"La bandera más justa sin la cantidad de justos necesarios es una derrota"

Diego Castro y Siboney Moreira / Ilustración: Fabián Martínez
Oscar nos recibió en el sindicato, con el termo abajo del brazo que no abandonó en el rato que duró la entrevista, que se hace más larga aún porque tiene la cualidad de hablar bastante rápido y pasar de un tema a otro, abriendo mil ventanas a su historia y a la historia de su sindicato.

Oscar Andrade Lallana es oriundo de Villa Felicidad, un pueblito próximo a Progreso que no superaba los 700 habitantes a finales de los años ochenta cuando comienza su militancia. Repasa su juventud entre el liceo de Progreso, el trabajo en los viñedos con sus compañeros de clase durante la zafra y los comienzos en el gremio panadero, ya instalado en Montevideo. Reconoce que a fines de los ochenta no militar era algo raro, no así en la década siguiente. La solidaridad como estudiante con una huelga de trabajadores de Copsa que instaló un campamento en el pueblo es uno de los primeros hechos que lo sensibilizaron. Se afilia a la juventud comunista en 1989 y aunque su hermana ya lo estaba, en su casa, con madre tupamara y padre colorado (de la vieja lista 15), no cayó bien.

Su primera experiencia sindical lejos estuvo de la actualidad del Sunca, que se convirtió en el sindicato uruguayo con mayor cantidad de afiliados: 42 mil de los 64 mil vinculados al sector. Las reuniones del sindicato de panaderos no superaban las 15 personas y cuenta que en ese momento admiraban al sindicato de la construcción. Es recién en 1993 que comienza su actividad en el Sunca, en el marco de una histórica huelga que duró 83 días. “En ese momento la academia discutía el fin de la historia, el fin de las ideologías, el fin del sujeto histórico y nosotros largamos una huelga con una plataforma que iba por todo” ironiza. Repasa los pormenores y saca aprendizajes. “Fue difícil que no quedara una fuerte sensación de derrota, pero tuvo un logro importante, logramos la negociación colectiva desde ahí hasta el 2005, cosa que ningún sindicato tenía. Luego de la huelga, para los comunistas se hizo cuesta arriba la militancia en el Sunca. Los patrones siempre ajustan cuentas al finalizar los conflictos y conseguir trabajo se hacía muy difícil. Te tenías que anotar con otro nombre para trabajar, todos los dirigentes sindicales estábamos desocupados”. En el 2002-2003 se queda sin trabajo y vuelve a la panadería, aunque permanece en la dirección del Sunca.

En Montevideo vive en muchos barrios que iba cambiando a medida que comenzaba una nueva obra -Brazo Oriental, Belvedere, Centro-, a veces en pensiones, otras en casas de amigos y también de alquiler.

Recuerda los momentos duros cuando el Sunca no tenía ni para volantes y destaca a los militantes que estuvieron en los peores momentos: los noventa y la crisis del 2002. Por aquellos tiempos el plenario de delegados no superaba los veinte integrantes, hoy supera los mil. Afirma que la actual situación del Sunca se fue gestando lentamente y con acciones importantes, tiempo atrás. Es muy conocida la brigada Agustín Pedrozo, pero recuerda el trabajo del sindicato cuando había menos recursos y los militantes dejaban de trabajar horas extras los sábado para demostrar su compromiso y solidaridad. Repasa las experiencias de las brigadas en Fray Marcos y Migues en 2002 y la reconstrucción del teatro El Galpón, tarea silenciosa que duró tres años.

Se emociona cuando habla de algunos de sus compañeros: “Pedrozo, negro, sindicalista y comunista en la década del 50, él si la tenía difícil”

¿La ley de responsabilidad penal es la batalla más dura que te tocó militar?
R: No, capaz que es la que tuvo más difusión pública y desnudó componentes de clase muy duros. La ley pasó a ser una cosa que no es; cualquiera con sentido común tiene que estar a su favor. La ley no dice cosas demasiado dramáticas, lo que dice es que si vos violás una normativa laboral que conocías y esa violación es tan importante y grave que ponés en riesgo de muerte a un trabajador pasa a ser delito en Uruguay. Lo que hizo que tuviera grados de trascendencia políticas mayores fue el grado de resistencia de la clase dominante. Como las cámaras concentraban en la ley su vida, hicieron de ella un principio y la radicalizaron generando una campaña gigantesca de mentiras y usando todos los métodos. Se pararon en la defensa de las peores formas de organización empresarial. La batalla se transformó entonces en un elemento simbólico de mayor peso.

