Sigamos siendo locos

Mariana Abreu / Fotos: Fredy Abreu, 1982
A 40 años y pocos días de la primera ronda de las Madres de Plaza de Mayo, una historia sobre la locura.

“(…) tomaron conciencia de algo muy importante, que no eran solamente madres de un hijo, sino de todos los hijos”.

Jean Pierre Bousquet

 

Buenos Aires vestía de gris cuando la vimos por primera vez, desde el interior de un taxi. Intentábamos absorber sus recovecos con la ñata pegada al vidrio y una lluvia menuda y fría nos ardió en la cara apenas pusimos los pies en una de sus calles.

En la Plaza de Mayo los rugidos de un bombo ahuyentaban a las palomas y unos cuantos trapos coloridos irrumpían en el cielo grisáceo haciendo flotar las caras de Cristina, unas veces, y del Che Guevara, otras. Un estrado, varias voces que hacían fila para salir por un parlante y algunos cánticos, un paisaje típico en la ciudad de la protesta. A la hora de la siesta nadie descansaba.

Era jueves y al mismo tiempo otro reclamo esperaba hacerse carne en la plaza. No comprendíamos cómo aquellas ancianas con pañuelo blanco iban a hacer su procesión habitual en medio del bullicio y entre toda esa gente, pero se hicieron las tres y los manifestantes corrieron las vallas a un lado despejando el camino.

En la misma plaza, hace más de dos siglos, una multitud exigió la renuncia del virrey del Río de la Plata. Poco después de que acabara la segunda guerra mundial, otra multitud pidió allí la liberación de Domingo Perón. Diez años más tarde, en el mismo lugar, otra vez los descamisados y un bombardeo. Entrado el siglo XXI, en medio de una crisis económica y política, la plaza fue escenario de una masacre seguida de un presidente huidizo, el primero de cinco en menos de dos semanas. Revolución, discursos míticos, masacres, protestas, cuántas historias caben en una plaza. Y cuántas que no cuentan los libros.

Los militares lo sabían y, como señaló el periodista Jean Pierre Bousquet, una vez en el poder, su primera preocupación “fue la de exorcizar la plaza"1. Probablemente, nunca imaginaron que un grupo de mujeres, amas de casa y sin militancia política, iba a desafiar aquella pretensión. Pero el 30 de abril de 1977, en plena dictadura, ellas lo hicieron. Escribió el francés: “Apostadas en ese lugar desde algunos minutos antes, confundidas entre los transeúntes y empleados bancarios de las inmediaciones que salen desde sus trabajos, se habían dispersado en los bancos que rodean la fuentes de los canteros. A la señal de carrillón, sin prisa, se agrupan, en el centro de la plaza, forman una fila de a dos, en fondo, y comienzan a caminar lentamente alrededor de la Pirámide de Mayo”.

Aquel día eran catorce, y ninguna multitud celebró su paso. “Cuando nos encontramos en el centro de la Plaza con esa gente que nos miraba y pretendía no vernos, fue muy duro”, dijo una de ellas al periodista. Aunque después temblara, Marta2 enfrentó a los policías que intentaron amedrentarlas y los obligó a escuchar sus razones: las mujeres exigían saber dónde estaban sus hijos desaparecidos y qué les había sucedido.

Al año siguiente, en el 78, tampoco lograron llamar la atención de sus compatriotas distraídos con la pelota, pero sí la de algunos periodistas extranjeros que cubrían el mundial de fútbol. Para entonces ya no eran sólo madres, sino también abuelas, o madres por partida doble -como las llamó el Nobel de La Paz, Adolfo Pérez Esquivel- en busca de sus hijos, y de los hijos de sus hijos.

Eran pocas pero ahí seguían, cuatro décadas después, bordeando la Pirámide de Mayo y peleando contra el olvido, obstinadas, bajo la lluvia, las locas de la Plaza. Así las llamaron los militares, y así  se supieron ellas mismas.

Poco antes de derrotada la dictadura, Julio Cortázar escribía desde París: “Sigamos siendo locos, madres y abuelitas de la Plaza de Mayo, gentes de pluma y de palabra, exiliados de dentro y de fuera. Sigamos siendo locos, argentinos: no hay otra manera de acabar con esa razón que vocifera sus slogans de orden, disciplina y patriotismo. Sigamos lanzando las palomas de la verdadera patria a los cielos de nuestra tierra y de todo el mundo”. Afortunadamente siempre estarán los que reivindican la locura.

 

1. Las locas de la Plaza de Mayo, Jean Pierre Bousquet, 1983

2. Marta Vázquez es la actual presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora