Humanada

Agustín Cano (Arquero Peligro- Uniradio) / Foto: www.melty.es
Cuando terminó el partido con Italia, y de inmediato la televisión mexicana comenzó a insistir con el episodio de Suárez y Chiellini, el grupo de uruguayos que nos habíamos juntado para la ocasión, y que a esa altura estábamos roncos y emocionados gracias al gol de Godín, fuimos poco a poco trocando nuestra alegría en un naciente sentimiento de alarma.

Procuramos centrarnos en el partido, recordar las circunstancias del juego, soñar con lo que se venía; pero un mal presagio se instaló mudo entre nosotros cuando en las coberturas televisivas la victoria de Uruguay pasó de inmediato a un segundo plano, dejando su lugar a la reiteración obsesiva de las imágenes del supuesto mordisco.

Al comienzo, las imágenes fueron acompañadas por la sugerente pregunta “¿actuará de oficio la FIFA?”, pero casi de inmediato esta “pregunta” dejó su lugar al reclamo abierto de una sanción “ejemplarizante”. Cuando en la conferencia de prensa del Maestro Tabárez los periodistas ingleses impidieron hablar del partido para instalar el asunto del mordisco convirtiendo a la conferencia en la plataforma de una campaña mediática mundial, la alarma se transformó en franca preocupación. Y cuando en las horas siguientes verificamos la virulencia omnívora de dicha campaña (con destacada participación de medios ingleses y brasileros), nuestra preocupación incorporó el presentimiento de que lo peor podía pasar.

En rigor, el “juicio” a Suárez sucedió en las horas que transcurrieron desde que terminó el partido con Italia hasta que la FIFA resolvió actuar de oficio. Cuando se anunció la apertura del expediente, Luis ya estaba juzgado. Lo que vino después fue una escenificación particularmente violenta de una sentencia que los medios de comunicación ya habían dictado: los medios clamaban por sangre, y la FIFA se la brindó con sadismo. Los medios de comunicación ingleses, brasileros, mexicanos, entre otros, estarán ahora momentáneamente satisfechos, garganteando frases de justicia y buenos modales, golpeándose el pecho, y bajando la mirada si por casualidad se posa en un espejo. El vice-presidente de la FIFA, el inglés Jim Boyce, que en 2013 había declarado que Suárez “9 de cada 10 veces simula” y que era “un cáncer para el juego”, estará ahora satisfecho por la extirpación violenta, aún cuando quizá no pueda evitar soñar con los dos goles que mandaron a su selección de vuelta a casa. El propio primer ministro inglés David Cameron, que en su momento declaró que Luis era un “pésimo ejemplo para los niños”, estará mostrando a su hijo de ocho años la sanción ejemplarizante, enseñándoles que no se muerde, que no se ataja una pelota con la mano, que ante todo se respetan los buenos modales, que se saluda a la reina, que no se explica cómo dios permite que Uruguay siga en el mundial e Inglaterra no, pero que eso también pronto se solucionará. Quién sabe cómo estará Chiellini, quizá contento también, su reclamo de justicia fue oído por la FIFA, ahora puede esperar en su casa a que termine el mundial, y la próxima vez que quiera ejecutar su papel de tipo rudo en las canchas de Turín, pesará sobre sus hombros algo más que una mordida: el triste rol de buchón quejumbroso que no tenía ninguna necesidad de interpretar.

El fallo de la FIFA evidencia una persecución canalla hacia Luis Suárez. Lo tratan como a un criminal. Le impiden ingresar a un estadio, un extremo que rara vez se aplica a los barras bravas más peligrosos. Le impiden entrenar con sus compañeros. Sólo falta que ordenen a Panini retirar su figurita del álbum del mundial y a youtube eliminar los videos de sus goles y gambetas. Se trata de todo el poder de una institución poderosísima, tanto que es capaz sin despeinarse de suspender las leyes de un país tan poderoso como Brasil para imponer sus propios contratos comerciales, dirigido con saña hacia un jugador. No basta con sacarlo del mundial, es necesario destruirlo, humillarlo, devastarlo. Como en los tribunales de la inquisición, al hereje se lo quema en la plaza pública para el clamor popular, y “por su propio bien”. Así, a Luis, además de procurar destruirlo, se le recomiendan tratamientos psicológicos para “ayudarlo”, convirtiendo una persecución infame en una medida psicomédica. Pero la Santa Inquisición era también una poderosa institución económica, que incautaba los bienes materiales de las personas oportunamente encontradas herejes. Así de igual modo, la FIFA no perdió la oportunidad de multar a Luis con más de 100 mil dólares.

