Los incendios que continúan en Bolivia y la política de lo miserable

Huáscar Salazar Lohman
El doble de la superficie de Haití, el territorio completo de Costa Rica, la mitad de Cuba o casi la tercera parte del territorio uruguayo. Son 5.3 millones de hectáreas las que se han quemado en el oriente boliviano hasta finales de septiembre de 2019, luego de más de dos meses de incendios que están calcinando esa región del país.

 Esa es la dantesca cifra presentada por la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN)[1] en estos días, que demuestra, además, que no hay visos de que esta catástrofe se vaya a detener. Todo lo contrario, solo en los últimos diez días se quemaron 1.2 millones de hectáreas. La tendencia es creciente. Y en este contexto lo único que abunda es la política de lo miserable, la política que solo se mira a sí misma y es capaz de sacrificarlo todo, sus mezquinos y obtusos propósitos.

A estas alturas, el trasfondo de intereses económico/políticos es bastante claro, por lo que en estas líneas solo quiero expresar indignación -compartida con muchas y muchos- por la miseria de los políticos en torno a estos sucesos. A tres semanas de las elecciones presidenciales (20 de octubre), todos los interesados -aquellos que gobiernan y aquellos que desean hacerlo- no han dejado de abordar esta devastación como un recurso electoral, convirtiendo este desastre en un cálculo político para ganar votos. 

El gobierno, al principio, intentó invisibilizar e ignorar que el fuego avanzaba sin control, sin embargo, a mediados del mes de agosto la situación hizo insostenible el ocultamiento del fuego, eran cientos y cientos de “focos de calor”, como el gobierno los llamó. La estrategia fue tratar de “volcar la tortilla”, mostrando que el gobierno se hacía cargo de los incendios. Se inició un gran despliegue mediático en el que se veía al presidente contratando aviones y helicópteros cisterna del extranjero, prometiendo la compra de estos aparatos para el futuro, recibiendo en grandes actos llenos de cámaras a equipos de bomberos que llegaron con apoyo desde otros países[2]. También, el presidente en persona, vestido de overol azul (en coincidencia con el tono de la bandera del MAS), con una pequeña manguera y rodeado de una decena de camarógrafos que lo seguían a todos lados fue captado apagando el fuego de unos matorrales. Éste fue uno de los actos de mayor bajeza, solo comparable con los shows armados de Laura en América (Laura Bozzo) cuando “cubría” las noticias durante las inundaciones en el Estado de Guerrero, México[3] . 

Días después, frente a una galopante crítica, el gobierno declaró una “pausa ecológica” en la Chiquitanía, que no era otra cosa que limitar actividades que pudiesen generar mayores daños al ecosistema. Es decir, era poner en “pausa” una serie de normativas, entre ellas el Decreto Supremo 3973, que el propio Morales había promulgado en beneficio de las élites agropecuarias del oriente, y mediante las cuales se daba luz verde a la quema y desmontes masivos en los departamentos de Santa Cruz y Beni, una de las grandes causas que dieron origen a este desastre. 

La oposición electoral, por su parte, no ha hecho nada más que acusar de manera ramplona al Movimiento Al Socialismo (MAS), sin cuestionar en lo más mínimo la estructura socioeconómica  articulada a los intereses de la agroindustria transnacionalizada y el latifundio, al proyecto desarrollista que finalmente todos coinciden en apuntalar; este “progreso” depredador, este “progreso” que prende fuego a los bosques y a la vida para convertirlos en mercancía. Los candidatos de la oposición, desde la estrategia inmediatista de las elecciones, también utilizan los incendios como medio para ganar votos.

¡Y el cinismo!… Basta con escuchar a Morales en su reciente discurso de las Naciones Unidas: “Nuestra respuesta (al fuego) ha sido rápida y efectiva”, “el causante del fuego es el cambio climático y el capitalismo”, “el país le está ganando la batalla al incendio”, “Bolivia se compromete a la no mercantilización de los bosques y que el Gobierno protege el medioambiente sin afectar el desarrollo de las comunidades más vulnerables”… este conjunto de patrañas son pronunciadas con una soltura escalofriante y con mucha impunidad, la rabia frente a su sola enunciación es automática: es tan evidente que sucede todo lo contrario. Y ni que decir del vicepresidente que se la pasa dando discursos electorales sobre “el primer presidente indígena que apaga incendios en persona” mientras inaugura obras con fines electorales. Todo esto sucede mientras el fuego sigue.

