Una trinchera de pañuelos

Camila Napiloti y Tamara Tabarez
Este pasado 4 de Agosto sabíamos que la confusión y el miedo infundidos por las voces de siempre iban a llevar a algunos a colocar una papeleta en contra de los derechos humanos y de este pequeño paso hacia la vida digna que queremos. Lo vivimos con la indignación que nos mueve escuchar reeditarse los discursos del odio, con el dolor atento ante las estrategias de desinformación y cultivo de la ignorancia, lo vivimos también con el reconocimiento de nuestra fuerza colectiva y el abrazo a lo aprendido en estos tejidos nuestros.

Desde Minervas nos sumamos a la Campaña Nacional Ley Integral para las Personas Trans acudiendo al primer llamado que realizaron les compañeres de Unión Trans.

Era la primera vez que articulábamos y poníamos el cuerpo activamente en defensa de un proyecto de Ley. Como colectivo feminista hemos construído siempre desde el aporte a la red de feminismos populares del Sur, y siempre supimos que nuestro horizonte no se escribía en papel ni se agotaba en legislaciones. Esta vez supimos también que algunos avances en legislación de derechos resultan un piso necesario para el vivir cuando se excluye del sistema educativo, del sistema de salud, de las oportunidades laborales, cuando no hay lugar en las familias, en las palabras, en el mundo, para existir.

Comenzamos a tejer desde esta lucha, desde nuestro feminismo que abraza, manteniendo aquella voz de Nos mueve el deseo de cambiarlo todo. Es desde allí que encontrarnos inicialmente con les compañeres de Unión Trans implicó la puesta en diálogo y la alegría de la construcción conjunta desde un deseo y una práctica compartida.

La reivindicación de la disidencia como clave politizada ajena a la higienización de la “diversidad” (esa que cabe en discursos de tolerancia e inclusión a un mismo sistema capitalista y patriarcal sin hacer demasiado ruido ni incomodar las estructuras y prácticas que lo sostienen);  el partir de la autogestión y los movimientos sociales como modo del hacer, el movernos del reclamo estadocentrista  y la institucionalidad articulada a la creación de lo que deseamos.

Ya habíamos aprendido que una de las trampas del patriarcado es la apropiación de nuestras luchas mediante una traducción reductora y despolitizada de las mismas. Así, borrando sus sentidos subversivos, hablan por nosotras. Les compañeres estaban dando los pasos necesarios para hacer escuchar la voz trans-trava y tejer sentidos propios.

Cuando se lanza la Campaña cruza el charco la Susy (Susy Shock) y con ella la memoria de lucha trava sudaca que nos recuerda una vez más cómo nuestro deseo de cambiarlo todo se imbrica con su grito de No queremos ser más esta humanidad. Una memoria que ensancha nuestro feminismo, que conecta dolores, aprendizajes y poesía de lucha.

La Campaña presenta los ejes que hacen posible nuestro tejido: La Campaña no será político-partidaria. La Campaña será autogestionada. La VOZ en esta campaña será de las personas TRANS. La Campaña está en las calles.

Y así empezamos a pintarlo todo de amarillo, horas cortando tela, entintando bastidores, armando uno a uno cada pañuelo que hoy son insignia de la campaña, sin duda alguna fue una de las actividades que le dieron entrada económica y visibilidad en las calles. Por los talleres pasaron una cantidad de personas, entre ellas adolescentes trans que habitaron los espacios, con sus familias, con miradas cómplices, estampando, a las risas, conversando entre elles. Fue un espacio de cuidado, de mimos, de construcción colectiva, fue un espacio para conocernos, para mirarnos a los ojos, para hacer espejo, fue un espacio de encuentro.

Fueron horas de pienso colectivo, de generar momentos para debatir, para ir siguiendo el paso a paso de la Ley por el parlamento,  de a poco las voces de les compañeres se fueron haciendo oír en esos cuartuchos de ese tremendo palacio, porque fue así recoveco por recoveco, ir terminando de pulir una ley que se había gestado en otro lado sin su voz, pero de la que se habían apropiado y pretendían transformarla para que saliera lo más parecido a algo que les sirviera porque en lo concreto era para elles y para les que vendrán.  Intentando reparar para unas pocas que aún nos quedan, tanta violencia acumulada en sus cuerpos.

Estuvimos juntes en la juntada de firmas de apoyo a la Ley, estuvimos juntes en las Asambleas, estuvimos juntes en las actividades y debates, estuvimos juntes en el taller de pañuelos que fue un espacio autogestionado de encuentro, escucha afectiva, hacer político y alegría colectiva.

Estuvimos juntes durante el debate de diputados y senadores.
Estuvimos juntes en las plazas.
Estuvimos juntes entre pañuelos violetas y amarillos tejiendo sentidos hacia la Huelga Feminista del 8 de Marzo e inundando ese día las calles de Montevideo a pura marea.
Estuvimos juntes porque ese tejido es nuestra fuerza y le grita a la avanzada fascista que en este mundo que estamos creando no tiene cabida.

