Los pasos que no se pierden

Maria Noel Sosa / Foto: Claudia Lopez
En Guatemala, desde hace varios meses se está debatiendo una reforma constitucional al sistema jurídico. Estas semanas han sido de momentos críticos respecto a su votación. Su debate y las movilizaciones que ha implicado vuelven a poner sobre la mesa no sólo la justicia, o al menos no ésta de modo aislado, sino que se trata de un nuevo debate público y nacional sobre la autonomía comunitaria y sobre los sistemas de gobierno indígena.

En los días que he podido compartir estas luchas, varias veces, varias voces, me han dicho “Nosotros no somos ni de izquierdas, ni de derecha, somos comunitarios”. Es que se trata de un proceso que se ancla ahora en lo legislativo, pero es mucho más que ello. Tal como insiste en decirnos Gladys Tzul, socióloga maya K´iche, las autoridades indígenas y los sistemas de gobierno comunal van mucho más allá de la idea de tradición o de preservar usos y costumbres desde una mirada folclórica, son una construcción permanente de estrategia política, como modos de vida que son producidos constantemente, de comunidades que se gestionan y se han gestionado a sí mismas históricamente. Son por tanto una forma política viva, con raíces largas y actualización cotidiana, que preceden y exceden los debates modernos de la izquierda, pero que a la vez, se entremezclan en los tiempos actuales y sus premisas.

En ciudad de Guatemala, en medio de cadenas de comida internacional que desplazan a vendedores ambulantes, de una herencia de la guerra que se respira en todas las esquinas, el Congreso se dispone a legislar. La real politik en todo su esplendor, de idas y venidas, de cálculos de votos o de quórum, desde el interior del edificio republicano se prepara para la sesión. Se trata de una reforma más amplia, que ingresó en octubre de 2016 y ahora está a votación su articulado. La misma supondría varios cambios propuestos al Organismo Judicial como las condiciones de antejuicio de integrantes de sistema jurídico y gobernantes, la carrera judicial, la conformación de alguno de sus órganos, la duración en los cargos. Pero lo respectivo al derecho indígena ha sido uno de los más controversiales, ya que de aprobarse su artículo 203 se reconocería el derecho de los pueblos indígenas de ejercer funciones jurisdiccionales.

En los días de debate sobre el tema, decenas de autoridades indígenas se han movilizado a la capital, sumado al paro realizado la semana pasada y una marcha en la que también se han acuerpado diversas organizaciones. La presencia de las Autoridades Indígenas, que llegan de distintos puntos del país, hacen evidente la existencia de esa Guatemala bien diversa. Muestra de las variadas formas en que se puede gestionar la vida en colectivo. Las tramas comunitarias se expresan hasta en los diseños extraordinarios de los textiles y en el lenguaje paraverbal cálido y soberano, que hacen contraste con la gran campaña mediática, que ha sido principalmente propiciada por el CACIF (Comité coordinador de asociaciones agrícolas, comerciales, industriales y financieras), con su lógica homogeneizadora y liberal.

En los más de 20 pueblos indígenas las autoridades comunales adoptan diferentes nombres, tienen sus modos y formas, sus plazos en los que se ejercen los cargos. Algunos de los más activos, aunque no los únicos, son la Junta Directiva de los 48 cantones de Totonicapán, la Municipalidad Indígena de Sololá, las Alcaldías Indígenas de la región Ixil, el Gobierno Plurinacional del Norte de Huehuetenango. Todas comparten rasgos comunes: son nombradas en asambleas y es ésta misma asamblea quien tiene capacidad revocatoria, de modo que puede destituirlas si incumplen con lo consentido. Tienen que hacer de forma periódica informes de las actividades políticas y rendición de cuentas y se van rotando en el ejercicio cada uno o dos años, para evitar la concentración del mando en algunas personas. Son además cargos no remunerados, que lo ejercen mujeres y hombres, de diferentes ocupaciones u oficios, pero que han cumplido con el servicio comunitario, o sea, que han trabajado en las tareas comunitarias acordadas en las asambleas.

En palabras de Gladys Tzul, son hombres y mujeres que habitan y viven lo comunal, que ejercen un gobierno comunal de la vida, conformado desde prácticas plurales, siempre basadas en el trabajo comunal que es lo que permite generar bienestar colectivo, desde la producción de los sistemas que llevan el agua que cotidianamente se bebe en las casas; el construir o reparar sus caminos; el cuidado y reforestación de bosques y la intervención en la resolución de conflictos de diversa índole.

En un juego extraño, de autonomía y de no olvidar que se vive en el marco de un estado que monopoliza o busca monopolizar no sólo la toma de decisiones sino el uso de la fuerza, la reforma constitucional es vista como herramienta de resguardo frente a proceso de asedio y criminalización de las autoridades comunales indígenas, en un clima en que varias están en prisión por defender sus territorios de diversos proyectos extractivos. De modo que el pedido de reconocimiento del pluralismo jurídico es visto como forma de resistencia a las agresiones provenientes del estado y el capital. Para las mujeres indígenas, es una forma de frenar también la violencia hacia ellas. En palabras de Ana Laines, Autoridad Indígena Ixil "cuando criminalizan a las autoridades también criminalizan a las mujeres".

A la par, con la reforma, se busca que se reconozca que las autoridades han suplementado o sustituido al estado para resolver muchos de los conflicto reales en todo el país. Para Jovita Tzul, abogada Maya K´iche, el sistema indígena es garantía de acceso a la justicia, y es también usado por los no indígenas que comparten territorios, entre otras cosas por su carácter gratuito, por ser impartido en el propio idioma. Es una función que se realiza sin presupuesto, administrando una justicia pronta y efectiva, que en estos días muestra a nivel nacional su capilaridad.

Al igual que otros salones, de otros parlamentos, la antesala del Congreso se llama Salón de los Pasos Perdidos, imagino en alusión a Carpentier. Mientras esperamos, Doña Ana, nos dice al pasar, “los pasos perdidos serán de otros, los nuestros no están ni estarán perdidos, están firmes”. Mientras tanto, el debate sigue abierto y la votación no se ha saldado, pero los pasos de otros modos de organizar la vida en común siguen caminando.