto en las elecciones, logrando consolidarese pese a que sus líderes se encuentran en prisión.

Finalmente, y también interpretados como rechazo a las políticas de austeridad, los resultados en Portugal dieron a la oposición socialista el primer lugar, venciendo a la coalición de centro en el poder. El Partido Socialista obtuvo alrededor del 31% de los votos, contra el casi 28% logrado por los socialdemócratas y conservadores. A pesar de esto, las abstenciones batieron un nuevo record en Portugal situándose en un 66%.

Juventud, divino tesoro

Volvamos a Francia. Si bien, como se dijo anteriormente, uno de cada tres jóvenes apoyó al Frente Nacional, la respuesta de aquellos jóvenes organizados ante la victoria electoral de la derecha no se hizo esperar. Convocados bajo la consigna “Frente a la extrema derecha, todos y todas movilizados por la igualdad y la solidaridad”, entre 4000 y 8000 jóvenes (según la policía y los organizadores respectivamente) se movilizaron el pasado jueves 29, desde la plaza de la Bastilla a la plaza de la República en París, para manifestar su rechazo al avance del Frente Nacional. Manifestaciones similares se dieron en otras ciudades francesas.

Las organizaciones convocantes a esta movilización (gremios estudiantiles, juventudes de izquierda, organizaciones feministas y ecologistas) emitieron una declaración pública donde rechazan las ideas reaccionarias, misóginas, homofóbicas y racistas de la extrema derecha -y su expresión partidaria, el FN- y apelan al compromiso con la defensa de los derechos adquiridos y los valores solidarios. Sostienen que el aparente cambio del Frente Nacional no es más que una fachada y que el trasfondo ideológico fascista no se ha modificado.

Reivindicando su condición de hijos de inmigrantes y evidenciando su desencanto con un sistema político que no tiene en cuenta a los jóvenes, estos manifestantes se mostraron también críticos con el gobierno de Hollande. Las organizaciones firmantes responsabilizan al gobierno francés y sus políticas neoliberales y de austeridad por el avance de la extrema derecha. Agregan que no se ha sabido construir una alternativa para las necesidades de los excluidos y precarizados y sostienen que combatir al FN implica también responder a la urgencia social.

Apelando a luchar contra la exclusión, el miedo al otro y la xenofobia, las organizaciones convocan a los jóvenes a tomar su lugar en “la marcha de la historia”. Para ellos es la juventud la que debe volver a darle sentido al compromiso colectivo y convocar a las fuerzas progresistas y a los trabajadores, con el fin de crear una “dinámica popular” que retome las banderas de la igualdad, la libertad y la solidaridad.

Para pensar

Las elecciones del Parlamento Europeo y el preocupante avance de los sectores de extrema derecha obligan a profundizar el análisis, a seguir pensando cómo repercutió a nivel social y político la reciente crisis del capital que golpeó a la vieja Europa, y en particular a sus clases populares.
 

El avance de la extrema derecha es una señal de alarma para un continente que parece no haber aprendido la lección y que ve nacer y crecer, nuevamente, partidos de impronta nacionalista, en muchos casos fascistas. Hoy los inmigrantes son la excusa para defender ideas y valores conservadores y puristas que ya están causando  graves consecuencias sociales vinculadas al racismo y la xenofobia.

Otro elemento evidente es que, sea por izquierda o por (extrema) derecha, esta instancia puso de manifiesto el rechazo de la población a las políticas de austeridad impulsadas por los gobiernos de centro-derecha y socialdemócratas ante la crisis económica de los últimos años.

Parece haber acuerdo entre los analistas en que el avance de la derecha es consecuencia de esta crisis y la incapacidad de los gobiernos para superarla sin los enormes costos sociales que está teniendo hoy. Entonces, esta realidad debería ser   también una alerta para América Latina y la posibilidad de tener que enfrentar en el  futuro una crisis económica o, al menos, encontrarse frente a un contexto económico menos favorable para nuestros países.

Otro análisis posible ubicaría este avance de la derecha en el marco de la alternancia progresismo-reacción que ha caracterizado la dinámica política de muchos países europeos y que se mantiene hoy en tanto no hay una alternativa al modelo capitalista. En esta línea cabe recordar las palabras del filósofo Alain Badiou respecto al devenir histórico de la política francesa: Creo que es muy importante entender que Francia es al mismo tiempo el país de las revoluciones y una tierra muy propicia para la reacción. Es un elemento dialéctico para la comprensión de lo que es Francia. A menudo discuto con mis amigos extranjeros porque ellos todavía hoy cultivan la mitología de una Francia maravillosa, siempre en la brecha de las invenciones revolucionarias. (...) Yo les respondo que hacen una historia de Francia en la que se suceden los filósofos iluministas, Rousseau, la Revolución Francesa, Junio del 48, la Comuna de París, el Frente Popular, la Resistencia, la Liberación y Mayo del 68. Excelente. El problema es que también existe otra historia: la Restauración de 1815, los Versalleses, la Sagrada Unión durante la guerra del 14, Pétain, las horribles guerras coloniales. (...) Hay, entonces, dos historias de Francia, mezcladas. Allí donde, en efecto, las grandiosas histerias revolucionarias se dan vía libre, las reacciones obsesivas le responden. (Elogio del Amor, entrevista de Nicolas Truong, 2008).

Lo que queda resonando, en definitiva, es que estos dos planos, estas dos explicaciones -una más económica, otra más política- parecen estar fuertemente vinculadas en la medida en que la población, frente a la crisis económica y la urgencia social, se dejó convencer por la extrema derecha quizás ante la ausencia de una alternativa de izquerda realmente transformadora. La opción más fácil sería atribuirle al electorado europeo, y en particular a sus clases populares, una esencia conservadora y filo fascista. El desafío es asumir como tarea impostergable la costrucción de una verdadera alternativa al capitalismo, que promueva valores solidarios y que convoque a los sectores populares a ser los protagonistas de la creación de nuevas realidades.