¿Quiénes fueron los principales detractores de la ley?
R: Ahí hay algunos que hicieron punta y está bien que lo hagan; Mailhos, la Federación Rural y Carrau Industrias. Pero las cámaras grandes, de los sectores más conservadores, lograron poner atrás suyo a todas las cámaras empresariales, ese fue un triunfo de ellos. Y lograron hacerlo sobre la base de un planteo que es falso; como decir, por ejemplo, que si el empresario no tiene nada que ver va preso igual, eso es una barbaridad. Creo que en esto también jugó mucho la opinión pública que se posicionó a favor de la ley a pesar de como trabajaron la campaña estos sectores.

¿Por qué crees que la bancada del Frente Amplio dudó tanto en aprobar la ley?
R: Porque hubo presiones brutales. Es claro que en términos de opinión pública apareció la presión del sindicato. Pero hubo otras presiones que fueron bestiales como las que generaron las veinticuatro cámaras empresariales cuando fueron en conjunto y generaron que se postergara la votación de la ley.

¿Hay alguna relación directa entre corporaciones empresariales y algunos sectores del Frente Amplio? ¿Cómo operó eso en el proceso de aprobación de la ley?
R: Que hay incidencias es seguro y operaron los tres años. Hay una influencia fuerte de sectores empresariales en la vida de todo el país. Vos tenés, por ejemplo, participación empresarial que se multiplica por diez en relación a la participación sindical en el estado y no tenés intendencias en las que las comisiones de gestión productiva y de ordenamiento no estén presentes las cámaras de la construcción.

¿Qué sectores del Frente Amplio crees que tienen vínculo más directo con esas corporaciones empresariales?

R: Yo no ubico que sea un drama tener en cuenta la opinión de las cámaras. Es más, si hay temas en los que pudiéramos sacar por consenso la resolución sería genial. Ahora, en el tema de la ley tenía claro que no había ninguna posibilidad de consenso. Nosotros lo que defendimos es que la ley se acordó en diputados con todos los sectores y para acordarla hubo que hacer modificaciones. No hicimos de la letra original algo de patria o muerte. Pero llegar a un acuerdo es llegar a un acuerdo  y para cambiar un acuerdo tienen que haber argumentos de peso distintos a la presión empresarial, y no los hubo.

Pasaron ya nueve años de gobierno del Frente Amplio, ¿cuáles considerás que fueron avances relacionados a los intereses de las organizaciones del campo popular uruguayo y cuáles sus debes?
R: Me parece que este es un año de balance. Está claro que para la liberación nacional nos falta un tramo enorme, pero no hay dudas que ha habido avances. Hay que revisar datos de la CEPAL. En América Latina, en cuanto al salario medio real del año 2005 al 2012, Uruguay es el que más creció. Y vos decís ¿sólo en Uruguay hay gobiernos populares?, no, hay en un montón de países de nuestra región. Lo mismo en relación a que fue el país que más bajó la pobreza y el desempleo y creció el empleo formal.

Nos acostumbramos a que algunas de estas conquistas sociales, como eran parte de lo que teníamos que hacer cuando fuéramos gobierno, no son muy importantes. Pero sí son importantes, y desconocerlas no implica ser más independiente y rebelde con el gobernante, implica desconocer que la mayoría de esas conquistas fueron a costa de lucha. Me parece que no hay duda que la llegada del Frente Amplio generó mejores condiciones para la lucha social, pero es la lucha social la que en última instancia va a generar mejor distribución de la riqueza, más democracia, otro sentido ético, a apropiarse de espacios de poder.

En ese escenario que planteás, ¿cómo ves el proceso de movilización de las organizaciones del campo popular en este período, no sólo desde el sindicalismo sino desde sus otras expresiones?
R: Creo que ha habido de todo y que en el plano sindical es donde más se avanzó. En cuanto al desarrollo del movimiento estudiantil, en este escenario, me parece que tiene una dificultad gigantesca de construir, hacer política y vincularse a sus luchas. Y sin lucha no generás conciencia y por lo tanto tenés un problema importante. Yo esperaba otro desarrollo del movimiento estudiantil, creo que no generó las condiciones para un protagonismo más pesado. Pero esto es parte de una construcción donde tenemos que ser autocríticos, porque esa articulación también tiene que ser nuestra changa.

Y el movimiento cooperativo, con el que tenemos una relación histórica de mucho tiempo, todavía no ha aprovechado tener un desarrollo de cooperativas de vivienda y de autogestión como nunca antes en la historia. Me parece que CUDECOOP, la FUCVAM y nosotros, el movimiento sindical, tenemos que pensar que ahí tenés una herramienta en estas condiciones para generar un espacio alternativo, de ensayo, porque lo que está claro es que no tenemos la luz en el puño. Pero no tener luz en el puño no implica resignación a que lo que único que existe es el capitalismo, sino que estamos en una etapa de construcción de alternativas y en eso nos vamos a pegar doscientos porrazos.

¿Cuáles crees que han sido los avances para el sector empresarial y capitalista en Uruguay?

R: Nosotros tenemos en la construcción un 85% del trabajo que es inversión privada y buena parte de esa inversión se localiza en la costa para chalés caros. Eso evidentemente no me da gracia pero que eso es mucho mejor que en el 2002 donde no había una obra en todo Montevideo, seguro. Porque no vas a luchar fuera del capitalismo. Puede haber una reflexión donde digas que vas a construir espacios de poder por fuera del capitalismo, criticando sus reglas, pero es en las reglas del capitalismo. Es sometiéndolo a las criticas para generar fuerzas que permitan transformarlo y se generen condiciones nuevas y construir poder popular. Esa perspectiva es compleja, pero no puede ser una perspectiva, en mi opinión, principista abstracta.

¿Cuál es tú balance sobre el movimiento sindical hoy y qué habría que hacer para generar mayores cambios?

R: Estamos en una transición. El problema es que hemos tenido un crecimiento muy desparejo, no todas las organizaciones sindicales se desarrollaron igual. Nosotros pasamos de tener mil y pocos afiliados a cuarenta y dos mil. Pero para nosotros la cantidad de afiliados sería relativa sino creciéramos en la cantidad de gente que movilizamos. Nuestra perspectiva del sindicalismo no es tener muchos afiliados que piensen que afiliarse al sindicato es pagar la cuota y los dirigentes los que resuelven la tarea y traen las cosas hechas. Nuestra perspectiva de construcción del sindicato vale si el protagonismo de miles es mayor. La idea central de nuestro sindicato está en pensar que la construcción es colectiva, que tiene la necesaria unidad de acción para la lucha de clase pero que tiene a su vez una forma de construcción muy democrática. La participación de cada compañero importa mucho y eso no es cuestión accesoria sino que es el centro de la cuestión.

Es de público conocimiento que por tu pertenecía al PCU votarás a Taberé Vázquez. Suponiendo entonces que en las elecciones gane Tabaré ¿dónde estará Oscar Andrade el 2 de marzo de 2015?
R: Yo voy a estar acá seguro. Esta es mi casa. Yo le debo la vida a esto y me quedo acá por tres cosas: una por un sentido emocional donde es un poco la casa de uno y aprendí mucho. Otra por un elemento teórico donde creo que las trincheras sindicales tiene mucho para aportar y por lo tanto no se pueden descuidar ya que no son un escalón abajo, inferior al escalón gobierno o partido político, sino que son al menos de la misma importancia, y si me dejas, para mí de la misma importancia. La tercera, porque creo que la izquierda es construir proyectos colectivos y no la carrera a tal lugar, que pareciera es lo más cómodo o que parece es lo más visible.

Foto al pie: Agustina Grenno

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