Saltar los muros

María Noel Sosa y Alicia Migliaro (Escuela Elena Quinteros)
Con la vocación de que la formación popular se torne herramienta para hacer grietas o saltar los muros de una realidad desigual, desde la Escuela de Formación Popular Elena Quinteros realizamos una nueva actividad. Esta vez se trató de una charla sobre coyuntura latinoamericana a cargo del economista brasileño Marcelo Carcanholo.

Hace 40 años, en tiempos de fríos días y frías noches, Elena Quinteros fue secuestrada. No era la primera vez que caía presa, en el contexto de fuerte represión que vivía el país. Dos días más tarde, planea un ardid para escapar. Con la excusa de entregar a un compañero, se hace llevar a las inmediaciones de la embajada de Venezuela. Corre y logra escapar de las manos de los militares que la habían llevado hasta allí, alcanzando el muro de la embajada. Con una pierna quebrada y un zapatos menos, sus gritos de pedido de asilo siguen retumbando hasta hoy.

Formar para transformar, es la apuesta colectiva, de un grupo de compañeras y compañeros que el pasado 10 de junio, con una charla a cargo del argentino Hernán Ouviña (militante del Movimiento Popular La Dignidad), inauguramos la Escuela de Formación Popular Elena Quinteros. Desde esta escuela que es apenas semilla en germinación y que lleva su nombre, queremos recordar a Elena la maestra, la estudiante inquieta y con vocación militante de las misiones sociopedagogicas y el gremio de maestros. A Elena de la militancia política y social. Elena la anarquista, la maestra de bufanda roja, que en otro frío invierno perdió un zapato, tratando de saltar los muros.

Esta segunda charla estuvo dinamizada por la presencia de Marcelo Carcanholo, hijo de otro hombre, que en ese mismo frío invierno de latinoamérica salvó su vida, saltando otros muros, de otra embajada. Marcelo, el economista que no se ha encerrado en los muros de la academia y que se ha empecinado en entender en qué idioma hablan aquellos contra los que queremos luchar. Este docente universitario, referente del marxismo en la región, estudió además a los neoclásicos y ha buscado entender el funcionamiento del muro y las explicaciones de quienes lo han construido y lo construyen. Colaborador del Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra (MST) en las tareas de formación, y amigo de la Escuela, Marcelo nos ayudó a comprender cómo se construye el neoliberalismo y dónde están sus falsas alternativas.

Hemos aprendido también de los y las zapatistas, sabemos que el muro no existió siempre, que aunque parezca que sigue ahí, tan impávido e inmutable, aunque parezca igual de indestructible, cada día y a cada hora, en ese tiempo y espacio de caracol, desde diversos rincones le vamos haciendo grietas, con uñas, con dientes, pateando o golpeando, con lo que se tiene, para “conseguir hacerle a la historia esa herida que somos” como los y las zapatistas dicen. Y como ellos, sabemos que pese a que pasan muchos a decirles y decirnos que el muro no puede saltarse y que no se derriba con grietas, que hay que mejor buscar de administrar sus guardias o conseguir pintarlo de colores más humanos, ellos y ellas, nosotros y otras, insistiremos en mantener la grieta abierta, seguiremos buscando un nuevo ardid para saltar los muros. Y en este camino, de estar cada vez más organizados, de salir en búsqueda del ingenio popular nos preocupamos cada vez menos por su supuesta eternidad y cada vez más por saber cómo se levantó, como funciona y cómo cambia, por conocer sus trucos para inventar los nuestros..

Dicen los y las zapatistas, que el muro muta en su apariencia, puede ser pura muerte o puede pintarse de agradable, puede ser duro y gris, o puede tener marquesinas de donde se repite “P-R-O-G-R-E-S-O”. Por eso, de la mano de Marcelo, debatimos sobre el engranaje de la marquesina de los gobiernos progresistas en la región, y sobre sus luces cada vez mas tenues.

Estos gobiernos, cada uno con sus especificidades, nacidos en un momento donde la estrategia neoliberal de desarrollo presentaba sus límites y contradicciones, pueden englobarse en términos amplios como progresistas. Pero Carcanholo nos recuerda que el neoliberalismo se define en un nivel más elevado de abstracción, en el nivel de los marcos estructurales de la sociedad y tiene dos grandes características: la estabilización macroeconómica (control de precios y de los equilibrios fiscales), como condición previa, necesaria: las reformas estructurales de liberalización y apertura de los mercados (particularmente el mercado financiero y de trabajo), así como las privatizaciones. Frente a los problemas sociales graves que se establecieron como consecuencia del neoliberalismo, es que prosperan los gobiernos progresistas de distinto matiz. Luego de más de 15 años de este viraje en América Latina, puede señalarse que sólo en pocos casos se propusieron revertir las privatizaciones, el grado de apertura económica, la distribución de las riquezas y la justicia social. Con ropajes amables y semblante sonriente el neoliberalismo sigue en pie, vivito y coleando, gozando de buena salud.

Una de las alternativas que se le ha impuesto es lo que se llama neodesarrollismo, una alternativa que para Carcanholo no sólo es falsa, sino también cínica. Es que el neodesarrollismo sostiene que el costo de revertir las reformas neoliberales es tan alto que lo mejor es no hacerlo, entonces trata de implementar políticas para ceñir los efectos de esas reformas que, sólo en el corto plazo, pueden tener augurios económicos y sociales. Se bajaron y se bajan las tasas de interés a niveles inferiores a las tasas de ganancia del capital productivo para que los capitales inviertan y acumulen en proceso (re)productivo, generando crecimiento y empleo, en detrimento de la valorización financiera. Por eso es una falsa salida, porque no sólo no es enfrentarlo donde se define sino que cuando el hilo se tensa se corta siempre por el lado más fino. Entonces, cuando el crecimiento económico baja y ya no es posible la conciliación de clases, el capitalismo llama a profundizar el neoliberalismo más radical, las viejas recetas de crecimiento de la deuda pública, que no hacen más que ganar tiempo, pero no aportan soluciones reales. Entonces vuelven también las reformas sobre el trabajo y su regulación, porque para que los derechos de apropiación tengan sostenibilidad hay que sobreexplotar la fuerza de trabajo. Tenemos que conocer al enemigo si queremos derrotarlo, insiste Marcelo, luego de señalar que esta vuelta al neoliberalismo será dura y revanchista.

Y entonces ¿por qué insistir en mirar al otro lado del muro? "Para imaginar todo lo que se podrá hacer mañana" dicen los y las zapatistas. Y para crear todo lo que podemos hacer desde hoy, con todos y todas las que se animen a hacer grietas, construir escaleras, hacer piecito, tender la mano, mirar el horizonte que nos niegan... y a saltar.