LA NOCHE MÁS OSCURA

Iván Fernández - Sdr Julio Castro / Foto: Rebelarte
Estudiantes de Secundaria se movilizan contra la represión y el recorte presupuestal, a un año de la violenta desocupación del Codicen.

Sebastián tiene diecisiete años. Su pelo es negro, algo largo y enrulado. La prominente barba le ensombrece un poco el rostro, síntoma de una adolescencia que se termina. Es estudiante del Liceo Miranda y fue parte de los que en setiembre del año pasado ocuparon el Consejo Directivo Central (Codicen). Un año después está de nuevo en ese lugar junto a unos 50 compañeros del movimiento estudiantil de secundaria. Concentran en la Plazoleta Tomás Brena para cruzar Río Negro y hacer una “sentada” en el Codicen como acto de rechazo a la violenta desocupación del 22 de setiembre del año pasado. Una cinta pato circula entre los jóvenes. Las bocas tapadas son los gritos que acalló la policía un año atrás. Las palmas de todos acompañan el reclamo.

Los recuerdos de la desocupación perturban a Sebastián. Cuando cuenta lo que vivió, la tristeza y la bronca se apoderan de su mirada: “Al mediodía llegó un comisario que trajo una especie de orden de sitio. Nos la tiro por la cabeza, la tratamos de agarrar, pero voló por Libertador. Ese día estábamos todos al palo. Con la puesta del sol empezamos una asamblea para decidir qué hacer. Resolvimos no desocupar y aguantar un día más”.

Durante la asamblea, Sebastián se asomó a la ventana del tercer piso que da a un estacionamiento sobre la calle Mercedes. Desde allí divisó efectivos de la Guardia Republicana apostados en las afueras del edificio. Alarmados por su presencia, los jóvenes llamaron a sus amigos, familiares y militantes de otros gremios para que los apoyen. Tenían miedo. A pesar del temor, la asamblea decidió continuar con la ocupación. Los policías en la entrada parecían retroceder. Tenían una noche más para pensar las cosas.

“Al rato estoy asomado entre las dos hojas de la puerta y veo desplegarse a la Republicana por todo Libertador. No había ni 15 centímetros entre cada milico. Eran muchos, demasiados. Salió el grito‘cierren la puerta, cierren la puerta’. Entramos en pánico. Corríamos por todos lados. Yo buscaba a mis amigos y a mis compañeros del Miranda”.
Desde la cocina se escuchaban gritos. La policía corría a la gente que apoyaba a los estudiantes afuera del Codicen. Subió la adrenalina y esos minutos volaron. La policía entró  y los jóvenes seguían ahí adentro. El ruido de las botas repiqueteaba contra el piso y asustaba más a los estudiantes. Una militante del Centro de Estudiantes del IPA subió a avisarles que bajaran por la puerta que da a la calle Colonia, allí la gente hacía un cordón humano para protegerlos del avance de la policía. Esa puerta tenía una barricada hecha con bolsas de portland que encontraron dentro del edificio y las tuvieron que sacar para escapar.

“Empezamos a escuchar ruidos de botas y gritos que ya no recuerdo. Sabíamos que se aproximaban. El Grupo de Respuesta Táctica entró por la puerta de atrás. La tiraron abajo. Creo que ellos mismos fueron los del golpeteo. Entraban por tres lados, por el estacionamiento, por el banco y por el frente. Estábamos todos en el tercer piso. Por una escalera interna bajamos y desalojamos el edificio. No estuvieron en el piso nuestro pero sí entraron con nosotros adentro. Por algo hacían los golpes. Capaz era una estrategia para no hacer daño, pero que entraron,entraron y que hubo algunos pibes con la cabeza rota, los hubo”.

Sebastián fue uno de los últimos en bajar. Cuando estaba por salir, advirtieron que faltaba la bandera del Miranda. No se podían ir sin la bandera. Afuera del edificio lo esperaba una escena de película. La policía le pegaba a la gente y algunos les devolvían la gentileza con piedras. Los milicos se separan y cascan a un par. Ve gente tirada. La película que no quería ver.

“La policía se llevó gente. Se entró a correr la voz de que había que ir a la Facultad de Ciencias Sociales. Ahí, sin autorización del decano, no se podía entrar. Fue un éxodo por 18 de julio. Había algunos con la cara medio rota, gurises llorando, gente lastimada. Cuando llegamos allá, partí en llanto”.