Se confirma el fraude en Bolivia

Huáscar Salazar Lohman / Foto: EFE
El 20 de octubre, luego de un día de elecciones tranquilas, el gobierno de Morales inició uno de los fraudes más evidentes y grotescos de la historia reciente del país. Esto que hoy la OEA confirma, era una certeza a viva voz, por eso la gente salió a las calles. Era un sentimiento de indignación legítimo frente a este hecho y a la discrecionalidad en el uso del poder que el MAS ha venido cometiendo en los últimos años.

El 21 de febrero de 2016, también en unas elecciones convocadas por el propio partido de gobierno, el pueblo boliviano decidió no modificar la Constitución Política del Estado para habilitar a Morales a un nuevo mandato. El gobierno decidió desconocer la soberanía popular ejercida en las urnas y habilitar a Morales para dicha reelección con un absurdo recurso constitucional (la reelección indefinida no es un derecho humano).

Este hecho presente en la memoria colectiva, junto a un conjunto de agresiones a diversos sectores populares -principalmente pueblos indígenas-, a la alianza establecida con los poderes económicos nacionales y transnacionales, al autoritarismo extendido, al discurso revolucionario vaciado de realidad, y, simplemente, al cinismo con el que el gobierno mintió reiteradamente, hicieron que, esta vez, diversos sectores de la sociedad civil boliviana decidieran no dejar pasar otro vejamen más.

Algo que hemos aprendido en la historia boliviana, luego de los gobiernos militares, es a buscar rápidamente salidas democráticas frente al incremento del autoritarismo -y no importa que sea la democracia liberal limitada-, la idea es devaluar el poder de los gobernantes. Frente al fraude la gente salió a las calles decidida a recobrar ese escenario mínimo que el gobierno quería volver a usurpar. Es por ello que las revueltas que inundaron a Bolivia en las semanas pasadas -que seguramente defraudaron los requisitos dogmáticos de una izquierda progresista trasnochada incapaz de entender los procesos de lucha desde abajo-, fueron revueltas por la recuperación de principios democráticos básicos (aquellos que le dieron al propio MAS la presidencia).

Como dijo María Galindo, la mayoría de la gente que voto por Carlos Mesa no lo hizo para que éste sea presidente, sino para que Evo deje de serlo. Una decisión pragmática en el marco de una democracia amenazada, para abrir un nuevo momento histórico en el que el MAS ya no sería el partido hegemónico. Fue así que el gobierno, con el fraude y la negativa de aceptar una segunda vuelta, evocó fantasmas y promovió la violencia. Fernando Camacho y su discurso conservador y fanático no era nadie antes de este clima de confrontación, las posturas más conservadoras y reaccionarias en el país no tenían la centralidad que ahora adquirieron, fue el gobierno el que reavivó el espíritu de esa “vieja derecha”, porque la necesitaba como enemigo antagónico que denunciaba el fraude; pero no, éramos millones más y que no éramos de esa derecha los que denunciábamos el fraude.

Sabemos que la estrategia del gobierno en momentos críticos ha sido la violencia. Enero Negro, El Porvenir, el asesinato del Viceministro Illanes, son ejemplos en los que el gobierno propicia situaciones de violencia descontrolada para luego responder con toda la fuerza y disciplinar a sus contendientes. ¿No es esto lo que estaban intentando hacer estos días?, ¿Propiciar un baño de sangre para hablar de un golpe de estado y desplazar a un segundo plano el fraude? ¿No es eso lo que intentaban hacer cuando exponían en todos los medios de comunicación a la alcaldesa de Vinto que –de ninguna manera justificable- había sido agredida por una muchedumbre enardecida, pero callaban sobre el asesinato en el que un joven de 20 años del otro “bando” había muerto (incluso el vicepresidente mintió al respecto)? Les gusta construir mártires a costa de vidas ajenas, ¿no?. Ustedes buscaban tapar el fraude con sangre. La violencia es para ustedes, como lo fue en los gobiernos más represivos y reaccionarios, un cálculo político, a todas luces inaceptable.

El informe preliminar de la OEA no es una victoria, sino algo que profundiza nuestra rabia y dolor; aquí algunos motivos: 1) porque confirma lo que todxs sabíamos en Bolivia (ustedes en primer lugar): se hizo fraude; 2) porque en los días pasados tres personas perdieron la vida, fueron cientos los heridos y ustedes se ensañaron en defender el fraude y profundizar la violencia; 3) porque dieron rienda suelta a los demonios del país, atizaron el racismo y la discriminación, polarizaron el país desde los odios más profundos y reaccionarios, dieron cuerda a esa derecha rancia; 4) porque compañerxs que creíamos cercanos en diversas regiones de América Latina necesitan que la OEA les venga a decir que hubo fraude (y algunos ni así), para escuchar el malestar que hay dentro de Bolivia y solidarizarse con el pueblo boliviano en este momento. No se vale que por la búsqueda de un referente idealizado que en este caso es Evo, deslegitimen las luchas que suceden al interior de Bolivia; les convoco a revisar su actitud dogmática, colonial y paternalista.

Sin embargo, y pese a todo esto, luego de que el informe de la OEA circulase por las redes sociales el presidente Morales, en una soberbia conferencia de prensa, convocó a nuevas elecciones y señaló que renovaría el Tribunal Supremos Electoral (TSE). No dijo nada más y lo que llama la atención es que pareciera creer que las cosas pueden quedar así. ¿Quién elegirá a los nuevos magistrados de este nuevo tribunal?, ¿el mismo parlamento que eligió a los que perpetraron el fraude?, ¿Evo Morales piensa ser candidato nuevamente y continuar desconociendo el referéndum del 21 de febrero de 2016?, ¿Cuál será el procedimiento de investigación para esclarecer el fraude?, y muchas otras dudas que nos surgen en este momento.

Pero el presidente no dijo nada más. ¿En serio cree que se puede hacer borrón y cuenta nueva? Nada más alejado de la realidad.

Y en este momento la soberbia no ayuda. Si Evo quisiera quedarse hasta el 21 de enero (cuando acaba su mandato constitucional) debería hacerse cargo del desagravio que la sociedad boliviana requiere, que demanda a gritos y que se la merece. Este fraude y todo lo que significó (y sigue significando) no se borra con una simple conferencia de prensa, lo que el MAS hizo no tiene nombre. Siento que, sin embargo, el gobierno no tiene intención de hacer nada de eso, están enojados porque les pescamos en su engaño y como machos heridos por haber sido expuestos quieren castigarnos por ello.

Por eso es que no me sorprende que luego de la conferencia de prensa del presidente, el pedido de renuncia de Morales se mantenga vigente. Y para los amantes de la conspiración: no, nadie está pidiendo golpe de Estado. El pueblo boliviano es lo suficientemente sabio para debilitar un gobierno de manera constitucional. Así como en 2005 el mismo Carlos Mesa fue depuesto por las luchas y se recurrió a una sucesión constitucional que llevó a Veltzé a la presidencia. Muchas voces piden eso, una sucesión constitucional (que obviamente se salte al vicepresidente y que haga que la presidencia quede o en la presidenta del senado o en el presidente de los diputados) y que permita generar un control social sobre el consiguiente proceso electoral.

Habrá que ver que pasa y principalmente cuál es la actitud que toma el gobierno. Lo que sí vale la pena aclarar y esto hay que dejarlo en claro, cualquier acto de violencia que pueda derivar en sangre será responsabilidad de este gobierno que, al parecer, quiere seguir insistiendo en quedarse en el poder de manera amañada o por la fuerza. Y quede claro, por supuesto que estamos preocupados por la reactualización de una derecha tan conservadora que el gobierno invocó y potenció, pero de ello nos ocuparemos sin el MAS.
 

(Mientras escribía esto y luego del informe y la conferencia de prensa del presidente, mineros que se desplazaban a la ciudad de La Paz para pedir nuevas elecciones fueron emboscados por sectores paraestatales del MAS que dispararon con francotiradores (¡Sí…con francotiradores!), por lo que se sabe hay dos heridos de bala y los medios hablan de una posible muerte, la violencia no ha cesado en el país, y es una violencia promovida desde arriba).