Nosotras queremos cambiarlo todo. Entrevista al colectivo Minervas

Victoria Furtado / Fotos y videos: Agustina Grenno y Andrés Martínez
Para cerrar nuestra cobertura especial en la previa del 8 de marzo, realizamos una entrevista al colectivo de mujeres Minervas, compañeras de lucha, amigas de la casa, para conversar sobre la actualidad del movimiento de mujeres en Uruguay y de los desafíos y debates que se abren a partir del paro.

Minervas es un colectivo de mujeres, feminista y anticapitalista, conformado por una treintena de mujeres de edades y trayectorias diversas. Participan de la Coordinadora de Feminismos y desde allí, junto con otras, están abocadas a la preparación del paro y la marcha del próximo 8 de marzo. Protagonistas del renacer del movimiento feminista en nuestro país, estas compañeras se hicieron una pausa en un fin de semana colmado de reuniones, pintadas y actividades para conversar con nosotros acerca de sus ganas de transformarlo todo. Conversamos con Cecilia, Florencia y Lucía.

¿Cómo surge la iniciativa del paro a nivel internacional y cuál es la impronta que se le quiere dar desde Uruguay?

Nosotras observamos que el feminismo y la lucha de las mujeres vienen creciendo hace algunos años, tanto en Uruguay como en otras partes del mundo. Hubo también muchas situaciones bastante extremas. A finales del año pasado, el empalamiento y muerte por un ataque al corazón de dolor de Lucía, en Argentina, hizo que se llamara a un paro de mujeres en octubre y ahí estuvo un poco la inspiración, ver que las mujeres estaban con enojo y con ganas de luchar, ahí surgió la idea de este paro que convoca, en el mundo, a las mujeres.

En Uruguay, a partir del 2014, cuando se hizo el encuentro de mujeres, se conformó la Coordinadora de Feminismos y surgieron nuevas organizaciones feministas. Todo eso fue generando las condiciones para que una convocatoria así fuera posible. Vimos que en Argentina se logró hacer en octubre y que también en esa fecha hubo movilizaciones en otros países de América Latina, aunque no haya habido un paro. Algo similar sucedió con el 3 de junio y la convocatoria Ni una menos: surge en Argentina y se empieza a replicar y ya se está tomando como una de las fechas claves del feminismo, junto con el 8 de marzo y el 25 de noviembre, a nivel internacional. Por otra parte, desde Minervas hace un año y medio estamos construyendo con otras compañeras un tejido en todo el Uruguay y desde ahí nace una fuerza que se multiplica y se potencia con todo lo que está pasando a nivel latinoamericano. Entonces, si bien nace en eventos más grandes como el 8 de marzo o el 3 de junio, es un proceso que permite que más allá de lo internacional, también a nivel nacional llegue a todos lados. Y en estas fechas clave ya ha habido en todo el país marchas que son independientes pero al mismo tiempo conjuntas. Hubo un eco además en los espacios de mujeres de otras organizaciones, no solo en los grupos feministas sino también en el movimiento cooperativo, en gremios y sindicatos. Las mujeres se sienten convocadas a participar, haya paro sindical o no. La gente en los barrios también. Las mujeres están sintiendo que tienen que estar, quizás con distintos niveles de conciencia pero lo sienten, sienten la convocatoria y que el movimiento representa a las mujeres en su diversidad.  

Por otro lado, en Uruguay se le dio una impronta propia al llamado internacional. Nosotras vamos a leer una proclama que se elaboró colectivamente acá y no es la misma que se va a leer en otros lados. O sea que si bien es una convocatoria internacional con determinada estructura, nosotras adherimos al paro pero lo hacemos como queremos en Uruguay, con la formas en que venimos militando y construyendo y hasta con una estética propia que es la que viene estando presente en las alertas y otras movilizaciones como manera de mostrar que es parte de lo mismo, de una lucha que ya venimos dando.

