Sabemos parir

María Noel Sosa / Foto: Amanda R. Greavette
Desde el pasado miércoles y hasta hoy domingo 25 de mayo, distintas organizaciones ligadas a la Red Latinoamericana de Humanización del Parto y el Nacimiento (RELACAHUPAN) celebran en Uruguay la semana mundial del parto digno y respetado.

Aunque hoy día parezca natural, la institucionalización y medicalización absoluta del proceso de embarazo, parto y puerperio es una reciente construcción histórica. El sistema patriarcal en el que vivimos tiene, sin lugar a dudas, un aliado claro en la medicina, y así durante los procesos de reproducción se reproducen también nuevas relaciones de subordinación de las mujeres.

En la actualidad se ha consolidado un modelo materno infantil hegemónico que descentra el protagonismo de la mujer a favor del médico tratante. Madres, padres y profesionales dan colectivamente la disputa por el derecho a elegir cómo, dónde y con quién parir, y enuncian la urgencia de concebir al parto como un evento sano y natural en el que las mujeres tengan la autonomía necesaria para ese momento vital.

La semana mundial del parto digno y respetado se realiza desde 2004, a iniciativa de una asociación francesa. Luego se extendió en Europa y posteriormente en América Latina, llegando a celebrarse desde hace varios años en nuestro país. En Uruguay, este año celebrando esta semana mundial se realizaron varias actividades en Montevideo y en Minas. Talleres de sensibilización y mesas temáticas, proyección del video “Parir es poder” y dos actividades centrales de cierre fueron llevadas a cabo este domingo en la Plaza Libertad de Minas y en el Castillito del Parque Rodó en Montevideo.

Zur, dialogó a propósito del tema con Carolina Farías, Licenciada en Psicología, investigadora en temas de salud reproductiva y co-coordinadora en Uruguay de la red de humanización del parto y el nacimiento.

Parir es poder, si yo elijo

Algunas mujeres han estado acompañadas en sus partos por la voz de Rosa Zaragosa, cantando  para que la mujer sienta que el momento llega, que tiene la capacidad para parir y que está siendo ayudada. Pero muchas otras, en ese momento tan especial, sienten que no están siendo sostenidas, apoyadas ni consideradas en su capacidad de decidir.

Por eso según nos cuenta Carolina este año la consigna de la semana por el parto digno y respetado es “Parir es poder, si yo elijo”. Nosotras podemos. Desde tiempos ancestrales hemos sabido nacer a nuestros hijos e hijas. Sin embargo, lo que se busca transmitir desde el discurso médico hegemónico actual es que no podemos parir si la medicina no interviene sobre nuestros cuerpos. Nosotras podemos, pero tienen que dejarnos y esto implica desde el inicio cambiar la lógica: no es el médico, ni la institución quien “nace” al niño/a, sino la madre y el bebé, que generan una hermosa preparación anatómica y hormonal para ello.

Decir nosotras podemos parir, afirmar que el parto es nuestro, es reconocer una capacidad colectiva de las mujeres y así lo han asumido organizaciones de mujeres en todo el mundo. Es necesario recuperar esa fortaleza en nosotras mismas, como mujeres, más allá de la resolución del parto de cada una o quienes no deciden parir.

Además este año la consigna a nivel mundial tiene especial pertinencia para nuestro contexto, en tanto se encuadra en la posibilidad de una nueva propuesta de regulación de la partería por parte del MSP que inhabilitaría el ejercicio liberal de la profesión. Esto es, la reglamentación obligaría a las parteras a trabajar en vinculación necesaria con el Sistema Nacional Integrado de Salud y como el mismo no prevé partos no institucionalizados las profesionales no estarían habilitadas a ello. Para la co-coordinadora de la red esta nueva regulación no sólo violenta a las profesionales y su posibilidad de atender partos domiciliarios (o brindar asesoramiento en embarazo, parto, puerperio, menopausia), sino también a las familias, que ya no podrían disponer del derecho a elegir dónde y cómo parir, y su derecho a  la salud sería negado.

En Uruguay los partos institucionales se dan en el tercer nivel de atención sanitaria, esto es en hospitales con asistencia de alta complejidad y junto a otro tipo de problemas sanitarios que así lo requieren. Por tanto, está vinculado a un espacio concebido para enfermos/as que están en tratamiento, en proceso de curación. Pero un parto no es necesariamente un proceso de enfermedad. Un parto debiera ser concebido como acto de vida y un momento plenamente sano, aunque en algunos casos puede requerir atención sanitaria específica. Desde la red  “no se está en contra de la institucionalización en sí, pero si se está en contra de que las instituciones no respondan al acontecimiento que está sucediendo, un acontecimiento saludable” indica Carolina. Desde esta concepción, en algunos países los niños y niñas no nacen en hospitales, sino en las llamadas casas de parto o nacimiento o bien en maternidades, pero no es hospitales. Aún más, en países como Holanda los partos en domicilio están no sólo habilitados y regulados, sino que el parto en casa es la mejor opción para el propio sistema de salud y por ello es que está previsto que el sistema sea quien envíe a la partera al hogar y quien establece las coordinaciones previas y posteriores.

