Las luchas de las mujeres que, una y otra vez, construimos el mundo que habitamos

Raquel Gutierrez Aguilar* / Foto: Carolina Camps
En vísperas del 8 de marzo y el paro de mujeres, compartimos esta nota de Raquel Gutierrez, publicada en la Revista Escucharnos Decir, para relanzar los horizontes de deseo desde las luchas de las mujeres y pensar los rasgos actuales del renacer del feminismo en América Latina.

Más allá de las políticas de derechos, de la llamada “equidad de género” y de la políticas públicas para las mujeres, hay un amplio y renovado torrente de energía desplegada por múltiples y variadas asociaciones y grupos de mujeres en lucha a lo largo y ancho de América Latina. Son acciones que interpelan a la sociedad toda y sacuden y desafían los rígidos marcos de dominación y explotación que se han consolidado y perfeccionado a lo largo de siglos.

Parece haber un nuevo florecimiento del “entre mujeres”... aquella vital forma de relanzar las relaciones entre nosotras, gestionando nuestras diferencias no para anularlas sino para volverlas fuerza común. Un renacimiento del “entre mujeres” que camina, hoy, mucho más allá del feminismo de olas anteriores que parece haber perdido filo. Sí, habitamos una regeneración de las hebras más profundas de las luchas de nuestras madres y abuelas cuando, durante las turbulencias del 68 y en la década que siguió, se encontraron en todo tipo de reuniones, presentándose no solo como la mitad del mundo sino como una fuente inagotable de fuerza creativa para regenerar la vida colectiva más allá, contra y más allá de lo que el capitalismo impone como vida y los distintos estados gestionan como cotidianidad.

En casi toda América Latina, en Argentina y en Uruguay, pero también en Guatemala y en México, en Bolivia y Ecuador, en Perú y en Colombia, en Venezuela y en Brasil... presenciamos una disposición renacida entre amplios contingentes de mujeres jóvenes -y no tanto- para encontrarse, para intercambiar palabras y experiencias, para acompañarse en sus afanes cotidianos. Un ánimo regenerado para conspirar y diseñar las luchas que tenemos que encarar y los sueños que nos proponemos perseguir.

Este intenso flujo de añeja rebeldía abre nuevos tiempos de esperanza y de lucha.

¿Qué sabemos acerca de este tiempo renovado?

Son tres las ideas que puedo nombrar para contribuir a la comprensión de lo que se ha abierto en este feminismo popular que, en realidad, va más allá del feminismo tal como quedó codificado durante el siglo XX. Las expongo panorámicamente para dialogar con ustedes:

1. El punto de partida de nuestros esfuerzos está en la transformación y subversión de los modos en que reproducimos, material y simbólicamente, la sociedad toda. Partir de la reproducción significa, antes que nada, situar la esfera de la producción -de mercancías y capital- como solo un momento del proceso general de reproducción de la vida social. Un momento central, por supuesto; que sin embargo no puede confundirse con la totalidad de la vida en su versatilidad y amplitud.

2. El horizonte de nuestras luchas, si ha de perseverar en su calidad subversiva, ha de guiarse por una política del deseo que confronte y empuje, una y otra vez, lo que se consagra en una política de los derechos. Política del deseo -no únicamente erótico- se relaciona con el relanzamiento de nuestra colectiva capacidad de soñar y de crear, de producir lo común y de utilizarlo colectivamente, de organizarnos para ello y de ensayar maneras para gestionarlo. No nos ajustamos a las reglas heterónomas, las subvertimos. No entendemos como límites los rígidos marcos legales e institucionales que ahora nos aprisionan: los desafiamos. Ensayamos. No tenemos todas las respuestas, pero tenemos nuestra capacidad analítica y auto-reflexiva desplegada sin cesar para que lo que hacemos se parezca, siempre, mucho, a lo que queremos.    

3. No renunciamos a la práctica del “entre mujeres” que combina y anuda lo privado y lo público. Nos burlamos de esa distinción y la disolvemos cuando estamos juntas, cuando respiramos juntas y desgranamos palabras y emociones que nos envuelven y nos dan fuerza. No queremos escindirnos de los varones que luchan, son nuestros hermanos; pero hemos descubierto la energía de nosotras mismas. Queremos que ellos nos escuchen y aprendan también, de las palabras nuevas y de las prácticas comunitarias que una y otra vez ponemos en juego.

Así vamos caminando y peleando, así nos alegramos y nos movilizamos, y también padecemos y confrontamos la brutal violencia que se vuelca contra nuestros cuerpos, contra nosotras desde la crueldad de una masculinidad dominante en ruinas, cada vez más rota y enloquecida. Resistimos y luchamos contra el capitalismo que despoja y explota, contra los gobiernos que administran y controlan. Contra una razón capitalista que privilegia el ámbito de lo masculino en tanto niega los múltiples mundos de la vida y la reproducción social: los aplasta para sujetarlos a la explotación o los vacía a través del despojo.

Es justo en esos espacios-tiempos cuando más fuerte alzamos nuestra voz. No solo es grito, es también contraseña: convocatoria, llamado a encontrarnos y confiar en nosotras mismas, en nuestras intuiciones y capacidades. Estas luchas nos están atravesando y envolviendo y saludamos el nuevo esfuerzo que, en Escucharnos decir jóvenes compañeras inician para, justamente, amplificar el entre mujeres a fin de que desbrocemos nuevos deseos que podamos empujar políticamente en este esfuerzo interminable de poner la vida y su reproducción satisfactoria en el centro de nuestros pasos.

*Artículo publicado en Escucharnos Decir