Pensar a Cambiemos desde el conflicto docente

Nota: Francisco Longa / Foto: ES Fotografías
El ataque integral hacia el reclamo docente en particular, y el intento por desprestigiar a las organizaciones sindicales en general, la represión y detención de docentes hace unas horas pueden servir para pensar el tipo de composición del bloque en el poder que expresa Cambiemos.

Anoche, docentes intentaban instalar una “Escuela itinerante”: habían aclarado que si bien se levantaban los paros iban a seguir el plan de lucha. La policía de la Ciudad de Buenos Aires llegó a la Plaza de los dos Congresos con escudos, gas pimienta y reprimió a las y los docentes. Sin medios hegemónicos presentes, llevaron adelante el operativo con rapidez.  Al cierre de esta nota, cuatro estaban detenidos en la “primera Comisaría de la Metropolitana en zona sur”, en Chutro y Zavaleta, Parque Patricios; y se realizaba una numerosa asamblea en la Plaza para analizar y definir cómo continuar. En las líneas que siguen, recorremos los días de conflictos, los imaginarios que pone en juego el gobierno de Cambiemos en alianza con los grandes medios comerciales, y las estrategias que pasan de la acción en redes sociales, el ninguneo de la escuela pública, el desprecio del trabajo docente, a -más directamente- la represión.

El pasado fin de semana, los medios masivos de comunicación se regodearon al afirmar que la gobernadora Vidal le había ganado la pulseada a los gremios docentes. Haciendo una lectura muy capciosa de la consulta que los gremios hicieron en sus bases, el diario La Nación consignó que más del 70% de las y los docentes no quiere seguir haciendo paros. Sin embargo, Sergio Romero, secretario general de la UDA dijo que según los resultados de la encuesta, más del 80% votó por continuar haciendo algún tipo de paro. María Laura Torre, secretaria gremial del Suteba, admitió que los paros entraron en un impasse, pero que de ningún modo cesó el plan de lucha, sino que continúa y que se están evaluando los futuros métodos.

Es por eso que el conflicto aún no terminó. Además, días atrás una jueza laboral falló a favor de las docentes, obligando al gobierno a convocar a la paritaria nacional. También semanas atrás, otro fallo judicial le indicó al gobierno que debía devolver los días descontados por huelga del año pasado, lo que constituye un sólido antecedente para revertir los descuentos por paros que están teniendo lugar este año.

No obstante, también es un dato real que, al menos en la provincia de Buenos Aires, el conflicto muestra actualmente un hondo desgaste de las medidas de lucha. Más allá del tipo de lectura que se haga de los resultados de las encuestas de los gremios, método por otra parte de dudosa fiabilidad, fuentes de confianza que hacen vida en los gremios docentes bonaerenses confirman que el clima en las bases de las escuelas muestra un decaimiento en cuanto a la perspectiva de continuar con los paros. El clima social general respecto de que las y los docentes continúen con las huelgas también parece sombrío.

Analizar lo que ocurrió, pensar lo que sucede

Claro que no es la primera vez que existe un prolongado conflicto docente. En la provincia de Buenos Aires en 2014 los gremios realizaron 17 días de paro, y terminaron logrando una mejor recomposición salarial. Es probable que las marchas docentes de este año hayan sido más numerosas que las de 2014 y, aunque no lo fueran, es innegable que actualmente muchos dirigentes sindicales de extracción kirchnerista tomaron con mayor fuerza el reclamo, comparado con el de aquel año: hoy tienen un enemigo políticamente mucho más nítido a quien enfrentar, más allá de las reivindicaciones gremiales concretas. Es decir que, a priori, los paros de este año contaron con mayor potencia y estructura gremial que aquellos. De ser así, entonces sería más llamativo aún que el clima social se volviera hoy más hostil a los reclamos educativos.

Una hipótesis que podría explicar este escenario sería que, en el sector docente, hay muchos votantes de Cambiemos, mientras que en los paros de marzo de 2014 aún resonaban los ecos de la derrota del Frente para la Victoria en las legislativas del año anterior. Es decir, se trataría de dos escenarios con gobiernos con fortalezas dispares. Si así fuera, hoy podría estar vigente aún la apelación a ‘darle tiempo al gobierno’, mecanismo que en 2014 ya no tenía vigencia. Pero aunque algo de esto esté operando, ¿son éstos los únicos elementos que explican por qué el conflicto docente actual se muestra menos fortalecido que aquel?

Claro que aventurar una respuesta a esta pregunta puede sonar pretencioso. Sobre todo porque nunca un escenario tan complejo se explica a partir de una sola causa; pero aquí va un intento por aventurar otra hipótesis, complementaria con la anterior: el actual conflicto docente estaría más debilitado también por el nivel inusitado de agresividad que dispensó el bloque en el poder hacia el reclamo docente.

Las actuales estrategias de Cambiemos

La actual alianza política que expresa Cambiemos implica el advenimiento a la gestión estatal de un sector duro del empresariado, que logró hacerse con las principales carteras ministeriales en el plano nacional. La llamada CEOcracia llegó en modo desembozado y nítido a reducir lo que ellos llaman los ‘costos laborales’, y a poner en agenda una serie de políticas regresivas para los derechos de las mayorías trabajadoras, como lo es el intento por una nueva flexibilización laboral, cuyo primer globo de ensayo se cerró en el sector petrolero. Cuentan para esto con la anuencia de algunos sectores sindicales y con la pasividad de otros, como los del triunvirato cegetista, quienes recurrieron a un paro general al verse desbordado por las bases sindicales.