Pero además de este crecimiento del movimiento feminista, vemos que hay una sensibilidad, que las mujeres estamos visualizando otras cosas. Conversando con mujeres de distintos espacios, que no son feministas, vemos que también lo están sintiendo así. Estamos cansadas. Entonces hay algo que va más allá de la militancia y las organizaciones y es que las mujeres no quieren seguir viviendo de la misma manera. Y quizás ese pueda ser uno de los factores por los cuales aumentan los feminicidios y las violencias contra nosotras, porque las mujeres estamos cansadas y ya no lo estamos aceptando. Por eso también puede resonar, porque sino seguiríamos siendo las feministas locas de siempre y no es así, porque hay un no aceptar, un darse cuenta que el mundo está muy mal y que nos violentan todo el tiempo y que queremos cambiarlo.

¿Cuáles son los temas o ejes que desde la convocatoria en Uruguay se quieren poner sobre la mesa en esta ocasión?

El tema de la violencia ya ha tomado una dimensión que parte los ojos. Nadie puede seguir mirando para el costado con esto, la sociedad no puede hacerlo. Ahora se dan situaciones en que los vecinos hacen denuncias anónimas, cuando antes nadie se metía aunque te estuviesen matando. De a poco se empieza a instalar que no es la vida privada de la gente y si se matan adentro de la casa problema de ellos. Eso se suma a que las mujeres se están animando a hablar, porque hay un respaldo, sienten que alguien lo va a tomar, que no van a pasar desapercibidas. Es un “basta” de verdad, porque ya no da para más. No es un cliché, es real, vivas nos queremos porque nos están matando, nos están violentando todo el tiempo y las mujeres estamos empezando a ver que no hay que llegar al extremo de la violencia para llamarle violencia.

Si bien la violencia es lo que está haciendo que la gente se movilice, hay otro eje también muy importante que es el de la doble jornada, que está más naturalizado todavía. Está costando más porque es el papel histórico de la mujer y porque hasta las más feministas lo reproducimos todo el tiempo y lo pensamos como una tarea que hacemos por amor. Hay mujeres que dicen que no necesitan parar porque les gusta cuidar, no lo visualizan como una forma de opresión. Y sí, claro que tenés un hijo y lo querés y lo cuidas y es placentero, pero también te cansa y las tareas de cuidado no tienen por qué ser tareas que solo hagan las mujeres y no los varones. Entonces algunas lo visualizan como una forma de opresión pero otras no. Nosotras decimos que claro que cuando hacés algo para otro es lindo, pero el problema es cuando vos sos la única que hace todas las veces, siempre, las cosas lindas para el otro y las cosas lindas para vos no existen nunca.

Además, es un problema que se ve como de otra generación, de nuestras madres. Sin embargo no es así. Porque ahora nosotras estudiamos, hacemos la carrera que queremos, pero lo hacemos mientras trabajamos, cuidamos a los hijos, etc. El acceso al mundo público de los hombres, la política, la educación, la universidad, el trabajo, no nos quitó todas las obligaciones domésticas que la sociedad nos asigna. Y en muchos casos las mujeres están solas criando a los hijos. Los hombres aparecen el sábado, los sacan a pasear, los llevan a la placita, les dan quinientos pesos y listo. Esas mujeres ni siquiera tienen otro a quien decirle “hacete cargo”, están solas y eso también es producto del patriarcado. La estructura familiar encierra el cuidado en su núcleo y sino lo terceriza con más horas en la escuela o la niñera, difícilmente se intenta el cuidado compartido y colectivo de los niños. Pero, además, cuando los varones están solo se ocupan de algunas cosas. Capaz lleva el niño a la escuela, pero no al médico; o aunque lo lleve la que se acordó, sacó hora, fue la mujer, la energía psíquica fue de la mujer. “Che, andá a poner la ropa en el lavarropas”, “colgá la ropa”, “che, te animás a tal cosa”, porque sino no ven que está la ropa en el lavarropas o que hay una energía psíquica que nosotras tenemos todo el tiempo puesta en las tareas.

Por eso también el paro es a estas tareas. Y no es que dejes a tu bebé llorando en la cuna todo el día, sino que ese día no limpiamos, no hacemos nada, nos ponemos en el centro para pensarnos, para luchar juntas. No es que no vayamos a trabajar para quedarnos en nuestra casa haciendo todas las tareas. Buscamos que sea un día de inicio también, convocar a que los hombres las hagan y las sigan haciendo. Que no limpien solo el 8, ¡sino no vale!

