Genocidio Indígena: los defensores del establishment

Martín G. Delgado Cultelli
La columna de Martín Delgado Cultelli analiza los argumentos sobre los que se ha basado la legitimación del genocidio charrúa por parte de la historiografía oficial.

Si bien el movimiento charrúa ha obtenido legitimación tanto en ámbitos académicos como en ámbitos sociales, la realidad es que la mayor parte del espectro político nacional no aceptan las reivindicaciones indígenas. Estos actores políticos (no solo del Partido Colorado, el partido de Rivera, sino también del Partido Nacional y del Frente Amplio), cuentan con sus intelectuales orgánicos defensores del establishment. Se debe tener en cuenta que el Genocidio Charrúa no ha sido reconocido oficialmente por el Estado uruguayo. Tanto de parte de políticos como de periodistas, historiadores y algunos antropólogos, se puede ver la esencia de los argumentos que justifican las campañas genocidas del General Rivera. También suelen negar el carácter genocida de dichas campañas llegando incluso a naturalizar el racismo.

A continuación se plantean los principales argumentos de estos exponentes del status quo y una breve deconstrucción de los mismos.


1.    La necesidad de la pacificación del mundo rural.


Esta concepción está basada en los propios argumentos desarrollados por los perpetradores del Genocidio. Tiene un fuerte tono economicista. Constituye una defensa acérrima de la propiedad privada y de la necesidad del desarrollo del capitalismo, así como de la incorporación del país al mercado internacional. Es un relato basado en el punitivismo capitalista, ya que plantea la necesidad de castigos fuertes y contundentes a quienes no respetan la propiedad privada y horadan el sistema capitalista. También relacionan mucho el sistema de haciendas y la propiedad privada con la pertenencia a la civilización occidental. Exponentes de este pensamiento podemos verlos en Sanguinetti1 , Padrón Favre2 , Borges (2013) y Baliñas3.


2.    La importancia de la necesidad de la construcción del Estado Nacional Moderno.


Este relato es de clara perspectiva hobbesiana. Considera al Estado Nacional como fuerza central de la sociedad y como sujeto incuestionable. Considera que la soberanía nacional recae en las instituciones y que estas están centralizadas. Ve como una aberración la soberanía indígena y como un problema que haya regiones autónomas y sin control estatal. Justifica cualquier acción, por más aberrante que sea, si tiene como fin la defensa y consolidación del Estado Nacional Moderno. Considera la creación y consolidación del Estado Nacional centralizado como una “necesidad”. También realiza una asociación entre Estado Nacional hobbesiano con la pertenencia a la civilización occidental. Exponentes de este pensamiento podemos verlos en Sanguinetti4 , Baliñas y Sarthou5 .


3.    La naturalización de las campañas genocidas.


La fuerza de esta argumentación recae en las diferencias de sensibilidad en las distintas épocas y en la naturalización absoluta y sin cuestionamientos del racismo. Argumenta que no se pueden proyectar los valores contemporáneos a una época “bárbara”. Anula la sensibilidad indígena y afro, incluso de esa época. Sólo reconoce los valores dominantes de la sociedad blanca colonial. Tampoco reconoce voces críticas a los sistemas de explotación dentro de la propia sociedad occidental. De esta forma se termina justificando toda forma de explotación y represión hacía los “otros” sociales. Se reconoce una sola voz en la sociedad, la de los sectores dominantes. No se cuestiona la construcción del mundo colonial, ni del racismo. Sin embargo se reconoce la herencia de las políticas punitivas españolas aceptándolas sin cuestionamiento. Exponentes de este pensamiento los podemos ver en Vidart(2012), Ribeiro6  y Borges (2013).


