Un barrio, todos los barrios

Leticia Montes de Oca / Foto: somosmafia.com.ar
Todos los barrios tienen características que los definen, que los identifican. Algunos más que características cargan con un estigma, con algo que otros y otras decidieron definir como “características”. Entre ellos está el Marconi.

El Marconi es un barrio que tiene un montón de cosas, pero para quienes solo miran la tele y piensan que esa es la única realidad, es una zona peligrosa, un lugar al que no podés entrar si no sos de ahí, donde hay armas, drogas, miseria y peligro.

Pero Marconi es mucho más que eso. Hay gente que se levanta todos los días a laburar para ganar la plata justa para pagar la olla de comida del día, gente que sale a reciclar, gente que sale a pedir. Gente que sale a trabajar en una obra como peón, en una empresa lavando pisos, cuidando gurises y gurisas o en un súper. Hay de todo, como en todas partes, pero en algunas partes algunas y algunos se niegan a ver.

Hay cosas que pasan que quizás no pasan en otros lugares, es verdad. Caminás por la calle pues hay pocas veredas, estás más expuesto a algunas cuestiones, hay más basura que en Punta Carretas. Sí, seguro. Hay gansos en la calle, como si fueran perros. Hay caballos y yeguas, muchos caballos y muchas yeguas, la mayoría son el medio para salir a juntar cartones, plástico, vidrio o solo a revisar basura. Algunos están en muy buen estado y hay otros que no. Hay un montón de perros, los hay lastimados y maltratados, pero también los hay muy cuidados, parte de una familia, como pasa en cualquier otra casa de cualquier otro barrio.

Muchas casas tienen pisos de tierra y paredes de cartón, chapa y nylon. Pero también las hay de bloques, también hay pisos de cerámica, también hay techos de planchada. Hay televisiones de treinta pulgadas y pantallas planas, claro que sí. Priorizaron comprar eso, capaz que sí. Porque esta sociedad nos marca todos los días que tenemos necesidades que no tenemos. Porque consumimos de este mismo mundo y para todas y todos la necesidad es la misma, somos víctimas del mismo sistema, parte de la misma lógica, consumista, capitalista, no podemos escapar de eso.

En el Marconi hay gurisas y gurises que no terminaron la escuela, hay gente de mi edad, mujeres de mi edad, con seis o siete hijos e hijas, que no saben tomar un ómnibus, que no pueden salir del barrio, que no pueden acceder a las mínimas “bondades” de este sistema. Se dice que tienen hijos para cobrar la asignación, para que el Mides las mantenga. Hay una dificultad enorme para pensar algunas realidades cuando nos son tan ajenas. Hay una dificultad enorme en comprender que esa mujer encontró en la posibilidad de ser madre la posibilidad de ser alguien, de tener un lugar, una existencia, a quien cuidar.

Marconi es un barrio en el que hay gente que roba, claro que sí. En mi barrio también hay gente que roba. En mi barrio también hay gente que vende drogas. Y hay negocios ilícitos, menos obvios, menos llamativos, más cuidados por la fuerza pública, pero también hay.

¿Qué hacemos con el gatillo fácil?

Matan a un pibe porque robó una moto, a otro porque corrió, porque tiene gorrito y capucha, porque es más morocho que el resto. Ese pibe robó una moto. ¿Hay que defenderlo? No, claro que no. Pero hay que poder pensar qué vivió antes. ¿De cuántos lugares fue expulsado? ¿pudo terminar la escuela? ¿fue respetado en algún espacio? ¿alguien le dio un lugar digno en algún momento? ¿alguien respetó su voz?

Matan a un delincuente. Y el delincuente no es ser humano, no tiene ningún derecho. No se vulnera ningún derecho al matar a un pibe. Así estamos y así somos. El único derecho vulnerado es el de aquel al que robaron la moto. A nadie le gusta que le roben, eso está claro. Laburo todos los días y lo que tengo me cuesta mucho. No justifico a quien me lo saque, pero tampoco lo quiero muerto, tampoco quiero un linchamiento. Y, sobre todo, no quiero un barrio repleto de milicos y que adentro pasen cosas de las que no me entere.

Hay quienes dicen que cuando se mata a un delincuente se hace justicia. ¿Qué justicia? ¿De qué justicia estamos hablando?

Trabajo con personas que viven en ese espacio y no son respetadas, con personas que son excluidas, con personas a las que todos los días nuestra sociedad se encarga de decirles, de una u otra manera, que no sirven, que sobran, que no se esfuercen porque no van a tener nada, que si quieren algo van a tener que robarlo, se lo van a tener que arrebatar a ese otro igual a ellos que tiene dos pesos más.

Quién sabe cuántas veces ese pibe fue víctima de violencia policial porque iba caminando por la calle, tenía cara de sospechoso y eso alcanzó para que un policía lo pare, lo revise, le saque alguna pertenencia o quizá hasta lo golpee. Eso le pasa a la gente de Casavalle, del Cerro, del Marconi, no a la gente de Carrasco ni de casi ningún barrio al sur de avenida Italia. Esto no lo pasan por la tele, pero pasa en la vida. Y es una violencia que también hace parte de esas otras violencias que la calle nos devuelve.

Quien se quede con la versión de los medios masivos de comunicación como verdad va a tener la visión de que el barrio Marconi es un lugar peligroso al que no se puede acceder. Pensará que no hay nada mejor que eliminar el problema, pero el problema son seres humanos. Me dan miedo esos pensamientos, esa gente me da miedo. Me da miedo la persona que dice “uno menos” cuando ve una muerte en este barrio. Todo esto da miedo. Nos acostumbramos a ver la vida por la tele y a creer en sus ficticios recortes de la realidad como si fueran la realidad real.

¿Y qué hacemos con el Marconi?

¿Quién decide qué hacemos con esa porción de nuestra sociedad que vive en el barrio Marconi? Hoy es un barrio sitiado por la policía y por alguna banda de narcotraficantes que no casualmente elige el Marconi para extender sus redes. Y unos y otros no son enemigos, son asociados muchas veces, se protegen entre sí.
Las instituciones se retiran, la policlínica cierra por medidas de seguridad, los técnicos y técnicas del programa de proximidad quedan por fuera del barrio hasta nuevo aviso, los centros educativos también. Entonces, ¿quién protege a la gente que está ahí adentro?

¿Y quién generó esa violencia? Nosotros y nosotras, la sociedad toda. No podemos ver estos hechos de forma aislada, tenemos que poder asociarlos con las demás cosas que pasan a nuestro alrededor. Son consecuencias de las políticas  económicas, de las condiciones de vida y de moralidades diferentes con las que convivimos. Es nuestra responsabilidad como sociedad que se generen espacios de inseguridad y violencia como la de este barrio de Montevideo, que mañana va a ser otro y pasado otro.

Marconi no es el único barrio que carga con ese estigma, pero es uno de los que lo arrastran desde hace muchos, demasiados años.