En la convocatoria al paro se ha enfatizado en visibilizar esas tareas como trabajo, ¿desde qué lecturas teórico-políticas lo plantean así?

El hecho de que no se reciba un sueldo, pensando en la teoría más clásica, no quita que haya un desgaste de energía, de tiempo, incluso mucho más tiempo del que dedicamos a nuestro trabajo remunerado. Y aunque no se reciba un salario, el trabajo reproductivo es tan necesario como el trabajo productivo. O incluso más, porque si la gente no come, no se baña, no tiene hijos, no hay reproducción de esa esfera. ¿Quién va a trabajar dentro de treinta años si no tenés hijos? Y así como todos necesitamos salir a trabajar para vivir, también necesitamos cuidar a los niños. Es una necesidad tanto como la otra.

Quizás las mujeres de la burguesía pueden explotar a otras mujeres, más pobres, para que les limpien la casa, les cuiden a los niños, les cocinen, pero de todos modos son tareas que terminan recayendo en una mujer también. La división sexual del trabajo permanece aunque se tercerice. Y además de las tareas domésticas, muchas de las profesiones de las mujeres están vinculadas a las tareas de cuidado: enfermeras, maestras, asistentes sociales. Los Caif están llenos de mujeres, los centros educativos también. Entonces, aparte de las trabajadoras domésticas, muchas otras mujeres trabajamos ocho horas en tareas de cuidado de otros.
 
Las feministas en otros momentos, en los setenta, militaron mucho en esta línea de visibilizar el trabajo doméstico precisamente como trabajo. No es una lucha de ahora, no es algo que nosotras inventamos de la nada, es algo que viene desde hace mucho tiempo que se retoma, se vuelve a pensar. Desde Minervas no queremos que ese trabajo sea tercerizado, porque entendemos que en el cuidado está la vida. En el cuidado de una misma, en el cuidado de las personas que una ama, la vida está ahí. ¿Qué nos volvemos las personas si lo único que hacemos es ir a trabajar y todo lo demás, que está vinculado a nuestra vida, lo ponemos en manos de otros? De otros a los que encima les pagamos una miseria, porque tampoco valoramos ese trabajo. No se valora cuando se hace gratis, tampoco se valora cuando se paga. Creemos que si el trabajo en esa esfera fuera compartido por todos los integrantes de la familia la mochila en la espalda de las mujeres sería menos pesada.

Mencionaban la necesidad de no solo repartir la carga de esas tareas sino que se valoren, poner en el centro el cuidado ya no como carga sino como algo necesario para la reproducción de la vida. ¿Cómo lo vienen trabajando y pensando? ¿De qué o quiénes se han nutrido?

Nosotras no queremos tercerizar eso porque eso es la vida, es el centro. Nuestra estrategia no es reclamarle al estado que termine con el patriarcado en Uruguay, sino que entendemos que esto constituye la creación desde la base de nuevas relaciones sociales, entre hombres y mujeres, mujeres con mujeres, hombres con hombres. Esa es la base de la sociedad que queremos construir. El capitalismo y el patriarcado se basan en la desvalorización de la vida, profundamente, se basan en la muerte. Y tercerizar las tareas de cuidado es terminar con ese espacio que nos va quedando de seres vivos. Nos terminamos convirtiendo realmente en la maquinita que va a trabajar, estresada, loca. El ser humano se vuelve solo consumidor y mano de obra. Nos cuesta mucho cuidarnos, querernos, vernos a nosotros mismos. A veces las mujeres no lo pueden hacer porque terminan alienadas, pero el cuidado es disfrutable cuando es hecho de otra manera, no como una obligación, como algo que pesa siempre sobre vos, como algo que tenés que hacer todo el día. Ahí está la vida también, en los vínculos, porque por medio del cuidado se establece un vínculo entre las personas. Cuando cocino algo y lo comparto con el otro hay un vínculo, se está generando algo, sino los únicos vínculos que tenemos son los de competencia en el trabajo.