Y es que las voces de la contracampaña no son nuevas. Ya las conocemos. Son la reconfiguración de aquellos mismos discursos conservadores y fascistas que se empeñan en sostener el sistema que estamos sacudiendo. 

Los mismos que aquel otro 8 de Marzo llevaron su ploteado celeste y rosa que buscaba recordarnos lo que queríamos desarmar: “Femenina sí. Feminista no” al que respondimos gritando y bailando a puro abrazo caracol.

Esas voces juntaron firmas en contra de la ley en discusión en agosto de 2018.

Esas voces intentaron derribar el movimiento mínimo de reparación que se ofrecía a les compañeres trans que fueron objeto de violencia institucional, policial y militar durante la dictadura, mintiendo sobre el origen de los fondos, sus montos y alcances (cuando sabemos a su vez que esa violencia ha sido sistemática y el período finalmente indicado en la Ley supone uno de sus momentos).

Esas voces hablaron de “privilegios” señalando a identidades fuertemente violentadas en vidas precarizadas.

Esas voces supieron patologizar deseos e identidades, demonizar las luchas desplegadas, cuestionar derechos ya legislados y utilizar el pánico moral y la mentira sustentada en la “cientificidad” del biologicismo desde las argumentaciones en la discusión parlamentaria hasta la juntada de firmas para establecer el pre referéndum hacia la derogación de la Ley aprobada.
Articularon los órdenes moral, natural y divino (en la complicidad patriarcal establecida entre la derecha, algunas iglesias evangélicas y la academia más retrógrada) en cada video difundido por youtube y  whatsapp, cada tweet y cada declaración pública, en un mismo discurso que entrona como principal enemigo a la nominada “Ideología de Género”. 

Cuando dicen “Ideología de Género” vuelven a anudar el discurso patriarcal que se dice neutral generando “ciencia” desde la invisibilización y sometimiento de mujeres y disidencias. Cuando dicen “Ideología de género” están atacando la apertura epistémica y política que el feminismo instala cada día.

De eso le hablaron a les vecines en la feria, a les televidentes, a les jubilades. Les contaron que se buscaba hormonizar y mutilar genitalmente a las infancias, que se iba “en contra de la patria potestad”, que había que partir de una base común y que esa era el biologicismo como destino y la conservación de la familia tradicional propietaria de les niñes. Y decimos propietaria (allí la amenaza de “Con mis hijos no te metas”) porque se coloca en ella el cerco que busca dejar afuera la educación sexual integral, las libertades y las críticas a un sistema que nos violenta desde la heterosexualidad obligatoria que lo sustenta y asegura su reproducción. 

No podemos olvidar que los detractores de la Ley supieron deslizar en sus discursos que ya el Código de la Niñez y la Adolescencia de nuestro país que procura garantir derechos y libertades a nuestras infancias era el inicio del problema.

La Campaña se mantuvo activa durante todo este proceso, buscando no ser arrastrada al territorio que estos discursos quieren imponer, creando y sosteniendo la voz y el modo del hacer.

Se acercaba el 4 de Agosto, fecha que se estableció para la adhesión al pedido de pre referéndum hacia la derogación de la Ley. 

Defender la voz propia implica también el negarse a la higienización institucionalizada, a la voluntad de apropiación, traducción e invisibilización de portavoces “aliados”, al juego de poder que abre el abanico partidario en año preelectoral. Les compañeres de la Campaña siguieron colocando su voz donde era necesario, informando, dando testimonio, retejiendo memoria colectiva y sentidos.

Atamos pañuelos en mochilas, puertas y ventanas. Se pintaron muros y redes de amarillo una vez más.  La ciudad se llenó de pegatinas y convites a pasar el domingo en casa, con amigues, en manada.

Este pasado 4 de Agosto sabíamos que la confusión y el miedo infundidos por las voces de siempre iban a llevar a algunos a colocar una papeleta en contra de los derechos humanos y de este pequeño paso hacia la vida digna que queremos. Lo vivimos con la indignación que nos mueve escuchar reeditarse los discursos del odio, con el dolor atento ante las estrategias de desinformación y cultivo de la ignorancia, lo vivimos también con el reconocimiento de nuestra fuerza colectiva y el abrazo a lo aprendido en estos tejidos nuestros.

A la tardecita abrimos la Casita* para encontrarnos con les compañeres de tanta pelea, alegría y rabia digna compartida. Seguimos paso a paso un escrutinio que repetía los números de aquel intento fallido de esas mismas voces de sacarnos el derecho al aborto legal alcanzado, como eco, como resabio, como recordatorio de ese viejo mundo que insiste en sostenerse. 
Al final llegó el abrazo.

Y bailamos, bailamos nuestra rebeldía, bailamos nuestra potencia, bailamos nuestro NO PASARÁN desde este lado de la trinchera que nos armamos atando pañuelos violetas y amarillos, llenites de dignidad.                                            
                                                                                         



* Local donde funciona el colectivo Minervas