Desde hace unas semanas, pueblos indígenas y diversos colectivos e  instituciones de la sociedad civil vienen insistiendo en la necesidad de la declaratoria de “desastre nacional”, de manera de que se pueda recurrir a un conjunto de recursos y apoyos internacionales que ayuden a frenar esta catástrofe,  ya que es evidente que el Estado boliviano no tiene las condiciones para controlar la situación, dado que la tendencia del fuego es creciente. Así pues, la declaratoria de “desastre nacional” es una solicitud desde la desesperación, el dolor, la impotencia, es un llamado a que, desde la política que existe y desde el lugar que se pueda, se haga algo. Ni siquiera hablamos de los cambios importantes, de la transformación del mundo, es lo inmediatamente urgente frente a la muerte que se expande minuto a minuto.

Pero el gobierno se niega a hacerlo, el vicepresidente hace un mes, con tono de soberbia, aducía que “declarar desastre nacional es decir que los bolivianos no somos capaces y nos hemos rendido[4]”. Por su lado, el Ministro de Gobierno argumentaba que quienes solicitan esta medida tienen un “complejo de inferioridad[5]”, quince días después de estas declaraciones más de 1.2 millones de hectáreas se quemaron. Y así, un conjunto de aseveraciones inapropiadas, insensibles, acusatorias, denigrantes con el único objetivo de apuntalar la campaña de Morales. 

A mediados del mes de septiembre se organizó y partió la X Marcha Indígena desde la comunidad de San Ignacio de Velasco, que con más de doscientos representantes indígenas marcharán desde el oriente boliviano hasta la ciudad de La Paz, demandando que se declare “desastre nacional” y se abroguen el conjunto de normas que permiten la quema y desmontes. El gobierno, en aras de cuidar su imagen, no ha tenido reparo en tildar a dicha movilización como una actividad financiada por agentes externos, por la derecha y por el imperialismo de los EEUU. Por el otro lado, el conjunto de partidos de oposición intentan treparse sobre esta marcha y funcionalizarla para ganar visibilidad política en las elecciones. Y mientras este juego electoral sigue y se intenta acallar o instrumentalizar a los marchistas, el fuego continua.

Esta es la miseria de los políticos bolivianos, de aquellos que gobiernan y de los que quieren gobernar. Todo se reduce al resguardo de los intereses de las élites agropecuarias y a ganar las elecciones, todo -la vida misma- se convierte en objeto de cálculo político. Son cálculos como aquel de 2003, cuando Carlos Mesa guardó silencio frente al asesinato de más de 70 bolivianos en Octubre Negro para que, luego de la renuncia de Sánchez de Lozada, sea posicionado como presidente. El país se quema, se queman millones de hectáreas equiparables con países enteros, y la miseria humana de estos hombres no deja de ser la del cálculo político,  desconociendo ya no digamos las “voces críticas” que cuestionan la estructura dominante, patriarcal, colonial y capitalista del Estado Plurinacional, sino las voces que evocan desesperación, dolor, urgencia y muerte… ¡tanta muerte!  

[1]  https://www.brujuladigital.net/politica/los-incendios-no-se-detienen-en-10-dias-se-quemaron-12-millones-de-hectareas-el-total-llega-a-53-millones

[2]  https://www.eldeber.com.bo/bolivia/Evo-anuncia-compra-de-avion-tanque-y-denuncia-uso-politico-del-incendio--20190823-9508.html 

[3]  https://aristeguinoticias.com/2509/mexico/laura-bozzo-utilizo-helicoptero-del-edomex-y-monto-show-con-damnificados-en-guerrero/ 

[4]  https://www.oxigeno.bo/política/38329

[5]  https://www.opinion.com.bo/articulo/pais/romero-gente-cree-bolivia-tiene-complejo-inferioridad/20190912181547726195.html