El plan de cuidados, por ejemplo, va en esa línea de tercerización de los cuidados. Nosotras entendemos que el cuidado no se puede tercerizar. Trabajemos menos horas. Lo que se hace al tercerizar el cuidado es pensarlo desde la misma perspectiva patriarcal, desde el mismo sistema, es un mercado más a explotar. Como ya no se puede explotar más el trabajo gratis de unas mujeres se explota el de otras más pobres pagándoles un salario miserable, es muy perversa la lógica que está atrás de eso.

Volviendo a los ejes del paro, en las últimas semanas el debate público en relación al tema de la violencia se ha canalizado, desde los medios y el gobierno, hacia fundamentalmente dos aspectos: la tipificación del feminicidio y la asignación de más presupuesto para políticas públicas. ¿Cómo evalúan esta respuesta del sistema político? ¿Sienten esto como una demanda propia? ¿Hacia allí apuntan sus planteos de cara al 8?

No es la demanda de Minervas, aunque sí es la de ciertos sectores del movimiento feminista. La figura del feminicidio en el código penal no evita que las mujeres mueran. Sin duda que aporta conceptualmente empezar a llamar a las cosas por su nombre, pero el reclamo al estado no es nuestra principal bandera. Sí creemos que ocupa un rol importante y que hay avances, pero nuestra estrategia no es reclamar al estado sino construir desde abajo otras relaciones sociales. Y en relación al presupuesto, seguramente se traduzca en recursos para oenegés que no es algo a lo que nosotras nos dediquemos. Va a aportar y cuantos más programas haya mejor, pero hay problemas tan graves que no pueden ser resueltos simplemente con una ley, mucho menos cuando algunas terminan siendo letra muerta.

Las mujeres no pueden acudir a la policía, los refugios son pocos, el estado interviene luego de que el tipo ya te prendió fuego la casa. Pero además muchas veces las mujeres en situación de violencia no tienen trabajo remunerado, no tienen adonde ir. Entonces hay que hacer varios movimientos, porque lo que necesitan esas mujeres es autonomía económica, una vivienda propia, condiciones materiales para asegurar su vida digna y la de sus hijos, y también acompañamiento. Nosotras queremos cambiarlo todo. Un estado que se conforma en una lógica patriarcal, siempre va a reproducir y devolver en esa lógica. Claro que cambian las realidades concretas si hay veinte casas de amparo. Lo mismo se puede pensar con el aborto: la ley cambia las realidades concretas de las mujeres que van a abortar, claro que las cambia, no es lo mismo abortar en una clínica clandestina que en abortar en estas condiciones -con todas las carencias que tiene la ley respecto a sus plazos, a que te quieren convencer que no lo hagas, que des el niño en adopción, un montón de cosas que te violentan porque los profesionales tampoco están preparados- pero más allá de eso las respuestas siempre están vinculadas a la lógica patriarcal.

Nuestro horizonte de lucha, nuestros deseos, nuestras ganas de cambiar el mundo no se acaban en una ley. La ley cambia las condiciones sí, aunque también confunde. Nosotras, desde el colectivo, tampoco es que digamos que no queremos nada con eso, que no nos importa. Se trata de que ese no es nuestro horizonte, nuestra energía y nuestras ganas de luchar no se pueden acabar en una ley, porque sino estamos jodidas. Un poco sobre esto conversábamos el otro día: si hubiéramos decidido como Coordinadora pelear por la ley de feminicidios se nos hubiera terminado la lucha ahora, y a nosotras nos siguen matando. Desde la Coordinadora salimos a la calle no solo para reclamar al estado, sino también para mostrar a la sociedad, para llamar a otras mujeres y decirles “mirá lo que podemos hacer, nos podemos organizar, podemos salir a decir lo que nos pasa”. Es demostrar que podemos hacer, que podemos salir a la calle, que estamos juntas, que nos pensamos. No es solo pedirle al estado. Sí, también es una pata, pero es una pata y no se tiene que acabar ahí.

