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Pan y Rosas

Alicia Migliaro, Cecilia Menéndez y Mariana Ourens (Colectivo Minervas)
Las consignas nombran lo posible y nos anhelan imposibles. Al grito de “queremos el pan pero también las rosas” marchaban las trabajadoras textiles de Lawrence en 1912. Con esta nota damos inicio a “Pan y Rosas” la columna del colectivo de mujeres Minervas en ZUR, donde nuestras palabras buscan emancipación.

Un siglo nos separa de aquellas mujeres que se animaron a reclamar su derecho, no solo a un salario justo, sino también al amor y a la belleza, a la sobrevivencia y la dignidad.

El nombre de esta columna es un pequeño homenaje y una forma de dar aliento a esa consigna que anima nuestros pasos en la marcha: la idea de que para transformar no solo basta conquistar el pan sino que es necesario batallar también las rosas.


Queremos el pan...

“Nuestras vidas no serán explotadas desde el nacimiento hasta la muerte los corazones padecen hambre, al igual que los cuerpos: ¡pan y rosas, pan y rosas!”  (James Oppenheim)

Despuntaba el Siglo XX en Estados Unidos, la industria textil comenzaba a desarrollarse vertiginosamente a costillas del trabajo de inmigrantes que llegaban huyendo de la empobrecida Europa. Muchas de estas personas eran mujeres, muchas de ellas casi niñas, que bajaban de barcos anónimos al desconcierto de la vida en tierra ancha y ajena.

Las condiciones de trabajo eran más que duras, eran francamente inhumanas. Las familias de inmigrantes obreros se atiborraban en destartaladas casas de propiedad de las empresas por las que se les cobraba un importante alquiler. Trabajaban extenuantes jornadas en galpones oscuros, a ritmo acelerado, y sujetas invariablemente a la mirada implacable del capataz de turno. Los accidentes laborales y el acoso estaban a la orden del día. Todo esto para cobrar un magro jornal que no llenaba sus bocas ni las de sus crías.

La rabia crecía y crecía...

El 10 de enero de 1912, tras recibir una paga sensiblemente inferior a la acordada, cerca de mil obreros y obreras de Lawrence, Massachusetts, se declaran en huelga.

Las obreras organizadas en la IWW (Industrial Workers of the World) instalan la huelga cercando la fábrica con una cadena humana que se mantenía 24 horas al día, cerrando el paso a patrones, carneros y policías.

La huelga se extiende, la patronal se mantiene firme, pero las obreras, decididas a reclamar lo suyo, no ceden. La solidaridad crece al calor de la lucha y el comité de huelga instala guarderías y comedores comunitarios para los hijos de las obreras en lucha.

Pero también las rosas...

Pero no todo era rosas... Muchas mujeres tenían problemas con sus maridos y padres por participar de la huelga, mientras que los niños y niñas enfrentaban los ataques de vecinos y  maestras por las actividades de sus madres. La batalla se desarrollaba a dos frentes, era necesario crear nuevas estrategias. Se comienzan a realizar reuniones sólo de mujeres para compartir sus dificultades y buscar estrategias colectivas. Por otro lado, se inicia un ciclo de  reuniones con los niños y niñas donde se dialoga acerca de por qué sus madres y padres están en huelga.

En algunos casos, el hostigamiento era tan grande que se decide enviar a los niños y niñas a ciudades vecinas para que los alberguen familias solidarias hasta que finalice la huelga.

La firme decisión de las obreras, la solidaridad de clase y el miedo de la burguesía a que se extienda la huelga, tuerce el brazo de los patrones. El 14 de marzo la patronal accede a algunas de las reivindicaciones: descenso de los ritmos de trabajo en los telares, 25% aumento salarial, pago de horas extras y reinserción de los trabajadores y trabajadoras sindicalizados que habían sido despedidos.

Estas mujeres desafiaron su rol tradicional de género volcándose activamente a la militancia y a la lucha política, espacios tradicionalmente reservados para el mundo masculino. Fueron verdaderas traidoras, cuestionan un orden social impuesto rebelándose contra el status quo, tomando la historia entre sus manos para intentar transformar el mundo. Mundo en el cual, los que pensaron y tomaron las grandes decisiones siempre fueron los hombres. Son mujeres, madres, hijas, hermanas, las que se vuelcan a la lucha revolucionaria para “dar vuelta el tiempo como la taba”... y en esta acción traicionan...

….peleando contra el capitalismo traicionan siglos de patriarcado.

 

Colectivo Minervas