Nace una esperanza: petición ciudadana contra UPM2

Marcel Marchese
Acaso nada defina mejor a nuestro mundo actual que esta constatación evidente: nadie está de acuerdo con él, pero todos creemos que no tenemos más remedio que aceptarlo como algo inevitable.

Así que el sistema logra su permanencia no porque haya mostrado ser justo o bueno, sino que logra su permanencia porque ha logrado convencernos sobre su inevitabilidad. Aunque busquemos, difícilmente se encuentre una justificación más lamentable a un modelo social en toda la Historia de la humanidad. Lo curioso es que en la era de la ciudadanía inaugurada por la revolución norteamericana del siglo XVIII, se alimente un rol para el individuo que es la antítesis de la ciudadanía.

Trasladando a nuestro país esta realidad que campea por el mundo, como si una mano poderosa cegara con su guadaña cualquier esperanza de algo mejor, observamos que un porcentaje considerable de la población, postrada, acepta las ventajas otorgadas a la inversión extranjera ya que ella brindaría trabajo y los que no creen en las promesas de trabajo, ven que esa es la lógica del mundo, pues nada puede frenar a las trasnacionales ni nada puede frenar a los gobernantes que las protegen.

De aquí vamos a una segunda vertiente de desesperanza, la creencia de que los políticos, sean del pelo que sean, están más preocupados por sí mismos que por el país y de ahí una conducta evidente: como ningún partido político genera entusiasmo, otro rasgo de la negatividad que define la decadencia del sistema, cuando se vota, se elige al menos peor y sobre todo, se elige a uno para que no ganen “los otros”.

Los partidos políticos, acoplados a esta tendencia ideológica, acoplados a esta tendencia económica, dejan de ser usinas de pensamiento, dejan de ser promotores de ideas y programas y se convierten en agrupamientos que brindan por un lado justificadores de lo inevitable, y por el otro administradores de lo inevitable.

Así que nos encontramos frente a otro movimiento de tijeras: cuanto mayor es el desastre en nuestra economía y cultura como resultado del tsunami de las trasnacionales, menor es la respuesta de nuestras estructuras partidarias.

Ahora bien, como el desastre es evidente, y como la respuesta tradicional es harto insuficiente, surge una reacción por otro lado. El gobierno ha logrado maniatar a los movimientos sociales con diferentes argucias como el Mides, las Mesas de Desarrollo Rurales, la alianza con el PIT-CNT y las Agendas de Derechos, todo ello fortalecido además con un discurso maniqueo y divisionista, pero a pesar de esto, lo que más conspira contra el gobierno es el propio gobierno y aunque pretenda maniatar a los movimientos sociales, lentamente y gracias a su “obra”, se han ido desatando algunos nudos.

En poco tiempo han surgido movimientos que son una clara expresión de descontento tanto con la política oficial, como con las formas tradicionales de respuesta y ahí tenemos a modo de ejemplo Uruguay Libre de Megaminería y la Asamblea Nacional Permanente. En el último año este proceso se intensificó con la aparición de Más Unidos Que Nunca, los Cincuentones y los Autoconvocados. Ahora nace uno que pretende impedir que se concrete el acuerdo con UPM2, conformado por diversos agrupamientos sociales del campo y la ciudad e integrado por ciudadanos entre los que se encuentran intelectuales como Hoenir Sarthou, Daniel Panario, Víctor Bacchetta, Raúl Viñas, Ofelia Gutiérrez, María Selva Ortiz, Ricardo Viscardi, Eduardo Gudynas y Carlos Anido entre otros.

Este nuevo movimiento viene de un trabajo previo de las agrupaciones y los intelectuales, incluyendo artículos, trabajos universitarios y mesas redondas como las organizadas por el MOVUS. El viernes pasado se llevó a cabo una Mesa Redonda en Paso de los Toros organizada por la Agrupación Cívica del Río Negro y a cargo de William Yohai y Hoenir Sarthou.
El movimiento ha creado un grupo en facebook llamado UPM2 NO, que ya cuenta con más de 4.000 adherentes e impulsa una petición ciudadana enviada al poder Ejecutivo para que desista del acuerdo con UPM.
Veamos más de cerca este instituto de la Petición.

 ¿Está todo el pescado vendido?
 
 A primera vista una petición enviada al Poder Ejecutivo parece una medida inocente ¿cómo los ciudadanos convencerían a esta administración y a la oposición tan estrechamente vinculadas al poder extranjero? Pero si uno la mira más de cerca, la “inocencia” de la medida es precisamente la causa de su fuerza.
 
En primer lugar canaliza por el lado de una figura establecida en la constitución un reclamo popular en contra de un acuerdo inconsulto y llevado a cabo en secreto. Se hace público aquello que se realizó a escondidas.

Luego, por su simple reclamo ante administradores que llevaron a cabo un acuerdo inconsulto, pone en tela de juicio el poder que se han atribuido. El Presidente de la República es un funcionario público más. Será el más importante, pero es un funcionario público al que le pagamos el sueldo para que nos represente y no para que haga negociaciones dudosas a escondidas. Le pagamos y elegimos para que nos informe, no para que nos oculte información.

La petición permite nuclear en una medida sencilla a todos aquellos que se oponen a este negocio ruinoso. Es sencilla pero requiere movilización, difundir la petición, hablar con gente para que la firme, imprimirla, estampar la identidad del ciudadano que pide una respuesta, organizar receptorías, hacerla llegar, presentar colectivamente los fajos de peticiones y organizar los eventos que acompañarán la entrega.

A la postre, la utilidad de la petición se medirá por el número de firmas alcanzadas o por el grado de debate generado. Si uno elabora un acuerdo y resulta que genera una fuerte oposición, por simple instinto de supervivencia está obligado a revisarlo, cosa que ya ha sucedido. Ante una campaña basada en las mentiras típicas del mercadeo, la petición pretende ganarse a la opinión pública y lograr que se exprese, sacando al individuo del simple rol de consumidor para que adopte la posición activa del ciudadano.

Por último, la petición permite utilizar lo virtual para llegar a lo real. El movimiento se organiza en gran parte por vía virtual, difunde la petición por vía virtual, pero eso necesariamente lleva al contacto físico, a imprimir un papel, a charlar con el otro, a presentarlo en grupo. No es un tema menor en este mundo donde peligrosamente crece una segunda realidad virtual que nos “gratifica” como si fuera un chupete. No sabemos a dónde nos lleva esta “gratificación” por vía virtual, pero lo sospechamos. Lo virtual puede ser bien utilizado o puede ser una canalización riesgosa. El tema es qué realidad se somete a la otra.

La última razón por la cual esta petición es una buena cosa, “inocente” pero profunda, es que tiende a rehacer un tejido en la realidad que los últimos tiempos vienen deteriorando. Su principal debilidad, y también su principal fuerza, deviene de ser una medida extemporánea según cierta dinámica que vivimos, pero necesariamente actual según una dinámica que debemos reconstruir.

¿Está todo el pescado vendido? ¿Necesariamente debemos resignarnos? ¿Dejaremos de ser ciudadanos para convertirnos en meros consumidores y piezas de una máquina? ¿Cómo saber qué cosas son posibles si ni siquiera lo intentamos?

En un diálogo, el discípulo le dice al maestro: “Recién me pongo a caminar y estoy muy lejos” y el maestro contesta: “Aquí el espacio se confunde con el tiempo”. La esperanza y la voluntad también tienden a confundirse y en cuanto a la verdad, nada menos, lejos de ser una cosa abstracta y aséptica, nace de la voluntad y la acción de los hombres.

Los libros de historia dirán si UPM instaló o no en Uruguay su segunda planta nefasta. La verdad está aún vibrando incierta. Curiosamente, amable lector, sólo usted puede revelarla.