Este es un problema del progresismo y los gobiernos de izquierda en latinoamérica: todo se canalizó ahí. Y es muy propio también de la tradición de izquierda del Uruguay. Los sindicatos le reclaman al estado, los públicos y los privados, que el estado medie en los conflictos, que se haga cargo y se ha perdido el tejer por abajo redes comunitarias para resolver las cosas. Nosotras confiamos más en eso, en que una mujer se acerque a una vecina o a un grupo, en empezar a cuidarnos entre nosotras, en el barrio, en el trabajo o en donde sea.

Salvando las distancias, las feministas y el estado se pueden comparar con una mujer y un varón en situación de violencia. ¿Vos le vas a pedir al varón que no te pegue más? ¿Te va a dejar de pegar por más que le pidas que no te reviente contra el piso? No. Lo que tenés que hacer es armarte de valor para salir de ahí, generar autonomía, quererte a vos misma. Es lo mismo. ¿Le vas a pedir a un estado que te violenta, que te controla, que deje de hacer eso? Es muy difícil, no esperes de él, hay que salirse, una se tiene que salir de ese lugar, no esperar del otro, porque el otro tiene beneficios y no quiere soltar su privilegio. Nosotras tenemos que buscar lo que nosotras queremos. El punto para Minervas está ahí: construir lo que nosotras queremos de nosotras mismas, nadie va a venir a darnos nada. Es con nosotras mismas y entre nosotras.

Desde esta perspectiva que piensa la lucha no solo como demanda y más allá del estado, ¿qué cosas concretas hacen, entre ustedes y con otras mujeres?

Va por ahí, por encontrarnos con otras. Primero encontrarnos entre nosotras y con nosotras mismas. Cada una consigo misma y después nosotras con nosotras. Minervas surge de la necesidad de compañeras de encontrarse con otras mujeres, de su edad sobre todo y con cierta perspectiva. Y así, después que nos encontramos entre nosotras nos fuimos encontrando con otras. Estuvimos yendo al interior el año pasado y este año vamos a seguir trabajando con colectivos que también surgieron de la necesidad de otras mujeres de encontrarse entre sí. Si no te organizás no podés, sola no se cambia el mundo. La forma que han tenido el patriarcado y el capitalismo para hacer que no cambiemos las cosas es aislarnos, dejarnos solas en nuestras casas. Tenemos que hacer lo contrario: salir, encontrarnos con las otras, entender que lo que a otra le pasa también me pasa a mí y es una cuestión social que puede politizarse. Si no es con otras es imposible.

Salir a la calle hace que haya mucho eco. Hay muchas mujeres que están en situación de violencia que se acercan a las alertas feministas o que buscan acompañamiento. También a eso apostamos, a acompañar en situación de violencia, de aborto o en otras complejidades de la vida de las mujeres. No extendido a todas porque no es posible para nosotras, pero sí con compañeras cercanas, contar nuestra experiencia, que eso sirva a otras, ir tejiendo una red. En ese sentido, también hemos acompañado otras luchas, hemos estado con las compañeras de Fripur, de Green Frozen en Bella Unión, en el No a la baja, en el conflicto de la educación. Y trabajando con otros colectivos y organizaciones, no solo feministas, generando vínculos.

También la escritura. Tanto en Escucharnos Decir, como en la columna de Minervas en Zur o en el libro que sacamos el año pasado sobre la Caravana Feminista que hicimos por el interior, intentamos escribir y reconstruir nuestra historia. Cuando empezamos a juntarnos nos costó mucho reconstruir lo anterior a nosotras, las luchas de las mujeres, porque se invisibilizan. Registrar lo que vamos haciendo es una manera de dejarle a otras algo elaborado. Ahí también hay una tarea. Y también traer a otras mujeres: hemos generado instancias de formación y debate con mujeres que son referentes teóricas, políticas y humanas, para Minervas y para el feminismo, como Raquel Gutiérrez o Silvia Federici.  

Más allá de lo que hacen entre ustedes y con otras mujeres, ¿qué piensan que puede hacerse en las organizaciones mixtas o en los espacios de militancia que ahora para el paro han salido a convocar, pero más allá del 8 de marzo?

