Una nube de empresa

Alicia Migliaro /Foto: www./lenguajecinematografico.files.wordpress.com
La segunda universidad pública del Uruguay abre su oferta educativa con una propuesta de formación para la gestión de predios lecheros en base a una gestión empresarial.

Apuntes sobre la “Gestión Humana en Lechería”

Horas antes de que terminara el 2012 se crea la Universidad Tecnológica (UTEC), esta nueva universidad pública se distingue por su perfil tecnológico, orientado a la investigación e innovación en áreas claves para el desarrollo del Uruguay productivo, con fuerte arraigo en el interior del país. En este otoño la novel UTEC se apresta a dar sus primeros pasos y sale a la cancha con el Programa “Formación Profesional en Lechería”, comenzado por el Módulo 1 “Gestión Humana en Lechería” que está destinado a “personas con tareas de dirección o gestión de predios lecheros y que preferentemente tengan personal bajo su responsabilidad” . El curso se estructura en seis jornadas temáticas teórico-vivenciales que abarcan desde los basamentos de la gestión de recursos humanos hasta los desafíos del cambio pasando por el trabajo en equipo, el modelo de gestión por competencia y la perspicaz pregunta “¿cómo hacer para que la gente dure en el tambo?”.

 La empresa es un gas, nos dice Gilles Deleuze

En “Posdata sobre las sociedades de control”, Deleuze analiza los modos de dominación en las sociedades occidentales de fines del S.XX, y propone que estamos en el pasaje de sociedades centradas en el disciplinamiento a sociedades centradas en el control. Si en las primeras la metáfora por excelencia de organización del trabajo era la fábrica, en las segundas la metáfora es la empresa . La fluida y etérea empresa requiere de la innovación en los modos de gestión. Un modelo de gestión managerial, que establezca una ecuación rentable entre la eficacia (la mayor o menor utilización de recursos en la consecución de las metas) y la eficiencia (la capacidad de alcanzar los objetivos). El secreto de la excelencia es la eficiencia con eficacia.

El chiste está en quien define los objetivos y con que se mide, pesa o paga la utilización de recursos. El chiste se vuelve ácida ironía cuando evidenciamos que aquellas y aquellos que respiran, que laten, que piensan, son “recursos”: recursos humanos, pero recursos al fin.

Producir cada vez más y mejor es el arte del capitalista


Pero el arte complica porque no es masivo ni serial, requiere inspiración y paciencia; un lujo de cabeza y corazón que la empresa no se puede permitir. El arte se convierte en técnica, en una nueva tecnología social específica: la Gestión de Recursos Humanos (GRHH). El término condensa dos movimientos abruptos con violentas consecuencias para los destinos de las organizaciones y la sociedad. Por un lado la escisión de los componentes políticos (porqué y para qué) de los componentes técnicos (qué y cómo); y por otro la reducción de hombres y mujeres a meros recursos, ni más ni menos importantes que las materias primas o el capital de giro.

En la era de la empresarización, la GRHH se presenta en una versión renovada, basada en la humanización de las relaciones laborales. Colindan con esta versión las nociones de gestión por competencias, teorías motivacionales, trabajo por proyectos, por nombrar algunos de los más conocidos. Ríos de tinta se han escrito sobre la GRHH, navegan en sus cauces un sin número de técnicas de porte siempre innovador. Supermercado de ideas que perfuman el secreto del éxito: el manejo eficiente y eficaz de la tensión entre trabajadores/as y organización. Cuidemos que sean tensiones y no devengan en contradicciones, no sea que nos recuerden a otra contradicción que nos distraiga de la ruta de la excelencia. No sea cosa que pensemos que la tensión sujeto-organización sobre la que se asienta la GRHH es una tensión subsidiaria de la contradicción capital-trabajo sobre la que se asienta el sistema capitalista. Precisamente porque el capitalismo es el sujeto omitido de las técnicas y manuales, es esa palabrita incómoda sobre la que mejor no hablar. Llegamos incluso a situaciones paradójicas en las cuales se instala el concepto de “capital humano” pero no se habla de Capital. Y en el mismo acto de magia se deja de hablar de trabajadoras y trabajadores, pasando a ser personas colaboradoras de esa gran familia que es la empresa. Dejémonos de rencillas sesentistas, no es de buen gusto politizar el “after hour”.

El agro como negocio vino para quedarse


El agronegocio se basa en el encauzamiento de la actividad agropecuaria hacia la producción de materias primas a gran escala y, más allá de las especificidades del rubro productivo  presenta una serie de características comunes: acaparamiento de grandes extensiones de tierra y bienes naturales en manos de corporaciones financieras; la estandarización de las tecnologías en el control de los ciclos productivos; la dependencia hacia insumos industriales, modificación genética de semillas y utilización de productos químicos; tendencia a la integración y extensión de la cadena de valor. A estos puntos que plantean Carla Gras y Valeria Hernández en su texto “El agro como negocio” se puede agregarse la innovación en los modos de organización del trabajo. Una vez más los modelos productivos y los modos de organización del trabajo se alinean en constelaciones manageriales. Si bien la alianza entre campo y capital no es novedosa, si lo es el matrimonio entre el campo y empresa; se inaugura así la era de la captura de la vida de campaña en un sistema signado por el valor de cambio donde la empresa se torna en el modelo racional de organización del trabajo.

El mecanismo es sutil, fluido y etéreo

La hegemonía del modelo empresarial pivotea entre dos puntos de equilibro dinámico: por un lado la supremacía incuestionable de la racionalidad económica y por otro la asepsia técnica. Poco cabe agregar aquí sobre la racionalidad económica, echemos entonces una mirada sobre la parafernalia técnica y sus modos de funcionamiento. La imposición de la racionalidad instrumental y la descalificación de lo político van de la mano. En aras de la excelencia el debate y análisis político son tiempo muerto, y si algo sabemos de la denotada obsesión del capital por la conquista del tiempo.

El incuestionable y muchas veces bien intencionado aporte de la gestión parece invisibilizar la dimensión política de su práctica. El problema no es ni organizar el trabajo, ni organizarnos en la organización, tampoco valernos de saberes técnicos, no es un problema moral, ni de buenas prácticas humanas de gestión; el problema es el destierro de la reflexión y la consecuente viabilización del sentido único empresarial en la organización del trabajo.

La conquista de nuevos campos entusiasma la reflexión. Hay una producción sistemática de desmemoria sobre las implicaciones políticas de los modelos de gestión de recursos humanos que lejos está de ser azarosa; es un corte duro, falaz, que abre huecos en la trama por donde fluye, etérea y sutil, la empresa como modelos hegemónicos de organización del trabajo y de la vida.

¿Cómo es posible que lleguemos a olvidar para qué patrón trabajamos?, ¿cómo es posible que acallemos las condiciones de producción de las técnicas y la emergencia de nuevos contextos de aplicación?, ¿cómo es posible que nos propongamos formar pretendiendo enseñar tan solo lo bello y lo bueno? Es posible, solo basta flotar en una nube de empresa...

 

 

 1   Programa del Módulo 1: ver programa

 2  ¡Alto! Esto no significa que la fábrica como establecimiento esté en peligro de extinción, sino que el modelo empresarial se instaura en el cuerpo social cobrando fuerza como modo hegemónico de gestión del trabajo, llegando al extremo tal de gestionar empresarialmente nuestra vida cotidiana... pero esto es harina de otro costal.

 

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