Porfiadas

Cobertura colaborativa Zur y Rebelarte
Decimos porfiadas, podríamos decir también insistentes, perseverantes, obstinadas, empeñosas. Todos esos adjetivos nos caben, porque este es el tercer año que #NiUnaMenos se organiza en el país. Porque ésta también se suma a las 18 veces que salimos antes en 2017 en Montevideo desde las “Alertas Feministas”, o las más de 30 del año anterior, y así podríamos seguir.

También nos caben los adjetivos, porque apegadas a lo que dice el diccionario insistimos en organizarnos para lograr algo que opone resistencia. Así, tan dolidas como porfiadas miles de mujeres marchamos este sábado una vez más.
 
Estamos nerviosas, está todo preparado, pero antes de salir volvemos a estar nerviosas. Impresiona pararse en la Plaza Libertad, detenerse y mirar uno a uno las decenas de carteles con siluetas y nombres de mujeres. Son muchas, todas todavía nos duelen. Nos encontramos y vamos charlando, nos contamos cómo estámos, sabemos que el compañero de una se quedó con el bebé para que ella pudiera venir. Comentamos también que nos siguen violentando, que son tantas, que el horror, que la indignación, y que el ex de otra compañera más no está cumpliendo con el dinero que acordaron que él pasaría a sus hijos.
 
Empieza la intervención artística. Es apenas escuchar y cimbrarse. Entonces los recuerdos que se amontonan, entonces las sensaciones se entreveran. “Que el dolor se vuelva rabia, que la rabia se vuelva lucha y nuestra voz, grito” empieza suave y comienza a vibrar cada vez más alto. Entonces ahí volvemos a sentirnos fuertes, y volvemos a pensar que son tiempos de rebeldía, que algo está cambiando.
 
Arrancamos. Mientras cantamos “¡Tocan a una, tocan a todas!” reconocemos a las mujeres que están al lado, a esa otra mujer que mira, sonríe y grita para decir que no estamos solas. Se lo decimos a otras, nos los decimos a nosotras mismas. Cantamos “Ahora que estamos juntas, ahora que si nos ven, abajo el patriarcado que va a caer, que va a caer” y nos convencemos que la resistencia patriarcal empieza a ceder. Dos adolescentes de 16 años trajeron sus propios carteles: “quien no se mueve, no siente las cadenas”. Ellas se abrazan, escuchan atentamente las canciones, se las aprenden y las cantan; se acompañan y parecen sentirse más fuertes.

Hay una potencia en el encontrarnos en la calle, en el canto acompañado que se acopla a las demás o que sale de una de nosotras, irrumpe y se ordena con la voz de todas. Ese grito que un poco es limpieza porque nos evoca imágenes, nuestras propias historias y nuestros propios miedos. En la calle hay un calor que no se siente del otro lado.
 
Como un llamado desde lejos, en distancia y en el tiempo, recordamos que “no estamos todas, faltan las presas” y miramos a nuestro alrededor, a nosotras cantando 18 de Julio y nos erizamos porque nombrarlas es como traerlas un poco, visibilizar lo que se quiere mantener oculto y al margen, como si camináramos el cemento juntas.
 
Cuando llegamos al final y leemos la proclama miramos como los puños violetas se acompasan entre la reverberación de nuestra voz colectiva:  “Porfiadamente, aunque estemos cansadas, nos miramos y reconocemos la potencia de nuestro “entre mujeres” para volver a poner el cuerpo. Hemos dejado de callarnos, denunciamos los feminicidios en las calles, repudiamos la violencia cotidiana. Con nuestra rabia construimos una herramienta de lucha y marchamos por las que no están, por la que no sabemos dónde están y por las que estamos, porque no queremos resignarnos a saber que en unos días el dolor colectivo volverá bajo el nombre y la historia de otra mujer asesinada. Queremos contar que no nos falten, queremos contar que están...

Porfiadas, volvemos a decir que el feminicidio es una categoría política para poner nombre a la violencia que recibimos. Decimos que el Estado es responsable, que en este sistema patriarcal y capitalista, sostiene y reproduce las condiciones para que todos los días nos violenten, nos golpeen, nos violen y nos maten. Decimos que el Estado es responsable cuando no podemos huir y cuando no tenemos a donde ir. Decimos que no queremos mujeres sin recursos para sobrevivir.”
 
Porfiadas dice la proclama, si, eso somos y lo decimos juntas.