Este bloque en el poder viene desplegando una política de desprestigio de los reclamos gremiales que, en el caso docente, se expresa puntualmente en algunas iniciativas:

En primer lugar, la avanzada inédita desde el gobierno por presionar a los jueces que fallan a favor de los reclamos gremiales, como en el caso de Jorge Triaca, quien inició en febrero un pedido de juicio político para los jueces que avalaron la paritaria bancaria. Recientemente Triaca declaró que también van a recusar a la jueza Dora Temis, quien ordenó al gobierno bonaerense devolver lo descontado por los días de paro del año pasado.

En segundo lugar, el pedido de la gobernadora María Eugenia Vidal de suspender la personería gremial del Suteba, solicitud a la que la Dirección Nacional de Asociaciones Sindicales dio curso, forzando al gremio a hacer su descargo dentro de los próximos cuatro días. En ese sentido, Roberto Baradel afirmó ayer en Página/12 que esto “no había pasado nunca en democracia, sólo en dictadura”.

En tercer lugar, y en medio de las medidas de fuerza, la policía bonaerense se presentó en distintos establecimientos escolares de La Matanza y Benito Juárez para tomar los nombres, apellidos y datos de afiliación gremial de quienes se encontraban de paro, rememorando imágenes –nuevamente– propias de la dictadura militar.

En cuarto lugar, desde el gobierno nacional y sus medios de comunicación aliados se lanzó una feroz campaña de personalización y estigmatización de Roberto Baradel, orientada a desprestigiar el reclamo en general. Mientras el titular de Suteba recibía  amenazas de muerte por correo, en medio de la apertura de las sesiones legislativas el presidente la Nación afirmaba: “No creo que Baradel necesite que nadie lo cuide”. Días después, durante un prime time televisivo, un programa oficialista llegó a mostrar en primer plano una gigantografía con las fotos de los hijos del titular de Suteba.

Estos elementos sugieren que, actualmente, el ataque desde el gobierno hacia la comunidad educativa es frontal e integral. Este ataque puede haber debilitado la legitimidad del paro en la sociedad en general. Como se ve, desde el gobierno, sectores policiales y medios de comunicación, se llevó a cabo un ataque agresivo no solamente contra Baradel, sino contra el imaginario de la huelga como método para conquistar derechos, el cual se repitió hasta el extremo en el marco del paro general de la CGT del jueves pasado.

Todo este ataque a la docencia en particular, pero a las formas de organización colectiva de trabajadores y trabajadoras en general, le permite al actual gobierno reforzar de una manera muy cruda lo peor del sentido común anti sindical que anida en nuestra sociedad, sin exceptuar desde ya la contribución a dicho sentido común efectuada por algunos nefastos referentes sindicales como Omar “Caballo” Suárez, dirigente marítimo preso por corrupción.


Más allá de las equivalencias


En la apertura de las sesiones legislativas de 2012, la entonces presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, dedicó fuertes descalificativos hacia la docencia: “Trabajan 4 horas y tienen 3 meses de vacaciones”, y concluyó: “Cómo es posible que sólo tengamos que hablar de salarios y no hablemos de los pibes que no tienen clases”. Dos años más tarde, en marzo de 2014, y en medio de un conflicto docente, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, dijo que no podía ofrecer mayores aumentos porque la provincia no tenía fondos, y denunció “un trasfondo político” en el paro docente.

Durante el pasado mes de marzo, el presidente Mauricio Macri, quien se destaca por una sólida y coherente trayectoria educativa en el sector de gestión privada –del colegio Cardenal Newman a la Universidad Católica Argentina–, también tuvo declaraciones despreciativas hacia la educación pública, como cuando afirmó que algunos pueden elegir ir a la escuela privada mientras que otros “tienen que caer en la escuela pública”. Por su parte, la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, además de pedirles a las y los docentes “que digan si son kirchneristas”, afirmó que la provincia está quebrada, denunció que se trataba de un “paro político” y comenzó a descontar los días de paro a quienes adhirieron a la medida de fuerza.

Todo este rejunte de declaraciones puede llevar a la tentación de establecer un cuadro de equivalencias entre las declaraciones pretéritas y las actuales. Sin embargo, esas equivalencias muestran sólo un aspecto de un cuadro más complejo. El antropólogo Pablo Semán sugiere que “no se puede reducir al otro a su peor frase”; esta interesante apelación sirve para ver más allá de las declaraciones agresivas hacia la educación de gobiernos anteriores y actuales.

Con el escenario planteado más arriba, poco sirve pensar si Scioli era más o menos amigable que Vidal. Lo interesante es pensar si la correlación entre las fuerzas que luchan por reclamos gremiales y las fuerzas desde el poder que se le oponen tuvieron y tienen la misma magnitud en su enfrentamiento, y ofrecieron u ofrecen la misma perspectiva al momento de alcanzar derechos.

Las estrategias lanzadas desde el poder político tienen gran capacidad de influenciar en el humor colectivo de la sociedad. Hoy en día gran parte de los conflictos políticos parecen definirse, entre muchas otras variables, también por lo que dicta el humor social. Si bien este clima es difícilmente aprehensible, parece fácil concluir que hoy en día Cambiemos sigue sin ceder en una mejor oferta salarial, porque tiene consenso general para hacerlo.

Para comprender como se configura este humor, es importante contemplar no solamente las declaraciones, sino también las iniciativas concretas que lanzan los gobiernos. Respecto de Cambiemos, algunas de sus medidas más agresivas hacia el imaginario de conquista de derechos gremiales, fueron reseñadas más arriba. Este cocktail de iniciativas, tendientes a desprestigiar los reclamos paritarios, permite comprender mejor los estrechos márgenes en los cuales se mueven las negociaciones salariales en la actual coyuntura.