Sin Thompson no es lo mismo

Buenaventura / Foto: Zur
Con este artículo damos inicio e invitamos a los visitantes de Zur a leer y compartir la columna de Buenaventura; seudónimo de un colaborador que desde la prosa nos acerca al mundo literario.

Pasó otra semana más. Amaneció temprano sin querer, preso de la inercia del timbre de la entrada al laburo. La mañana se deja llevar a paso cansino, hasta que el olor a podrido que de a ratos irrumpía en la cocina, se hace infumable: es que el tufillo se banca pero éste dio paso a una tapadera sin retorno y no quedó otro remedio que remangarse y limpiar la grasera. Trabajo penoso pero ligero. El hedor, prendido como colgando a los tirones de los pelos de la nariz, queda estorbando los sentidos… A pesar de los pesares hoy desayunó mejor, escuchó la radio y tomó mate tranqui.

Después del almuerzo, la TV lo esperó con un clásico del cine “El padrino”. Unas pocas palabras rompen el ensimismamiento y lo acercan a su mujer "¿Qué tremendo no? Pensar que las mafias mandaron mucho tiempo… ¿Te imaginas vivir así?" Ella, que ojeaba el diario, asintió “ni dios permita, creo que yo no podría”. Él, siguió con lo suyo: prender la espika y disfrutar del fútbol entre tragos de clarete cortado. A ella le tocaba volver a la fajina: lavado de losa y una tortita dulce para la tarde de domingo.

Al caer la tarde, el sillón recibió los cuerpos entregados nuevamente frente a la TV. En la antesala de la semana, un programa compila imágenes de la anterior. La TV agrentina domina la escena y acto seguido, la burla irónica oriental: la politiquería de la vecina orilla muestra caretas de la farándula desfilando como candidatos a diversos puestos de gobierno. Los conductores riegan el programa de lugares comunes provincianos y autocomplacientes. El silloncito viejo va tragando los cuerpos entre carcajadas débiles, de esas que son mas provocadas por orgullo, desgracia ajena y sorpresa grotesca, que por gracia y lucidez humorística: “que desastre estos porteños…” adornan el fraserío entre sonrisas y labios mordidos.

Antes de que el informativo de la noche comience a enumerar los muertos de la sección policial, el control remoto deja gris la pantalla. La cama los recibe desganados y la portátil no espera nada para apagarse. Abandonado en el costado del sillón y pronto para quemar en el próximo asado, el diario anuncia como nota central que se creo el Espacio Celeste en la 609.