Desde un punto de vista jurídico y reglamentario, no existen pruebas concluyentes de que Suárez haya mordido a Chiellini. El único video que mostraba la mordida, difundido por la Red O Globo, resultó ser un video adulterado. Estaba desde luego el testimonio de Chiellini, quien apenas comenzado el partido había fingido sufrir un codazo del Tata González, en un evidente intento de engañar al árbitro procurando hacer expulsar al jugador uruguayo. Es decir que, no sólo no había pruebas de que Suárez hubiera mordido a Chiellini, sino que sí había pruebas de que el presuntamente mordido, y cuyo testimonio la FIFA tomó como prueba, había mentido en un caso anterior. La otra prueba que había, por fin, más que un mordisco probaba la existencia de una campaña por hacer suspender a Suárez, como prueba el hecho de que la Red O Globo difundió un video adulterado. Este hecho, realmente escandaloso, no fue sin embargo objeto de alarma, indignación o denuncia alguna, ya que todo está permitido a la hora de agredir al hereje. Tomatazos, escupidas, insultos, todo se vale cuando el hereje es conducido al cadalso, y la sociedad se redime en su ejecución. Después de la sangre viene la fiesta, y así la vocera de la FIFA cortó el espacio de preguntas y rapidito ingresó al estrado el bufón Ronaldo a promover las delicias de la próxima “Fun Fest”.

La sanción a Zidane por el cabezazo a Materazzi en la final del mundo de 2006 fue de tres partidos y menos de 7 mil dólares. La sanción a Suárez por un hecho que no causó daño alguno, es muchísimo más grande de la aplicada al italiano Tassotti por quebrarle el caballete a Luis Enrique en el Mundial de 1994. El codazo de Neymar al croata Modric en el escandaloso partido inaugural del mundial no recibió sanción alguna. Tampoco motivaron actuaciones de oficio el codazo alevoso del francés Sakho al ecuatoriano Minda en el último partido del grupo E, y otro igualmente intencional del también francés Giroud en el mismo partido. La persecución a Suárez es tan alevosa, que las sensatas editoriales de periodistas sensatos clamando porque Luis se haga cargo de sus errores resultan menos pueriles que patéticas.

El Nacho Vilaró, que es filósofo, cuando comenzaron las repercusiones del episodio Suárez-Chiellini, realizó una interesante observación antropológica: ¿qué sucede con el acto de morder que resulta tanto peor y escandaloso que una patada criminal o un codazo artero? ¿Tanto necesitamos diferenciarnos de los animales que nos horrorizamos ante una (presunta) mordida sin consecuencias sobre la salud del (presunto) mordido, mucho más que ante una patada que puede comprometer la carrera de un jugador, como la sufrida por el propio Luis en el último partido de la Premier League? En este sentido, el castigo que la FIFA-Inquisición es por cierto muy humano: no existe ninguna especie animal que realice actos de linchamiento de un miembro de la propia especie como los que es capaz de realizar la especie humana con tanta saña y rencor.

Ojalá la selección saque fuerzas de flaquezas, como hasta ahora, y siga emocionándonos con su ejemplo de fútbol y coraje. Ojalá Luis, hoy condenado a bandolero, se levante como siempre y siga haciendo de las suyas, endiablado e incontenible, realizando imposibles en las canchas, escandalizando con su moral de campito la doble moral de los poderosos. Ojalá este fallo infame marque el comienzo del fin de una institución corrupta y criminal como la FIFA, capaz de organizar un mundial en complicidad con la dictadura fascista argentina o con cualquier otra que dé con el precio. Ojalá los activistas brasileros anti FIFA y anti mundial estén a partir de ahora un poco menos solos. Ojalá el circo y el negocio que el poder monta sobre el fútbol se torne con esto un poco más evidente. Ojalá los obreros que mueren construyendo los estadios en Brasil o Qatar sean menos olvidados. Ojalá esta indignación general que todos sentimos nos sirva para hacer algo al respecto, y también para alimentar la indignación por otras injusticias cuyas “FIFAS” son menos evidentes, y a las que, demasiado largamente, nos hemos ido acostumbrando.

Fuerza Luis.

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