Los Mbya-Guaraní y la Colonialidad en Uruguay

Martín Delgado Cultelli / Foto: El Profesional
La entrada a jurisdicción uruguaya de familias indígenas nómades despertó todos los dispositivos coloniales que permanecen invisibles en la sociedad y en las instituciones. El intento de desalojo por parte de la policía, la obsesión con el registro de personas, el no reconocimiento como pueblo pre-existente, la imposición de la identidad brasileña, el intento de evangelización, la falta de protocolos del MIDES y las lógicas asistencialistas vislumbran como el problema de la colonialidad no sólo no está resuelto en Uruguay sino que está más vivo que nunca.

El fin de semana del 29 y 30 de julio de 2017 se visualizó (por lo menos en ciertos ámbitos indigenistas) la llegada de unas familias mbya-guaraní a la localidad de Aceguá, Cerro Largo. Estas familias están compuestas por 6 mayores y 4 menores. Están dirigidos por el mburuvichá (cacique, líder político) Juan Olivera de 72 años de edad. Se instalaron en un campo que según el mburuvichá habían estado asentado hace 50 años atrás. El entonces dueño les había dado para que vivieran tranquilos, eso es lo que dice la memoria del viejo cacique. Se debe mencionar que Juan Olivera habla tres idiomas: guaraní, portugués y español a la perfección.

Cabe mencionar que los mbya-guaraní son un pueblo indígena nómade que recorre los territorios actualmente ocupados por los Estados-Nacionales de Brasil, Uruguay, Argentina y Paraguay. Desde tiempos remotos hacen estos recorridos en la búsqueda del Yvy Maraey, la Tierra Sin Mal. Un lugar utópico en donde no exista el hambre ni la enfermedad. En donde las tekoha, las comunidades, sean grandes, fuertes y prosperas. Donde el monte se extienda hasta el horizonte y esté repleto de animales y frutos para cazar y recolectar. A estos recorridos milenarios hay que agregarles los desplazamientos producto de la deforestación, el alambramiento de los campos y las crisis políticas en Brasil y Paraguay. El antropólogo uruguayo José Basini realizo una etnografía en el año 2000 sobre los recorridos y trayectos de estos grupos guaraníes en el Uruguay[1]. Relevó su entrada al país desde por lo menos finales del siglo XIX. También, que las autoridades del gobierno central así como de las intendencias nunca les dieron relevancia ni importancia. Según dicho autor esa era una de las cusas por las cuales los mbya-guaraní preferían estar en Brasil que en Uruguay. La legislación brasileña es clara y contundente además en la protección de los derechos indígenas, sin embargo el desfalco que realizo Temer de la FUNAI (organismo encargado de velar por los derechos indígena) ha puesto en crisis los derechos y políticas que antiguamente destacaban a Brasil del resto de la región. La antropóloga Analía Pérez Landa también trabajó con una familia mbya-guaraní radicada en el país en el año 2011[2]. Dicha investigadores visualizó los recorridos y formas de vivir de la familia de Elío Verá en el Uruguay. El mburuvichá de la tekoha de Aceguá también habla de varios recorridos que realizaron por el país. Estuvieron trabajando en estancias de Tacuarembó, en Fray Bentos (donde nació una de sus hijas) y en unos campos cerca de Montevideo.

Al poco tiempo de instalarse en las afueras de Aceguá la tekoha de Juan Olivera se empezaron a desplegar fuerzas que vislumbran lo racista y colonialista que es no solo el Estado sino también algunos sectores sociales del país. La actitud del Estado uruguayo se puede dividir en dos. Por un lado una lógica punitiva y de control. Por otro, una lógica incompetente, negligente y miserabilista. La lógica punitiva y de control esta ejemplificada en la Comisaria Seccional 5ª de Cerro Largo. Los policías de dicha Seccional consideraron de invasores a la propiedad privada a los guaraníes. Además habían ingresado al país sin registrarse en la Aduana, así que para la policía era imperioso que se registraran. Incluso hubo una discusión entre el viejo cacique y un policía. Ya que la policía lo quería catalogar como “brasilero” mientras él decía que no era ni brasilero, ni uruguayo, ni paraguayo sino “guaraní”. La lógica de la inapetencia y del miserabilismo esta plasmada en el MIDES de Cerro Largo. En primer lugar, porque el MIDES no tiene ningún protocolo para este tipo de situaciones. Los funcionarios de Cerro largo actuaron como mejor les parecía, ya que no hay ninguna línea institucional o política sobre cómo actuar con pueblos indígenas nómades transfronterizos. Esto también se debe a la falta de legislación indigenista en Uruguay. Al no reconocerse la presencia y pre-existencia de los pueblos originarios en el país, se genera una situación de idefensión jurídica absoluta. Si bien el MIDES medió con la policía y logró evitar cualquier tipo de violencia, trató de llevar a las familias a la ciudad de Aceguá. Cosa que a ellos no les gusta, porque a ellos les gusta el campo y el monte. Además de tratarlos como población marginal. Más allá de los problemas humanitarios de esta tekoha, su austeridad no necesariamente se debe a la marginalidad social sino a una forma de vida, la que les ha permitido vivir en estos territorios por siglos.

Las lógicas colonialistas de los sectores sociales se plasmaron en la reproducción del miserabilismo, incluso peor que el del MIDES. Y en la llegada de un Pastor para evangelizarlos. Dicho Pastor quería salvarlos de la miseria social y espiritual en la que supuestamente se encuentran. Para dicho Pastor, que los guaraníes se alimentaran de lagartos, comadrejas y mulitas y que se las coman sin cubiertos es prueba de su primitivistmo y miseria. Cuando no entiende que los cubiertos y las reglas de la mesa son propias de la cultura occidental y no tienen nada que ver con ellos. También señalando los pijos de los niños cuando en realidad el 80% de los niños tienen piejos sean de la cultura que sean y del estrato social que sean. Como bien lo constataron los funcionarios del MIDES, no tienen problemas de salud serios, osea que no es válida la visión de que es un grupo humano que esté en las ultimas.

En unos pocos días se visibilizo como en Uruguay las lógicas y estructuras de la Colonia están totalmente vigente. Los misioneros, el paternalismo y el control siguen tan vivos como en la época de los Virreyes. Uruguay sigue siendo una rémora a la hora de concebir a los pueblos originarios como sujetos de derecho. Como dueños y señores de su propio destino. Con culturas, tradiciones e historias distintas a las de las sociedades hegemónicas. Lo que necesitan los mbya-guaraní no es la compasión de determinados sectores sociales sino el reconocimiento de su presencia y pre-existencia en Uruguay, una política pública clara y definida sobre pueblos indígenas nómades transfronterizos y espacios territoriales propios en donde asentarse mientras están en el país. El tener territorios es central para que no están en condiciones sociales paupérrimas. En definitiva lo que necesitan los mbya-guaraní es que Uruguay ratifique e implemente el Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales en países independientes.


[1] Bassini Rodriguez, José Ezequiel. Indios num pais sem indios: a estetica do desaparecimento. Um estudo sobre imagens índias e versões étnicas no Uruguai. Universidades Federal do Rio Grande Do Sul, Porto Alegre. 2003.
[2]http://www.encuru.fhuce.edu.uy/index.php?option=com_content&view=article&id=44%3Apresencia-mbya-guarani-en-uruguay&catid=23%3Anumero-4--seccion-ciencias-humanas