Entrar sana, salir rota

Más allá de la predominancia del formato institucional, en nuestro país se ha buscado avanzar en la humanización del parto. En la Ley Nº 18.426 en defensa del derecho a la salud sexual y reproductiva establece la pertinencia de  “(...) promover el parto humanizado garantizando la intimidad y privacidad; respetando el tiempo biológico y psicológico y las pautas culturales de la protagonista y evitando prácticas invasivas o suministro de medicación que no estén justificados (...)”.

Pero como el sistema para atender a los nacimientos no está concebido para atender a personas sanas “vos entras sana, a tener un hijo sano y salir de alguna manera rota”, señala la investigadora. Siempre hay alguna intervención en el cuerpo de la mujer, muchas veces innecesaria y no se obtiene siempre el trato acorde. La violencia obstétrica en alguna medida es moneda corriente para las mujeres en las maternidades hospitalarias, aunque no sea aún una preocupación relevante a nivel de las autoridades sanitarias. Para las mujeres, como sucede con otros tipos de violencia, no suele ser sencillo el proceso de reconocer que la misma existe. Carolina enfatiza: “no hay forma de que vos hables hoy por hoy, con prácticamente ninguna mujer que haya estado atendida en el sistema institucional que no haya pasado por algún tipo de violencia. Lo reconozca como tal o no”.

Violencia obstétrica es que una mujer tenga que hacer el trabajo de parto o incluso parir en la carretera mientras es trasladada de un centro sanitario a otro en busca del equipo completo de profesionales para atenderla. La mujer que logra ser atendida fuera de lugar donde vive y donde está su entorno afectivo se enfrentará además a la violencia de tener que iniciar el encuentro madre-hijo/a en condiciones de desarraigo. Violencia obstétrica es también no ser correctamente informada de las pruebas que se te realizan durante el embarazo y sus riesgos, así como ser sometida a intervenciones diversas sin tu consentimiento. Lo mismo sucede con la reciente aplicación casi indiscriminada de oxitocina, o el uso indiscriminado y sistemático de procedimientos tales como la episiotomía o el rasurado. Escuchar “ahora aguantá, lo hubieras pensado antes” o ser sujetada para no golpear al personal que asiste el parto es también ser violentada. Sin duda que no poder elegir la posición más cómoda es sentirse violentada también.

Roberto Castro, investigador y docente de la UNAM, especialista en salud sexual y reproductiva  concibe como violencia la propia concepción que establece que el médico es el que nace a tu hijo, la idea de que la institución médica es la que dice qué, cómo y dónde. Desde esta concepción, es que se le dice a la mujer en trabajo de parto que “no está colaborando”. Pero ¿quién colabora con quién? la que está pariendo es ella, y su cuerpo, ¿no debiera ser el profesional quien colabora?. Violencia es entonces sacar el protagonismo de los protagonistas y arrogarse la total apropiación del acto.

Yo elijo, tú eliges, todas elegimos


La reivindicación no es por el parto en casa, sino por la cabal humanización del mismo, para todas. La red “no promueve ni está queriendo el parto domiciliario como forma de mejor atención. Tampoco se promueve esa forma de atención como la forma de atención de la clase media o alta”.

Casi no hay estadísticas de cuántos partos se dan hoy en día en las casas ya que el registro en el sistema de información perinatal solo señala los partos fuera de la institución en una categoría genérica “parto en ciudad”, que no distingue entre un parto en el taxi camino al hospital y un parto planificado en casa.  No obstante, se calcula que no más de un 1,5 - 2 % de los nacimientos son en domicilio.

Desde la red la apuesta no es a realizar en casa todos los partos, sino reivindicar el derecho no solamente a tener opciones para dónde y cómo parir, según como sean tus pautas culturales, sino también que se habiliten las casas de nacimiento y que los partos domiciliarios o en casa de nacimiento o maternidades sean cubiertos por el Sistema Nacional Integrado de Salud.  Pero lo fundamental es que todas las mujeres merecen un parto respetado y por tanto no debiera depender que la mujer y su familia tengan una atención mejor porque lo puedan pagar.

Nuestro cachorro

La experiencia transforma el acto de nacimiento, no solo el parto para la madre y su hijo o hija. Para quienes participan activamente en el proceso de embarazo, parto y puerperio también se transforman. Desde la experiencia compartida con padres que han tenido a sus hijos en casa o en un contexto institucional respetado dan cuenta de esa otra vivencia. Para el otro/a, familiar, pareja, amigo/a que acompaña también es un momento de fortalecimiento y un punto de inflexión.

En especial, Carolina comenta cómo para los varones este tránsito facilita una concepción de otra forma de ser padre, remueve estereotipos. El parto humanizado promueve un padre presente en la preparación de parto, en la lactancia, el porteo y la crianza en general, a diferencia de una institución que en general expulsa y trata al padre como si el nacimiento no le tocara.

Pensar nuevas formas de la maternidad y la paternidad implica preparar el parto de a dos y  que ambos sepan cómo puede la pareja estar, sostener, ayudar a aliviar el dolor y sobretodo sentirse parte del acto creador. Esto facilita los procesos de cambio en la concepción de paternidad y en aquellos padres que estaban en estos procesos más “empoderados”, después no hay eso de “esto es tuyo” sino que hay una nueva vinculación y la idea de que  “este es mi cachorro también” y como varón se es parte fundamental en su cuidado y crianza.

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