4.    La importancia demográfica de los guaraníes en desmedro de los charrúas.

Es innegable la presencia de los guaraníes-misioneros o tapés en el territorio nacional y su influencia en la sociedad criolla a partir del intercambio simbólico y económico establecido por los jesuitas. Sin embargo eso no significa que los charrúas y otros grupos no hayan tenido también su influencia. Tampoco significa que se deba desconocer las brutales políticas de exterminio llevadas a cabo contra los charrúas tanto por las coronas de España y Portugal como por el Estado uruguayo. Incluso estos autores ocultan las propias políticas de despojo, destrucción y sometimiento por las que fueron sometidas las poblaciones guaraní-misionera. Son notorias las brutalidades de la Guerra guaranítica, el lobby hacendado contra el sistema de misiones, la guerra brutal llevada por los portugueses contra Andrés Guazurary, la Campaña de las Misiones de Rivera, el escarmiento a la rebelión de Bella Unión y la destrucción de San Borja del Yí. Éstas dan cuenta de una política de despojo y masacre brutal contra las poblaciones misioneras desde finales del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX. Es de tener presente que en muchos momentos estas barbaridades fueron parte de una política más general de genocidio indígena que involucró a charrúas y guaraníes por igual. Sin embargo estos intelectuales ocultan totalmente que las lógicas de exterminio y despojo indígena involucraron a los guaraníes. Uno de los ejes centrales de su argumentación es el hecho de que los guaraníes se cristianizaron y se sedentarizaron, formando comunidades agrícolas cristianas Para ellos la asociación entre cristianismo y sedentarización sería lo que le da el carácter de “aceptabilidad” al indígena.  Por supuesto, como los charrúas eran nómades pampeanos no evangelizados, su exterminio estaría justificado. En esta argumentación, el indígena es aceptado siempre y cuando sea parte de un proyecto civilizatorio occidental liderado por personas caucásicas, valga la redundancia: blancas. Hay una idea de “whitesavior”7  en el fondo de este relato. También se considera que el carácter cristiano y urbanista es lo que hace pertenecer a la civilización occidental. Exponentes de este pensamiento podemos ver en Vidart (2012), Padrón Favre, Haberkorn8  y González Rissotto; y Rodríguez Varese (1990).


5.    La no existencia del sistema internacional de derechos humanos.

Este argumento también enfatiza el anacronismo de hablar de violaciones a los derechos humanos en una época en donde no existía el concepto de derechos humanos. En esta concepción no hay interés ninguno en hacer justicia sobre hechos históricos. Solo interesa prevenir y sancionar hechos contemporáneos. Defiende la sociedad construida hasta este momento y lo que le interesa es prevenir que la sociedad vuelva al totalitarismo. Incorpora una visión de los derechos humanos mecanicista y no el espíritu y los objetivos por el cual se crearon. Se debe recordar que desde el establecimiento del habeas corpus en 1679, todo el sistema de derechos humanos está basado en eljus naturalismo y no en el jus positivismo. Por lo cual, no interesa si los derechos humano son reconocidos por escrito o no, ya que todos los seres humanos los tendrían por el solo hecho de ser seres humanos. La noción de los derechos humanos está basada en la noción de “dignidad”, la cual sí se puede extrapolar a otras épocas y otras realidades, como sostiene Sousa Santos (2010). Por otro lado el concepto de “Genocidio” se basa en la idea de que un determinado grupo de poder (en general un Estado) pretende o intenta exterminar a otro grupo. Si esta es la esencia del crimen de genocidio, claramente lo podemos ver en Salsipuedes y las Campañas de Rivera, ya que hay documentos en donde él mismo habla de su intención de exterminio. Es obvio que ya en esa época hubieron voces que hablaban de “traición” y de “infamia”, así como de la condena a la carnicería de la guerra. Además se cuenta con conceptos que se podrían tomarse como nociones de derechos humanos y/o condenas a crímenes de lesa humanidad. En el fondo se termina reproduciendo y defendiendo una visión única, la visión de las elites de la época. Exponentes de este pensamiento los podemos ver en Vázquez9  y Ribeiro.


6.    La baja cantidad de muertos en comparación con la Shoá
10 

Ciertamente la Shoá es el Genocidio Arquetípico, recordemos que el concepto de Genocidio fue creado por el intelectual judío polaco Raphael Lemkin en el año 1944 para dar cuenta de las prácticas y objetivos de la Alemania Nazi con el pueblo judío. Todo el sistema internacional de derechos humanos y de sanción a los crímenes de lesa humanidad está inspirado en la labor de Lemkin y en los brutales crímenes de los nazis. Así que es obvio que todo acto de Terrorismo de Estado, crimen de guerra, crimen de lesa humanidad y genocidio que quiera definirse como tal se va a comparar con la Shoá. Pero se deben tener en cuenta las particularidades de cada Genocidio y de cada población víctima. Los modus operandi del Terrorismo de Estado no son igual en todas la sociedades. No se puede esperar encontrar un campo de exterminio al estilo nazi en el Uruguay del siglo XIX. Pero eso no significa que las matanzas, persecuciones, movimientos poblacionales y trabajos forzados cometidos contra la población indígena en el siglo XIX, no hayan sido igual de crueles que las atrocidades nazis. También se debe tener en cuenta que cuando se habla de la Shoá se habla del proyecto de exterminio de toda la población judía de Europa. O sea, de toda la población judía de un continente. No hay que olvidar que estamos hablando de poblaciones europeas del siglo XX, que ya tuvieron el salto demográfico del industrialismo. Es por eso que los muertos de los nazis se cuentan en millones. En el caso charrúa, estamos hablando de una población que difícilmente pasaría los 2000 individuos en su totalidad. Pero estamos hablando de una población pre-moderna y en un Estado en donde vivían tan solo 70.000 personas. Tal vez si habláramos de las poblaciones indígenas a nivel del continente americano masacradas en el siglo XIX, entonces llegaríamos a las cifras de los nazis. Es importante insistir en que la brutalidad de un Genocidio no se mide por la cantidad de muertos sino por las repercusiones en el grupo víctima y en la intención política de exterminio. Eso hace que no importe si son 1000 charrúas o 6 millones de judíos. El nivel de brutalidad es el mismo. Se puede observar una imposibilidad de reconocer los propios crímenes. Siempre es más fácil señalar las suciedades del otro que las propias. Representantes de este pensamiento los podemos ver en Vázquez, Sanguinetti y Borges (2013).