En las organizaciones está bueno tener espacios propios de mujeres, que las compañeras tengan un espacio de encuentro que vaya más allá de lo específico del sindicato o la organización en la que están. En la potencia del entre mujeres se generan cosas, solo al juntarnos entre nosotras van surgiendo. Por otra parte, no es lo mismo ser en la calle cuatro que miles, por eso también es importante seguir encontrándonos, que las alertas continuen convocando. Esta también tiene que ser una lucha de masas, por eso apostamos a seguir encontrándonos con otros grupos, de mujeres, de hombres, mixtos. Apostamos a trabajar con las mujeres, pero es una lucha de todos y tiene que ser una lucha masiva.

Otro aspecto es eliminar la disociación entre la vida pública y la vida privada de cada uno. Porque por estas cuestiones algunas de nosotras nos abrimos de ciertos espacios, por una incoherencia, porque en algunas organizaciones te violentan tus propios compañeros.  Confiamos en que todos podamos cambiar un día de verdad, en que se deje de explotar a la compañera en casa mientras el hombre se va a hacer la revolución y ella cuida a los hijos. Porque si vos lo cuidás un rato tu compañera puede salir a hacer la revolución también. La revolución no es solo cosa de hombres blancos. ¡Yo también quiero ser la revolución!

Este 8 de marzo está teniendo una convocatoria inédita. No sabemos qué va a pasar ese día pero ya podemos prever que va a ser un éxito, va a haber mucha gente en la calle, etc. ¿Cómo se imaginan el 9 de marzo? ¿Qué sueñan para ese día y todos los que vienen después?

¡Dormir! ¡Dormir pila! (risas). Esperamos que permita un salto a nivel organizativo, que entendamos que es por ahí, que nos tenemos que seguir juntando. También que la convocatoria que tiene la Coordinadora de Feminismos hoy en las plenarias no disminuya, que las compañeras se queden en ese espacio. No sabemos si va a suceder, a veces cuesta mucho. Pero es lo mismo que decíamos antes: el horizonte no puede ser la marcha y el paro, el horizonte es otro. El paro es una herramienta para visualizar, para pensar, para juntarnos, para conocernos. Lo que soñamos es que las mujeres sigamos teniendo ganas de encontrarnos, de construir y de pensarnos a nosotras mismas. Y no se trata de que vengan hordas de compañeras a Minervas, sino que se generen otras organizaciones, otros espacios. Hay chiquilinas muy jóvenes y nosotras quizás somos un poco más grandes, entonces seguramente las adolescentes se sientan más cómodas entre sí, haciendo su proceso. Eso soñamos, que haya muchos colectivos feministas, autónomos, independientes.

También poder encontrarnos con otras compañeras, hacer cosas juntas, generar nuestras redes y ver como tenemos cosas en común. Charlamos con otras y vemos que hay sintonía en una forma de construir diferente. Por ejemplo, la lectura de la proclama en ronda y colectivamente es propio de esa otra forma y es lo que la mayoría de las compañeras más jóvenes que participan de la Coordinadora quería, eso es lo que les gusta del espacio. Hay una sintonía que se expresa en la formas de hacer. Muchas venimos de otra forma de militar, propia del patriarcado, donde desde el tono de voz hasta los ritmos eran distintos, y ahora hay un montón de compañeras más jóvenes, que quizás nunca militaron, y con las que nos encontramos desde ese construir de otra manera que ellas traen y nosotras buscamos cambiar en nosotras mismas. Son procesos que nos interpelan a nosotras mismas, nos hacen deconstruir formas de militar que ya no queremos.

Siempre pasa que después de las movilizaciones grandes muchas compañeras se acercan. Después del 3 de junio, por ejemplo, se organizaron en el interior muchos grupos que siguieron funcionando y eso fue algo que ni siquiera habíamos soñado y la realidad superó por mucho nuestras expectativas. Eso fue impresionante. Por otro lado, en las movilizaciones ahora se da como eso de ser parte. No importa si nos conocemos o no, estamos haciendo tareas y las mujeres se acercan y se suman. Y nos animamos más, hacemos nuestra propia seguridad en las marchas, cantamos por el megáfono, repartimos volantes, somos voceras en los medios, leemos entre todas la proclama. Las mujeres, cada vez más, nos estamos animando a sacar la voz, a decir, a hacer, nos decimos “sí, voy, hago, puedo”.