Furia feminista: desprecio y ausencia de justicia

Raquel Gutiérrez Aguilar
Sobre las recientes movilizaciones feministas en México, Raquel Gutiérrez nos comparte hechos y sentimientos. Reflexiones al calor de la lucha para seguir pensando lo que ya no aceptaremos de los malos gobiernos, pero también lo que vamos haciendo juntas cuando mezclamos furia con brillantina.

Hechos

Cuatro policías violan a una menor y cuando ella, su madre y su abuelo van a denunciar, se estrellan contra el desprecio de la institución, del ministerio público y de la jefa de gobierno.

Un puñado de mujeres, feministas indignadas, van a reclamar y a denunciar la barbaridad que significa que la policía te viole… “atacan” con peligrosísima brillantina y ¡ellas son las provocadoras! ¡Ellas son quienes tienen que disciplinarse! ¡Sobre ellas van los cargos!

Miles de mujeres comienzan una conversación a través de las redes sociales, amplificando el enojo que ya satura y bulle en centenares de colectivos que se auto protegen de la brutalidad patriarcal, uniformada y no uniformada. Y a la jefa de gobierno no se le ocurre nada más que organizar el igualmente indignante acto de suplantación que hemos visto mil veces: reúne a unas señoras del propio poder e invita a Marta Lamas -quien afirma que sigue adhiriendo a un feminismo ideológico rebasado e inútil-. Exhiben esa reunión como “diálogo” entre el gobierno de la ciudad y el feminismo. Sordera, cinismo, repetición hasta la nausea de los modos de gobierno que detestamos.

Una amplia movilización feminista se autoconvoca y se despliega en varias ciudades, reptitiendo una y otra vez que a cada una de nosotras nos cuidan las amigas y que la policía nos viola, nos roba, nos agrede. La brillantina es la marca distintiva del 16 de agosto.

Muchas mujeres feministas comienzan a movilizarse en diversas ciudades de la República. En la Ciudad de México, donde están atrincherados los policías violadores -o, con más precisión, estos policías violadores que esta vez fueron denunciados de inmediato; aclaro porque hay más- se produce una movilización grande y muy muy furiosa. Hay acuerpamiento de mujeres en lucha y también pintas y cosas rotas. Hay hombres golpeadores entre mujeres encapuchadas y, sobre todo, hay confusión. Mucha confusión.

Esto también lo conocemos, ya lo hemos visto repetirse en otras tantas ocasiones. ¿Cuáles? Por mencionar la que me salta más pronto a la mente: la de aquel 1º de diciembre de 2012 cuando Peña Nieto se volvió presidente en medio de un San Lázaro amurallado.

El modelo es así: lucha social, fuerza creciente, acuerpamiento, indignación que crece, protesta que se amplifica, cuerpo que se expande y entonces… empeños patéticos para pudrir la protesta. Y tales “empeños” también se parecen: desinformación, estigmatización, provocación, empujar a la movilización al terreno de la violencia, al lugar donde los poderosos son fuertes y donde pueden, una vez más, armar un discurso victimista que convierte en agresoras a las agredidas, que devalúa la palabra de las violadas y que presenta como decentes a quienes se coluden con los violadores.

Sí, esa forma de reinstalar el mundo al revés ya la hemos visto. Pero esta vez, contra todas estas violencias machistas, ¡inteligencia y más lucha feminista!

Sentimientos

Confusión, enojo, irritación, más confusión, ira que brota en las entrañas, más confusión.

Momento de lucidez rememorando experiencias pasadas: ¡nos quieren llevar de vuelta al terreno de la impotencia! ¡No permitamos eso! ¡No lo permitamos!

Los policías no tienen que violarnos. Las autoridades no tienen que intentar suplantarnos. Las maniobras que ellos hacen no tienen que surtir efecto

¡NO! ¡No lo permitamos! ¡No nos dejemos arrastrar al terreno de la impotencia! ¡No nos dejemos arrastrar a discusiones que no son las que nosotras queremos poner en el debate público!

¡El problema no es la ira, propia e inducida! ¡El problema no son unas pintas en el Ángel ni una estación del metrobús rota! ¡El problema es que la policía viola a una menor, se hace la denuncia y no pasa nada!

¡El problema es que no hay justicia! ¡El problema es que no hay manera cómo procesar la brutalidad con que nos tratan quienes creen que son impunes! ¡El problema es que eso parece no importar a quienes ahora gobiernan!

¡El problema es que Sheinbaum, cuando supo de la violación no fue a buscar, de inmediato a la menor agredida y a su familia para dar un mensaje político claro! ¡El problema es que a ella no le importó si a la menor violada le habían tomado muestras con cuidado y ternura depués de lo que había pasado! ¡El problema es que se comporte en este caso como si no entendiera lo que pasa!

¡El problema es que ella se pasmó porque no pensó en qué haría si las agraviadas fueran sus hijas!

¡El problema es que montó una simulación! ¡El problema es que Lamas se prestó a que se instale una nueva división entre nosotras, decentes y sensatas, contra las rabiosas y enardecidas!

¡El problema no somos nosotras!

¡El problema, su problema, es que ya no vamos a dejarnos!

¡El problema, su problema, es que nos estamos tomando en serio que “si tocan a una respondemos todas”!

¡El problema, su problema, es que no estamos dispuestas a que todo siga igual!