Definitivamente todos los argumentos se interrelacionan. Estos argumentos también tienen una muy fuerte influencia de Juan Ginés de Sepúlveda y su libro “De la Justa Causa de la Guerra contra los Indios”. Recordemos que Sepúlveda fue quien se enfrentó a Fray Bartolomé de las Casas en el Debate de Valladolid. Sepúlveda estaba en contra de reconocer a los “indios” como seres humanos. Los argumentos del célebre texto sepulvedano (que es una contestación al texto de De las Casas “Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias”) se centran en que si los “indios” son paganos, tienen costumbres y hábitos diferentes a los europeos y no reconocen la autoridad del Rey y la Corona. Entonces se les puede hacer la guerra hasta su exterminio. Los argumentos de no ser cristiano, no pertenecer a la civilización occidental y no reconocer la autoridad del Estado (sea desconociendo la propiedad privada de los hacendados o manteniendo territorios autónomos regidos por soberanía indígena); fueron argumentos esgrimidos en el siglo XIX para desarrollar las políticas de exterminio. Los mismos son esgrimidos hoy para justificar esas políticas. Amplios sectores políticos e intelectuales del Uruguay son profundamente sepulvedanos. A casi 500 años de “De la Justa Causa de la Guerra contra los Indios” que se siga manteniendo este espíritu  espíritu es la prueba de que la colonialidad del poder (Quijano, 2000) que sigue vigente en el Uruguay.


1- Ver nota: http://www.correodelosviernes.com.uy/Charruismo-estatal.asp Consultada 27/12/2018
2- Ver minuto 13:23 : https://www.youtube.com/watch?v=WMS6BOPwbxI Consultado 27/12/2018
3- Presenciado en persona en la charla de la Asociación Patriótica del Uruguay el 31 de julio de 2018
4- Ver nota: https://www.infobae.com/opinion/2016/09/25/charruismo-rivera-y-la-verdad... Consultada 27/12/2018
5- Ver nota: http://www.voces.com.uy/articulos-1/indisciplinapartidarialacolumnadehoe... Consultada 27/12/2018
6-  Ver minuto 3:47 : https://www.youtube.com/watch?v=-BG7x_ElkDA Consultado 27/12/2018
7-  Es un concepto utilizado en el cine norteamericano para hablar de un tópico en donde una persona caucásica “salva” (ayuda, defiendo o enseña) a personas no blancas. Un ejemplo de este tópico es el film Dances with Wolves de 1990. Actualmente se considera al whitesavior como algo racista.
8- Ver nota: http://leonardohaberkorn.blogspot.com/2008/09/uruguay-tierra-guaran.html Consultada 27/12/2018
9- Ver nota: https://www.presidencia.gub.uy/comunicacion/comunicacionnoticias/vazquez... Consultada 27/12/2018
10-  Shoá es una palabra hebrea que significa literalmente “Catástrofe”. Es la palabra utilizada por el pueblos judío para hablar del Holocausto, del Genocidio perpetrado por los nazis. Por respeto al pueblo judío, prefiero utilizar su propio término para hablar de la carnicería cometida por los nazis.


Bibliografía:
BORGES, L. B. 2013. Sangre y Barro. Ediciones de la Plaza. Montevideo.
GONZÁLEZ RISSOTTO, L. R y RODRIGUEZ VARESE, S. 1990. Guaraníes y Paisanos. Nuestra Raíces Nº3. Editorial Nuestra Tierra. Montevideo.
QUIJANO, A. 2000. Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. Taller de Gráficas y Servicios. Argentina.
SOUSA SANTOS, B. 2010. “Descolonizar el Saber, Reinventar el Poder”. Ediciones Trilce. Montevideo.
VIDART, D. 2012. No hay Indios en el Uruguay Contemporaneo. Anuario de Antropología Social y Cultural en Uruguay, Vol. 10.